VAMOS DE BODA (y 2), por José Muñoz Torres.

En algunos «poyetes» me pasa lo que en las noches de verano pasaba de verdad: Llegaba una hora en que había que «recogerse» que luego la mañana llegaba pronto… Y la despedida era siempre la misma: «¡mañana seguimos con el tema». Pasaba el día, un día eterno de trabajo, con un sol abrasador que les hacía olvidar todo lo del dia anterior. Cenaban deprisa, algo fresco, era tiempo de cosas de las huertas… ¡se agradecía! y salían a la casa de la tia Sebastiana. Cuando llegaban, algunos, más «tempraneros», había iniciado ya una conversación que no tenía nada que ver con la de la noche anterior y a ella se unían los recien llegados. Se me había olvidado hablar del protagonismo que tenían las amogas de la novia. Comenté que debían ir a ayudar a vestir a su amiga la novia pero además mientras llegaba el novio ¿cómo no hacer una foto para tener un recuerdo de aquel momento?

Esperando al novio (Archivo personal)

Era habitual. Así que como no quiero que pase lo mismo en este «poyete» de recuerdos e historias, tomo «el hilo» de donde lo dejé. Había hablado ya de la ceremonia de boda e incluso ya aparecía una fotografía de la novia, firmando, ante el representante del ayuntamiento, quizás para poder hacer el libro de familia que entonces si que hacía falta tenerlo bien a mano, sobre todo si había que salir fuera de Villarta de San Juan. Pero todo eso hay que contarlo mas despacio, ahora que hay tiempo. Los invitados a la boda esperaban, a la puerta de la iglesia, haciendo un pasillo para que entrasen los novios que, con cara de «circunstancias», iban hacía el reclinatorio especial de las bodas, recubierto de algúan mantón o brocado. El padrino se iba hacia el lado derecho, el novio y la novia en los dos lugares centrales y la madrina al lado izquierdo de la novia; tras ellos los invitados con una algarabía inusitada y unas conversaciones en bastante alta voz, hacían que el cura que oficiaba saliese ya al altar con un cierto mal humor. Poco a poco iban tomando asiento u ocupando el lugar que pudieran o quedase, que en esos acontecimientos la iglesia de Villarta de San Juan se quedaba pequeña; (verdaderamente no era muy grande). Alguien había tenido «el detalle» de guardar sitio, próximo a los novios, para los padres y familia directa de los novios. Y comenzaba la ceremonia. Los novios de pie frente al altar mayor esperando al sacerdote. [Vais a permitirme que deje descansar un poco a todos los de la boda para hablar de la primera boda que se celebró en la iglesia. Era el primer matrimonio cuyos datos se iban a anotar en un libro registro para que quedase constancia de ello, según ordenaba el Concilio de Trento en el año 1563, aunque de eso hiciera 40 años . Este primer registro decía así: «En Vª harta de la horden del Señor San Juan, año de Nuestro Señor Jesu +xpto de mill y seiscin y tres años, jo frey gº de la cueva prior propio deste lugar de Vº harta en diez dias del mes de otubre del año susodho casé y velé todo junto a Joan Sanchez y Mª Ramirez vºs deste dicho lugar siendo tºs Baltasar Fernández, sacristán y Joan Ximenez El Viejo. Y a fe dello lo firma el Prior Frey. Gr. Gª de la cueva». Los doce primeros matrimonios de los que hay constancia fueron casados y velados en la misma ceremonia «in facie eclesiae», es decir delante de los fieles, por resumirlo de alguna forma. Posteriomente la ceremonia podía hacerse en dos misas. una propiamente la de matrimonio y otra posterior la misa de velaciones que tenía un plazo máximo para celebrarse de seis meses. El primer matrimonio celebrado, separando las dos ceremonias, fue el de Pedro Jiménez y Maria Ramirez casados el 17 de febrero de 1608 y velados e 5 de mayo de del mismo año. La misa de velaciones que en aquellos tiempos era el doble de cara que la misa de matrimonio, simbolizaba la unión de los dos esposos, representada por el velo blanco que se ponía sobre los novios, aunque la forma de poner el citado velo significaba tambien el sometimiento de la mujer al varon, ya que el velo descansaba sobre los hombros del varon -que cargaría sobre sus espaldas todo el peso, tanto material como espiritual, del matrimonio- mientras que el mismo velo cubría totalmente la cabeza de la mujer como simbolo de acatamiento al varón]. Esta ceremonia de velamiento, en la actualidad, es opcional y solo en algunas bodas para darle un mayor realce social se realiza siguiendo indicaciones de alguna empresa encargada de preparar desde la preboda, postboda, diferenciando las bodas normales de las bodas VIP, con estilo o de importancia social,… aunque la diferencia estriba practicamente en la ceremonia de velaciones y de enlazar las manos ( estoy hablando exclusivamente de bodas en las que se «casan por la Iglesia».

Y volvemos a las boda de antes. En el anterior «poyete» veíamos fotos del acto de firma de los contrayentes y de los testigos, ceremonia que en aquellos momentos tenía una cierta obligatoriedad, teniendo en cuenta que según la ley vigente, antes y ahora, el matrimonio religioso, valía tambien para cubrir los trámites civiles. Y en ese momento terminaba el acto en la iglesia. Mientras firmaban los invitados salían al anchurón de la calle ( que yo sepa ni tenía ni tiene nombre alguno de plaza o calle) a esperan la salida de los novios, bueno de los recien casados. Ya el orden había cambiado y el nuevo matrimonio encabezaba la comitiva y detras de ellos, los padrinos, camino del local donde se daría una pequeña invitación para todos los invitados. A la época en que me estoy refiriendo, no era frecuente que se celebrase banquete nupcial. Y este recorrido era apoteósico:

Salida de los novios por el paseo de la iglesia ( Archivo personal)

Y salían los novios y aunque la vista se va hacía ellos, admirando su magnífico ramo de flores («la gavilla», decían algunos mayores), no podemos dejar de mirar el mal estado del empedrado del paseo de la iglesia, ¡para unas prisas! y con tacones finos.

Cuatro épocas distintas, sobre todo si nos fijamos en los edificios (Fuente: Villarta de San Juan. Historia de un pueblo y sus gentes)

[Pasaron muchos tiempos para que esta imágenes pasaron a la historia, incluso entre lsa cuatro hay diferencias que nos hace diferenciar claramente las épocas. En la primera fotografía aparece la posada, el taller de Esteban y Galo y un árbol simbolico; a la derecha en la misma foto, la tienda de Pasión y el Banco Popular. En la segunda un «poco más arriba» de la anterior, aún se mantiene el edificio del antiguo casino, -lugar de encuentro- y a la derecha la casa de los Gómez-Calcerrada. En la tercera foto, queda atrás la casa de las «davisas» y aun permanece la pescaderia y fruteria de Jacinto Prado y la casa donde tenía su sede la «diaria» (servicio de transportes a la estación de tren de Cinco Casas, de puerta a puerta, vamos como las actuales agencias de reparto.), incluso la casa de Gerardo Isla ha cambiado su estructura. A la derecha los árboles de «moras» de teléfonos, la casa de Virginia. En la cuarta foto ya ha desaparecido el edificio del casino y a la derecha, al fondo de la fotografía se intuye los árboles del viejo surtidor junto al Bar Ramón. Por cierto en las cuatro se mantiene el viejo adoquinado, de 1930, quebradero para las mujeres que al andar debían llevar mucho cuidado con que sus zapatos de «tacón de aguja» no se introdujese entre los adoquines.]

Y despúes del largo paseo se llegaba al salon (¿ el del Nori? ¿El de Dolores?… ). No he tenido acceso a ninguna antigua foto en que se vea «el convite de boda«, pero si sabemos que antiguamente, en casi todos los pueblos de nuestra zona, la invitación recibía el nombre del «puñao» que consistía en que algunos familiares, normalmente mujeres, -la bebida sí parece ser que la repartían los hombres-, llevaban bandejas con garbanzos («torraos»), avellanas y pastas o pasteles y daban dos puñados de garbanzos y avellanas, y alguna pasta o pastel, detrá de ellas los hombres con un lebrillo donde se había preparado una buena «limoná«, ofreciendo un vaso de la misma o bien alguna copa de anís ( la copa o el vaso era el mismo para todos) [Sobre el tema de la «limoná» hay mucho que hablar. En primer lugar hay que decir que en Villarta de San Juan y otros pueblos próximos la bebida era la «limoná» y no «zurra» o «sangría»; el elemento diferenciador básico es el vino blanco en la limoná y no en las otras dos bebidas (De siempre el vino utilizado para bebida en Villarta era el vino blanco). Para hacerla se utilizaba o un «tino» (aproximadamente medio barril no muy grande) o un «lebrillo» de barro, si la cantidad no era muy grande. Para las bodas se utilizaria el tino (hemos de recordar el famoso tino de limoná de las Paces), en cambio el lebrillo se utilizaría para las tardes del domingo en que los amigos se reunían en una casa a echar el «truque». Los ingredientes de esta limoná eran los siguientes: 1 litro de vino, 1 litro de agua, 100 gramos de azucar, 1 palo de canela( en rama), 2 limones y dos sobres de gaseosa, también solia picarsele algún melocotón. Para más cantidad se hacia en la misma proporción. A propósito cuando algo es un querer y no querer o algo parecido se dice «que no es ni chicha ni limona». Sobre este expresión hay dos explicaciones: la primera es que la chicha era una bebida cubano de maiz fermentado y algo fuerte entonces cuando se daba a probar una bebida si era fuerte o no se decía: á. La otra versión se fundamenta en la palabra chicha con que se denonima a la carne; la explicación era que cuando en una reunión había alguien que se hacía el remolón, se escondía la carne y el lebrillo de limoná y empujándole hacia la calle se le decía al citado remolón: «venga vete ya para tu casa que aquí ya no queda ni chicha ni limoná» o vete tu a saber que se quería decir entonces con esa expresión].

Con el lebrillo de limoná preparado para el truque y las cartas en la mano ( Fuente: Villarta de San Juan. Historia de un pueblo y sus gentes]

«Tino» o medio tonel de no excesiva capacidad

Lebrillo de barro

Lebrillo de barro vitrificado

¡Papelillos de gaseosa! Algo que no podía faltar en las cocinas de antes, aunque sin indicación de si tenían o no gluten (Fuente: elTigre.es)

Con el paso del tiempo este «puñao» se fue ampliando con, al menos, mas confortabilidad y ya se fue preparando el convite sobre tableros adecuados y sobre él unas bandejillas donde se ponían las almendras, almendraos y pasteles de «Palote» ( de Ceca, exquisitos pasteles y algún que otro «almendrao». Alguna que otra botella de sidra «El Gaitero» y alguna gaseosa cubrían el menú.

Imágenes de varios banquetes (Fuente: Villarta de San Juan. Historia de un pueblo y sus gentes y de Archivo personal)

Los novios y padrinos presidiendo el banquete (Archivo personal)

La última foto, de la boda de mi hermano, es de su boda que se celebró en el «Cine de Adolfito», la mesa de los novios estaba en el patio de butacas junto al escenario. Ya empezaba a romperse la forma de las antiguas celebraciones…. Y llegados a este punto quedaba una parte principal: «el papelillo». En algunos pueblos se le llama «el cumplido» y en realidad era un «detallejo», consitente en una aportación económica que los invitados depositaban en una bandeja que se ponía en la mesa de los novios (y que aún se pone). La cantidad que se entrega a los novios, dependía del grado de familia, amistad o el número de invitados que asistiese de cada familia. En cualquier caso después de la boda, los padres de los novios se reunían para contar el dinero que era todo para los novios. Algunos de los invitados, «los más finos», hacían llegar antes de la boda a la casa del novio o de la novia, un regalo ( Con el tiempo alguno de estos regalos, fueron a parar a otros novios. La verdad es que algunos de estos regalos…. Otros eran prácticos: cosa de la cocina o de la casa). El tema del «papelillo» era especial porque nadie quería ser el primero es hacerlo, aunque una vez que uno se decidía todos los demás salían en tropel. Para los novios quedaba todavía otro paso más y este era un «calvario», sobre todo, para la familia de la novia: la comida o el banquete de bodas.

No podemos pasar por alto el hecho de que la comida de bodas, era para los amigos más próximos y para los familiares cercanos y se celebraba en la casa de los padres de la novia. Alguno que haya vivido estas celebraciones será muy difícil que pueda haberlo olvidado. En primer lugar hay que recordar cómo eran antes las casas y las condiciones que reunían. Una casa de clase media/baja, de gente del campo -que eran la mayor parte de las casas de Villarta de San Juan- disponían de una puerta de entrada con un pasillo (muy pocas con vestibulo o como se dice ahora «hall»- y a ambos lados del mismo una habitación que servía de comedor pero que se utilizaba en poquísimas ocasiones pero que disponia de un cierto mobiliario pequeño en número: una mesa, unas sillas y algún aparador para guardar las vajilla de las fiestas y algún «vedriao» que se había ido comprando en las «Paces», el día 25, concretamente, cuando la plaza de la Ermita se llenaba de carros y puestos vendiendo sartenes, cacerolas, vajillas, cantaros, lebrillos,… etc. En frente de esa habitación, cruzando el pasillo, estaba el dormitorio de los dueños de la casa, con los muebles que habían comprado cuando se casaron. Seguimos con la casa. El pasillo llevaba a un patio sin cubrir que se abría a la cocina que era la habitación mas visitada de la casa, su chimenea, siempre encendida aunque se retenía un poco la lumbre echando algo de paja, para que no se pasase la brasa; a cada lado de la chimenea unas sillas bajas que durante el día ocupaban las mujeres pero que pasaban a ser utilizadas por los hombres cuando volvían del campo, -sobre todo en el invierno-; una buena banca y delante de ella una mesa; en algún «rinconcillo» de la cocina alguna mesa baja donde siempre había algún lebrillo para ir fregando cacharros, aunque en el buen tiempo se utilizaba algún «pilón» que estaba en el patio o ya en el corral. Desde el patio se entraba a las habitaciones para dormir o algún cuarto trastero y si había corral, desde el patio se comunicaba a él con una «portailla«. Había algunas casas más humildes que no disponían de corral con entrada desde la calle, en ese caso, el pasillo de entrada a la casa era un poco más ancho pues por él tenían que pasar los escasos animales que hubiera en la casa, al menos algún borriquillo. Las casas que tenían corral con entrada desde la calle eran otro mundo su buena portada para poder pasar el carro, su cuadra más o menos grande, etc. Se me olvidaba decir que en el patio o al lado del mismo, en el corral, estaba el pozo del agua, que eso del agua corriente, era un sueño para casi todos. [Algunos comentaban que en casa de David Serrano, -o de las «Davisas»- había agua corriente, igual que ahora y recuerdo muy bien el deposito de agua que había en el primer corral de la casa, de gran altitud, que el el encargado o alguno de los gañanes se encargaban de llenarlo y desde el que el agua llegaba a las partes más nobles de la gran casona]. Y qué decir del water, servicio o retrete… para hacer «aguas menores» o «mayores» estaba el «barranco» donde se echaban los pocos dsperdicios de las casas y por el que correteaban gallos y gallinas picoteando por todos lados y en algún rincón del mismo te agachabas y en «cuclillas» y con una vara en la mano hacias tus necesidades. En algunas casas, ya un poco mejores había algun pequeño cuartillo elevado sobre el barranco donde al resguardo de todo y sentado hacia todo sin tener que preocuparte de tanto.

Hago esta extensa descripción de como era poco más o menos una casa en Villarta para comprender mejor el problema que se les presentaba a los padres de la novia el día de la boda. Los días anteriores, las mujeres de la casa ayudada de alguna amiga buena cocinera, agarraban las mejores gallinas que habían estado criando, para sacrificarlas y prepararlas para hacer una buena pepitoria o guiso de boda; la cocina esos días estaba cerrada a cal y canto a todos los demás, sartenes, cacerolas y pucheros, ocupaban la cocina, siempre en esos casos pequeña hasta que todo quedaba preparado. Pero quedaba un problema en el que los hombres si echaban una mano: Había que «destrastar» la casa. Los armarios o aparadores se arrimaban todo lo posible a las paredes de la habitación, las camas se desarmaban y guardaban en algún trastero o en casa de algún, junto a colchones y otros muebles, para dejar las habitaciones diáfanas. Al final las casa quedaban desconocidas con unos tablones y soportes con tablones que se cubrían con esos manteles guardados, habitualemente, para ocasiones como estas quedaba preparada la casa para recibir a los novios e invitados. Como se dice muchas veces, solo el que lo ha sufrido puede explicar esto bien, todo lo demás son explicaciones fáciles para explicar ese calvario que solo terminaba cuando ya «era de noche por todos los mundos de Dios«. Y los novios en el limbo o en la gloría que para ellos en aquellos momentos era la habitación donde habían puesto su dormitorio. Su «luna de miel» en la mayoría de los casos era exclusivamente su noche de miel. Algún corto viaje para visitar a algun amigo o familiar de pueblo cercano era su viaje de bodas, incluso algunos fueron hasta Alcázar para en su estación coger el renqueante tren que les llevaría en largo viaje a Madrid e incluso algunos hasta Valencia.

Espero que en otro «poyete», ya con más calma, podamos dar clara noricia y recetas de esa comidad de boda. A buen seguro, Ramona, cocinera televisiva, de uno de los pueblos más bonitos de Castilla-La Mancha, nos pueda ayudar un poco en ello.

José Muñoz Torres, cronista oficial


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