Las guerras del siglo XIX, por José Muñoz Torres.

La historia de muchos pueblos ha estado siempre aliñada de «guerras y paces» o quizás de enfrentamientos en busca de un poder a conseguir, cueste lo que cueste, y sin mirar quienes serían los que sufrirían las consecuencias de todo ello. La situación estratégica de nuestro pueblo, hizo de él, lugar de paso para poner en contacto Madrid con el sur de España, dejando a su paso desgracias, miedos y desastres. Por hacer un resumen rápido, miremos lo que pudo ser y lo que en realidad fue. Primero guerra de la independencia. En aquellos momentos Villarta vivía sueños de esperanza. Las obras públicas que se iniciaban con la construcción de una red importante de carreteras, situa a nuestro pueblo en centro en importante paso hacía Andalucia ( Al cabo de tiempo, los escribidores de historia, comenzaron a ver los caminos de una forma distinta y los mapas de aquellos primeros tiempos de obras, omiten el nombre de nuestro pueblo dando predominio a otros por los había que había cabalgado un hidalgo manchego,… pero bueno para que repetir lo repetido en tantas ocasiones. Asi que para no tardar en llegar al momento en que nuestro «poyete» habla de un nueva forma de gobierno, pasemos rápidamente por todos los malos ratos que vivieron nuestras gentes. Así deprisa:

Año 1808 Guerra de la Independencia. Los grandes ingenieros de obras públicas que están construyendo la carretera de Andalucia, dejan la obra y abandonan el lugar por el miedo a los franceses ( por decir algo). No se volverían a continuar las obras de dicho puente y sigue tal y como quedó,

Año 1809 Villarta se convierte en punto estratégico para el paso de tropas francesas y españolas, La gente de Villarta abandonó el pueblo y buscaron caseríos, un poco alejados…. Los ejércitos de unos y otros iban y venían sin tener en cuenta otra cosa que la de ir ganando posiciones o no perdiéndolas. El puente romano de Villarta, que antes de la guerra había sido reparado y del que muchos habían opinado que era estrecho y no permitía el paso de grandes ejércitos, se transformó, de la noche a la mañana, en un paso díficil para todos, los que iban y para los que venían. Algún iluminado de la fecha pensó que si cortaban algunos «ojos» del puente, se impediría el paso de ejércitos franceses y así hicieron (las reparación de dos arcos destrozados dejó constancia para siempre de que la idea no fue buena. Se arreglaron los dos arcos del puentes que en la actualidad destacan por su forma distinta a la del resto. Pero en estos años del 1809 al 1813, es cuando se producen los sucesos que muy bien podía haber terminado con la historia de nuestro pueblo. Villarta fue el único de los  pueblos de la Mancha, al menos de los  situados en una vía de comunicación tan importante como el camino de Andalucía, que fue totalmente destruido.  Desde un principio, y en todos los estudios de la época, se citaba el paso por Villarta como sumamente peligroso debido al largo y estrecho puente sobre el Gigüela. Durante el primer año de guerra fueron frecuentes los ataques aislados a las  fuerzas francesas y es destacable, en cualquier caso, la masacre realizada sobre un convoy de heridos y su escolta, hecho vergonzante visto ahora, pero posiblemente normal en aquella época de desastres. Al contrario de lo que pueda suponerse, este hecho no tuvo graves represalias por parte de los ejércitos franceses, al menos no figura ninguna defunción violenta en el registro parroquial. Si parece como muy posible que a partir del año de 1808, gran parte de la población joven abandonara el lugar para incorporarse al ejercito o alguna de las partidas que se formaban por los alrededores [ No parece muy posible la incorporación de gente de Villarta a la partida de Francisquete (a) El Tio Camuñas. También es seguro de que dicha partida actua casi exclusivamente en el entorno Camuñas-Madridejos-Puerto Lápice, sin que los responsables de la misma indiquen en su escrito de actividades ninguna que tuviera lugar en Villarta. El análisis de este documento y otro previo sobre la disolución de la citada partida en plena Guerra de la Independencia, debería hacernos rectificar la opinión que aún se tiene de dichos guerrilleros. La del pueblo de Camuñas remitida con fecha 11 de febrero de 1819 no parece dejar duda alguna ya que la misma está firmada por el alcalde Cirilo Díaz que fue componente de dicha guerrilla. AHN. Depósito de la Guerra. Diversas Colecciones, 74,N, 42 Informes sobre la organización y acciones de los cuerpos francos o guerrillas que operaron en Castilla la Mancha, enviadas por el pueblo de Camuñas] Mientras tanto y según las secuencias de la guerra, los ejercitos franceses o españoles ocupaban y abandonaban Villarta, hundiéndola poco a poco en la miseria. Sin embargo el hecho más trágico y desafortunado para Villarta,  fue la batalla de Uclés el 13 de enero de 1809.  Las tropas del mariscal Victor, después de aniquilar al Ejército de Centro y Andalucía en esa pequeña población conquense, avanzaron incontenibles hacia Andalucía, arrollando todo cuanto se le ponía al paso. Villarta, una vez más, de forma temeraria, opuso resistencia al avance de los dragones franceses y esta vez el ejército francés aniquiló la pequeña resistencia matando a muchos habitantes y saqueando e incendiando el pueblo hasta reducirlo a cenizas. Aunque sin fecha exacta, hemos de fijar la fecha del 20 ó 21 de enero de 1809 como la más probable de este acontecimiento. Los supervivientes de esta brutal represalia hemos de pensar que buscaron cobijo en las quinterías apartadas de las poblaciones llevando consigo los escasos bienes que las circunstancias les permitieran y entre ellos los libros de los registros parroquiales donde terminan de inscribirse datos el 19 de enero de 1809 [ARCHIVO DIOCESANO DE CIUDAD REAL.- Parroquia de Villarta de San Juan. El 19 de enero de 1809 se registra la defunción de Facunda Raserón en la sepultura LII del tramo 16] y no aparecen nuevos registros hasta 1813. Esta destrucción de nuestro pueblo está recogida en muchos de los libros escritos por autores extranjeros y sólo accidentalmente es citada por Madoz en su diccionario.

18131823 Durante los cinco años de Guerra de la Independencia, Villarta de San Juan al igual que muchos pueblos vecinos y muchísimos de España, han sufrido no sólo los desastres de la guerra, sino la ocupación, la humillación y el destierro forzoso a otros lugares. Al final de la guerra, los pueblos intentan rehacer su vida y sacar el mayor provecho aduciendo las desgracias pasadas. Todos elaboran sus pliegos de hechos, de sufrimientos, de valores, … y muchos plasman en sus escudos las nuevas leyendas: fidelísima, heroica, leal, etc. Sin embargo, Villarta, no solo ha sufido todos esos horrores sino que además ha tenido que verse, necesariamente, abandonada por sus habitantes. Ni las tropas francesas ni las españolas, podían supeditar a sus estrategias militares a los pocos habitantes de un pueblo pequeño, ni estos podía vivir en un pueblo que había quedado en situación de ciudad abierta (la verdad es que la definición más correcta sería la de ciudad abandonada en manos del primer ejército que la ocupe). Parece evidente que en esta situación solo quedasen en pie edificios que tuvieren un claro valor militar tanto para defensa como para guarnición: la torre del Reloj, la iglesia, alguna casa de estructura sólida y como no, el puente romano. En algunos pueblos, como en Valdepeñas, las situaciones de lucha fueron hechos de sangrienta lucha y de gran heroicidad, pero la necesidad de unos y otros hizo que pasado un poco tiempo « por parte de los valdepeñeros se organizó una comisión integrada por Juan Rojo, alcalde por el Estado General, juan flores, Francisco Domingo Valverde, Jorge Casero, Alfonso Molero y José Parejó, pidieron la retirada de los franceses a una legua de la población. Les prometieron en cambio, alimentos y otros auxilios. A la mañana siguiente se les autorizaba a enterrar a sus cadaveres… [MADRID Y MEDINA, ANGELA. Valdepeñas I. Estudios Manchegos. Ciudad Real, 1981. Pág. 31]Otros pueblos próximos como Herencia, parecen, a través de algunos documentos, vivir ajenos a los acontecimientos de tal forma que la preocupación parece acentuarse más en la carestía de la vida que en hacer mención a la guerra que se estaba librando: » Las crisis de subsistencia debieron ser constantes en estos años primeros del siglo que nos ocupa, pues aparte de las mencionadas ya en el año 1812, detectamos una carestía del pan anotada por el cura párroco en los libros de bautismo. Queda reflejado de la siguiente manera: el 6 de abril de 1812, el sacerdote apunta: «en este día en que se bautizó a esta niña, valía el pan seis reales». El 22 de abril, al lado del acta del bautismo de otra niña, vuelve a anotar: «hoy costaban dos libras de pan, siee reales y medio» [HUERTA GARCÍA, FLORENCIO Y OTROS. Herencia y la Orden de San Juan . Siglos XIII-XX.Biblioteca de Autores Manchegos, 1991. Pág. 171.]

1823. Escribía Javier Cercás en El País del 10 de septiembre de 2024: «¿Qué coño hacemos con nuestra historia?. Realmente las palabras de Javier Cercás, tienen un referente en su obra mirando con respeto y con interés a la HISTORIA y no buscando en ella motivos para hacernos estudiar nuestro día a día de forma interesada según nuestro corto saber y mirando sobre todo a lo que debemos hacer con nuestro futuro como sociedad. «Siempre nos ha parecido la historia, el estudio de la historia, como la suma de acontecimientos que han ocurrido en un lugar determinado. Si estos eran importantes nuestro pueblo podría alcanzar fama o al menos ser conocido por mucha gente. Pero esta razón, que es ciertamente evidente, solo puede explicar lo que ha sido nuestro pueblo pero no los motivos por lo que fue así y no otra cosa. Curiosamente en los grandes mapas de siglos anteriores nuestro pueblo si aparece en casi todos ellos, lo cual parece importante porque parce indicarnos que era un lugar a tener en cuenta y que no es fácil explicar cómo dejó de ser conocido como Villarta o Villaharta de San Juan para pasar a ser ese pueblo «que hay entre Puerto Lápice y Manzanares». Si la historia la reducimos a los recuerdos de cosas importantes de nuestro pueblo poca historia podremos recordar de nuestro pasado y al mismo tiempo poca historia podremos transmitir sobre nuestro pueblo actual o reciente. Algunas cosas tienen explicación si conociésemos su origen.[JOSÉ MUÑOZ TORRES. ¿Qué hacemos con nuestra historia? 14 de septiembre de 2024].

Hemos escrito muchas veces, de los periodos de nuestra historia que deshicieron la vida e ilusiones como pueblos, aunque todos esos motivos solo los apreciamos cuando queremos recordar lo que pudo ser nuestra historia. Y ciertamente si vamos mirando despacio la historia que conocemos de nuestro pueblo estaremos de acuerdo en que el siglo XVIII hasta mitad del siglo XX, Villarta vivió los momentos peores de su historia. Empezábamos con el año 1808 y raro es no encontrar un acontecimiento no deseado en la vida de nuestro pueblo. Y lo peor o quizás deberíamos decir lo mejor que nos ha pasado como pueblo es que a pesar de tantas circunstancia hemos sabido recuperarlo intentando hacer un buen pueblo para vivir. Desde que terminó la guerra de la independencia, hubo paz, relativamente. En Villarta, muy lentamente, iban volviendo antiguos villarteros, otros había muerto fuera de nuestro pueblo y algunos, que habían encontrado la forma de vivir en otros lugares, ya no volvieron más. Mientras tanto la paz era una forma de hablar,.. En el año 1820 el Teniente Coronel Riego, en la proclama de su pronunciamiento dijo: Soldados, mi amor hacia vosotros es grande. Por lo mismo yo no podía consentir, como jefe vuestro, que se os alejase de vuestra patria, en unos buques podridos, para llevaros a hacer una guerra injusta al nuevo mundo; ni que se os compiliese a abandonar vuestros padres y hermanos, dejándolos sumidos en la miseria y opresión. Vosotros debéis a aquéllos la vida, y, por tanto, es de vuestra obligación y agradecimiento el prolongársela, sosteniéndolos en la ancianidad; y aun también, si fuese necesario, el sacrificar las vuestras, para romperles las cadenas que los tienen oprimidos desde el año 14. Un rey absoluto, a su antojo y albedrío, les impone contribuciones y gabelas que no pueden soportar; los veja, los oprime, y por último, como colmo de sus desgracias, os arrebata a vosotros, sus caros hijos, para sacrificaros a su orgullo y ambición. Sí, a vosotros os arrebatan del paterno seno, para que en lejanos y opuestos climas vayáis a sostener una guerra inútil, que podría fácilmente terminarse con solo reintegrar en sus derechos a la Nación española. La Constitución, sí, la Constitución, basta para apaciguar a nuestros hermanos de América.España está viviendo a merced de un poder arbitrario y absoluto, ejercido sin el menor respeto a las leyes fundamentales de la Nación. El Rey, que debe su trono a cuantos lucharon en la guerra de la Independencia, no ha jurado, sin embargo, la Constitución: la Constitución, pacto entre el Monarca y el pueblo, cimiento y encarnación de toda Nación moderna. La Constitución española, justa y liberal, ha sido elaborada en Cádiz entre sangre y sufrimiento. Mas el Rey no la ha jurado y es necesario, para que España se salve, que el Rey jure y respete esa Constitución de 1812, afirmación legítima y civil de los derechos y deberes de los españoles, de todos los españoles, desde el Rey al último labrador. Sí, sí. Soldados, la Constitución. ¡Viva la Constitución!

En relación con el tema principal de este «poyete» hemos de señalar que en 1823 en el viaje de Fernando VII a Sevilla, se planteó la posibilidad de pasar por Villarta, viaje que se desestinó a pesar de tener que tener que hacer el viaje por un recorrido más largo, en función de que del pueblo «destruido y quemado por los franceses en la última guerra solo hay unas cincuente casas, y estas muy miserables y todo lo demás es ruinas todavía y un recuerdo perenne de los males que traen a los ejércitos extranjeros ( Si hubieran parado en esta villa del gran Priorato de San Juan habría observado lo maltrecha que quedó a consecuencias de las represalias de que fué objeto en la desoladora Guerra de la Independencia por diferentes destacamentos franceses, a los que los moradores habían atacado en muchas ocasiones. El enemigo la redujo a cenizas y causó una porción de víctimas, casas y bienes resultaron destruidos o se perdieron. Durante tres años y medio las familias de Villarta arrastraron privaciones y llevaron una vida divagante. Las que no huyeron habitaban en cuevas y barracas cubiertas de maleza. Condolido el Rey por la súplica que le remitió el Ayuntamiento con fecha 31 de mayo de 1814 le otorgó el 28 de julio de ese año varias gracias: título de Leal Villa, perdón de contribuciones atrasadas y exención de su pago por espacio de una década, tiempo que consideraban mínimo para reedificarla y posibilitar su repoblación.» [DÍAZ-PINTADO PARDILLA, JUAN. Revolución liberal y neoabsolutista (1820-1833) Manuel Adame el Locho. Diputación Provincial de Ciudad Real. Ciudad Real, 1998].

JOSÉ MUÑOZ TORRES, CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA


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