RECUERDO PARTICULAR DE LAS PACES O DE LAS «FIESTAS», por José Muñoz Torres.

Fuerzas del orden público en las Paces. En el centro Eugenio Bascuñana, recientemente fallecido. (Fuente: Programas de Paces)

Son muchos los pueblos los que poseen fototecas (aunque no suena muy entrañable la palabra, si es evidente que define claramente lo que es: colección de fotografías ordenadas referidas a alguien, a algo, a un pueblo, etc ). La Biblioteca Municipal intentó hace ya bastante tiempo poner en práctica esa idea y, al menos, consiguió editar una historia gráfica de nuestro pueblo cuyos libros, que están en cualquiera de nuestras familias, aparecen ya «sobados» de tanto pasar páginas y páginas, recordando los nombres de las personas que en él figuran. Los programas de «paces» están también repletos de viejas fotos y Ángel Rodriguez nos informa de todo cuanto pasa por Villarta en tantos y tantos videos quego descarga en el «feisbú» (facebook). Pero, al final, lo que sucede, es que en nuestras mentes se acumulan tal número de fotos y de recuerdos que nos es imposible recuperar la foto aquella de hace tantos o tan pocos años y que nos hace revolver las cajones en los que sin orden ni concierto guardamos esos inolvidables recuerdos. Se que la Hermandad de la Virgen de la Paz, estaba en la idea de disponer de una copia de todas las fotos que llegasen a sus manos («escaneadas» o de por cualquier otro medio) sobre las «paces» y la Virgen de la Paz pero ….

Poco a poco, posiblemente se pueda conseguir algo asi, pero mientras tanto, sigamos haciendo lo mismo que han hecho nuestros antepasado: hablar de nuestras Paces y enseñar a vivir nuestras fiestas; porque son miles de «paces» las que podemos contar, miles de «paces» las que podemos sentir y miles de «paces» las que debemos vivir. Hemos ido elevando, de cara a los de fuera, el nivel de nuestras fiestas. Son conocidas por todas partes, son fiestas de interés turístico y me consta que el ayuntamiento está trabajando porque se consideren «Bien cultural de carácter inmaterial» que para mi es la máxima categoría que unas fiestas pueden tener y ojalá se pueda conseguir lo antes posible. Motivos los tiene sobrados porque son pocas las fiestas, con más de ¡seiscientos años de antigüedad! que se mantienen en su esencia a pesar de todos los avatares de la vida.

Nuestras «Paces», tienen varios momentos a los cuales quizás no se les pone nombre pero que los tiene claros:

Imagen de la Virgen de la Paz del año 1939, actualmente en el Ayuntamiento. (Archivo personal)

La espera. Terminada la Navidad, le vamos empujando al frio mes de enero, buscando las «Paces». Es cierto que ahora los medios modernos han hecho de la espera, solo el deseo de que lleguen las fiestas que, ya en si, significa mucho de lo que son nuestras fiestas. Antes la espera significaba también preparativos: vestidos que terminar para estrenar el día de la Virgen, mujeres cosiendo a «destajo» para poder tener sus vestidos a tiempo y en forma; mujeres preparando los dulces sencillos de nuestro pueblo perrunillas, mantecados, tortas de «paces», para llevarlas al horno de la tahona o de alguno de los panaderos; mujeres limpiando las casas como si fuesen a pasar revista o como si se fuese a recibir en ellas al mismísimo emperador de la China; mujeres preparando natillas o arroz con leche, en abundancia, que guardaban en los sótanos o cámaras, no solo por conservarlos bien sino para evitar las inoportunas pruebas que algunos miembros de la familia, y no solamente los mas «galgos», hacían de esos postres, aunque las madres siempre preparaban algunos platos más porque sabían que de una forma u otra, en pruebas y «catas», algunos no llegaban a las «Paces». Las grandes y viejas orzas se llenaban de chorizos y de lomo en adobo, mientras que en las chimeneas se iban secando, y cogiendo el «saborcillo», las inevitables morcillas. En los corrales los gallinas cacareaban de forma distinta a otras ocasiones quizás presintiendo el final de su vida formando parte de la imprescindible pepitoria en el que tomaban cuerpo las sabrosas «pelotillas» o en la contundencia del «cocido de paces». En este tiempo de espera, los hombres visitaban más a menudo, algo poco habitual en ellos, la cocina y se brindaban, cosa no muy frecuente, para subir a la cámara o bajar al sótano llevando todo lo que había que guardar. Luego bajaban o subían con la boca perfectamente cerrada para que no se notase mucho lo que en ella llevaban, aunque siempre les quedaba el «churrete» acusador de haber ingerido, a escondidas, alguna «pelotilla» o algún tozo de adobo. Así hasta el día 14 fecha de inicio de las novenas.

La devoción. En esa fase preparatoria de los días grandes de fiestas ya empieza a aflorar la devoción a la Virgen de la Paz. La pequeña Plazuela de la Virgen de la Paz o de la Ermita va a comenzar a ser el centro de las «Paces». En la vieja plaza en cuya parte sur se encontraba la no tan antigua ermita de la Virgen [Su construcción data del 1935 y fue inaugurada en las Paces de 1936, sustituía a la vieja y sencilla ermita que aún es recordada por alguna villartera de ya casi cien años y que la falta de bienes de la hermandad había llevado a la ruina] iba siendo en su centro, desempedrado y quemados sus guijarros por las sucesivas hogueras, cubierto por múltiples promesas en forma de gavillas que irían dando forma y volumen. Eran promesas duras de cumplir; eran ese fuego del que prescindían mucha gente de Villarta de San Juan, para calentar a su Virgen que había tenido en cuenta sus necesidades: una enfermedad, la «mili» de sus hijos, la vuelta de ellos de esas guerras como las de Cuba o Marruecos y asi se fueron formando esas hogueras de amor. En la vieja espadaña una pequeña campana llamaba a las novenas. La ermita quedaba enseguida abarrotada de mujeres con sus hijos pequeños y de algunos hombres ya mayores. Los niños un poco mayores esperaban en la plaza subiendo y bajando por los montones de gavillas que poco a poco iban tomando altura. Dentro se rezaba el rosario y ocupaba «la cátedra» como entonces se decía, un ilustre predicador que con gran elocuencia hablaba a la gente de la vida de María. En el segundo misterio del rosario algunos miembros de la Hermandad recogían las pequeñas limosnas, mientras los niños pequeños habían ido durmiéndose ayudados por la monotonía de los rezos. Seguía después una exposición del Santísimo que daba paso a la comunión. Con el tiempo este rito peculiar de la novena fue sustituido por la celebración de la misa que oficiaba el «predicador» de turno. Al final el sermón valoraba de forma callada al predicador: ¡que bien ha hablado!, ¡pues era mejor el del año pasado!, etc. Y todos de pie cantando una salve a la Virgen rito heredado de los primeros villarteros. Los himnos actuales fueron posteriores, aproximadamente en los años cincuenta, uno de ellos con letra del Párroco D. Pedro. Con el tiempo las gavillas fueron desapareciendo y era leña del monte la que en grandes haces formaban la hoguera. Poco a poco jóvenes leñeros convertidos de la noche a la mañana en hacedores de la hoguera vienen trayendo la leña que huele al monte y a tradición en una majestuosa marcha de remolques de leña que en la mañana del día 23, obliga a muchos villarteros a elegir entre oir el pregón de Paces o ver como se va formando una enorme y apretada hoguera. Al final Pacito y sus hijos ponen el punto final con un remolque primorosamente cargado con las gavillas hechas con amor por Pacito.

La tranquilidad o el disgusto. El día 23, a media mañana, antiguamente, la inauguración de las «Paces», tenía como principal atractivo el reparto de músicos. La banda de música era contratada por el ayuntamiento para actuar durante los tres días principales, 23 (la llegada), 24 y 25 (la partida) pero ciertamente ni las posibilidades presupuestarias del Ayuntamiento permitían pagar la estancia de los músicos ni había establecimientos hoteleros para tal efecto, razón por la cual los músicos eran repartidos a las casas de los villarteros que mas o menos podían soportar ese gasto añadido. Al jolgorio de niños y jóvenes, se unía por otro lado las malas caras de los mayores a los que les había correspondido dar posada y comida durante esos días a algún músico. A veces las malas caras terminaban en protestas de unos ( los que si tenían músico) y el silencio de los que no tenían que abandonaban la plaza un rato después con la tranquilidad de pasar unas fiestas sin preocupaciones. Algunos de aquellos músicos se convirtieron en buenos amigos de sus «posaderos» ocasionales y algunos niños de villarta iban detrás del «musiquillo del tambor» porque querían llevarlo a su casa. La modernización de los transportes o la cercanía del lugar de procedencia de la banda, pero sobre todo la creación de la banda de música de Villarta, dejó para la historia y el recuerdo esta curiosa costumbre al igual que, poco a poco, fué desapareciendo el tino de limoná al igual que la elevación de globos del que durante mucho tiempo estuvo encargado el alguacil Antonio Rodriguez.

Procesión de la Virgen de la Paz mientras se construía la nueva iglesia.

El reencuentro: Junto a la hoguera, al lado de la Virgen en su templo, con las puertas abiertas para que le llega el calor y el amor de su pueblo, amigos de siempre, que por necesidades de la vida tuvieron que separarse, se vuelven a encontrar, se abrazan y se unen en conversaciones interminables dando la espalda a la hoguera o moviéndose de un lado para otro, si el viento mueve las llamas y las «bolliscas» caen sobre sus cabezas. Los actos festivos de la fiesta, cines o bailes comenzaban, según se anunciaba en los programas, a la hora indeterminada de «después de la hoguera». Después, ya de madrugada, un tráfico numeroso de carretillas, cargadas de brasa se dirigían a muchas casas llevando un fuego purificador de la hoguera de la Virgen que también era una bendición para caldear las casas en aquellos tiempos de penuria.

Son recuerdos de algunos acontecimientos de Paces quizás un poco más olvidados que todos los del día 24 cuando la Virgen sale a la calle. Cuando en una plaza abarrotada de gente la Virgen se presenta de nuevo a todos sus hijos. Aplausos, vivas y lágrimas por todos lados, lágrimas llenas de amor, recuerdos, nostalgias, pesadumbres y alegrías. Uno de los niños que este año estaba en el acto de conoce a tu virgen, el pasado 28 de diciembre. Me preguntaba si la Virgen paraba tanto durante la procesión porque pesaba mucho. Yo le decía, medio en broma, que no era esa la razón. La razón es que la Virgen sabía, -les dije-, que en alguna de las casas de las calles por las que pasa la procesión había alguna persona que no podía acompañarla en la procesión por estar enferma, ser muy mayor o por múltiples razones y entonces ella hacía que su peso se notase y los portadores de las andas tenían que parar necesariamente y Ella frente a esa ventana dejaba que esas personas apretadas junto a los cristales, la mirase, le demostrasen su amor y Ella, con agradecimiento le dejaba su paz hasta otro año o hasta siempre. Y después de un breve momento en que los ojos de esas personas, llenos de lágrimas la despedían con voz emocionada, se dirigía a otra ventana que permanecía cerrada porque ya no hacía falta que parara pues estaba con Ella para siempre. Se que los niños no entendían esa explicación pero quiero creer que cuando sean mayores pensaran algo parecido a lo que yo les dije, cuando junto a un ser querido detrás de unos cristales vea como su Virgen de la Paz ha parado junto a su ventana y vea como si Ella los mirase fijamente con un rostro iluminado de amor. El año pasado la Virgen nos lo puso más fácil y en su casa nos esperó tranquilamente a que fuésemos a verla pero es bien cierto que esperamos verla de nuevo por nuestras calles, sonriendo junto a nosotros por nuestras alegrías, con dolor por nuestros pesares pero junto a nosotros, junto a todos.


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