AL FINAL, ESTE AÑO, LAS AGUAS DEL GIGÜELA TAMPOCO HAN LLEGADO AL PUENTE DE VILLARTA DE SAN JUAN, por José Muñoz Torres

Esta mañana buscando información gráfica de la flora de nuestro río, el Gigüela, para poder hablar de aquellas plantas que coloreaban nuestra vega dandole, al menos frescor y esperanza y recordando a esa buena pandilla de jubilados que todos los días se sientan sobre las paredillas del puente, hablando de sus cosas pasadas, presentes y futuras he topado con un libro titulado “Flor de Ribera.- La gente del río en la Mancha”.

Es un libro que trata sobre Las Tablas de Daimiel y en el que se recopilan conversaciones  con el último pescador de Las Tablas, Julio Escuderos Córdoba y Pascuala Rodriguez, supongo que sea su mujer . Julio Escuderos Córdoba nació en 1930 en una Isla de las Tablas de Daimiel (Ciudad Real). Hasta 1973 vivió de la caza y la pesca en el paraje. Desde finales de los setenta hasta 1995 fue guarda del Parque Nacional. Es un homenaje que realizaron Santos Cirujano Bracamonte, investigador del Real Jardín Botánico y Miguel Alvarez Cobelas, del museo Nacional de Ciencias Naturales y que no solo han “pateado” el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel sino sus lugares próximos, incluido el recorrido del Gigüela o mejor dicho las Tablas de Villarta Arenas. Supongo que podré utilizar su libro y las vivencias que en él se cuentan para hacer llegar a la poca gente del río que queda en Villarta, sus recuerdos mientras unos segaban masiega, enea o carrizo, otros en sus bajeros, separados unos de otros por las “cibancas” cultivaban patatas, tomates, pimientos, pepinos,… para el “gasto”. Esos recuerdos que quizás no pudieron contar de su río o de su vega, del Gigüela, aunque a alguno de sus descendientes les suene, ahora que del río ya no quedan nada más que breves espacios para que pueda seguir el agua del Gigüela que no se si volveremos a ver discurrir por él. Esta convesación que se cuenta en el libro tuvo lugar en las Tablas de Daimiel durante el invierno y la primavera del año 1994.

Pienso que su lectura, sobre todo si se hiciera grabada en nuestros colegios, sería una forma de hacer ver parte de nuestro patrimonio perdido, de nuestra tierra perdida por el afán, como dirían algunos, de “sacar leche de una alcuza”.

Santos Cirujano y Miguel Alvarez en la presentación del libro “Flor de Ribera” (Fuente: La Tribuna de Ciudad Real)

En la tesis doctoral de Santos Cirujano comenta que ” a su paso por la región manchega en 1958, Tüxen y Oberdorfer prestan especial atención a los marjales de Villarta de San Juan y la vegetación existente en los márgenes del río Gigüela. Y siguiendo a este investigador podríamos ir descubriendo la flora de las Tablas de Villarta-Arenas (ambas de San Juan, que luego puede aparecer la información en otros Villartas), al menos a través de sus fotografias o de sus dibujos, porque salvo que algún año venga “cargado” de lluvias continuas, el río Gigüela dejará de presentarnos su flora, sus plantas, y sólo algunos juncos, un poco de prado semiseco y eso si los magnificos cardos que en los bordes de los caminos que rodean al rio (sobre todo en las vias de servicio, florecen en su casi morado intenso, al lado del hinojo incombustible que aunque no sea planta de rio, junto a lo que fué río sigue creciendo). Este año hasta al carrizo, tan resistente, le está costando cubrir de verde las riberas canalizadas del Gigüela. Al menos en Villarta, si consiguieron esos “valencianos” (supongo que se refiera el autor a los Perinat y a tantos otros como lograron convecer) que abogaron por la canalización para convertir en campos de arroz en la áreas que dejaran encharcadas. Bueno de todo esto ya hemos ido hablando en varios “poyetes”: Mi idea sería la misma que la de Santos Cirujano y MIguel Alvarez haciendo hablar a las tablas en boca de Julio Escuderos. Pero aquí en Villarta al igual que la tabla han ido desapareciendo casi todos los que del río y en el río vivieron. Podíamos, imitando a alguna vieja frase, decirle a nuestros próximos que ya han amortizado la desaparición de las “Tablas de Villarta” y que ahora luchan por salvar las tablas de Daimiel: “Cuando las aguas del Gigüela no veas llegar, pronto las tuyas se secaran”. Quiero decir que si las de aquí las secaron, mas pronto o más tarde las demás también se secaran. Vamos a intentar explicar un poco como eran y en que han quedado las de Villarta. La primera idea más o menos clara de lo que eran las Tablas de Villarta aparecen en la hoja 738 del IGN del año 1868.

Fig. 1 Fragmento de la Hoja 738 (Fuente: IGN. Año 1886)

El fragmento del mapa anterior (Fig.1), en el que aún no figura construido el puente de la N-IV construido en la década de los veinte del siglo pasado (si aparece, en cambio, el puente en construcción, -paralizadas sus obras desde 1806- conocido como el de “los malecones”). En él se aprecia claramente la madre del río, es decir el trayecto propiamente dicho del río Gigüela. La zona en verde era la de empantamiento, es decir, propiamente la tabla que quedaba perfectamente limitada al norte por el camino de Arenas a Herencia y por el carril de la dehesa. Por el sur la tabla estaba contenida por las alturas de la Virgen de la Vega, que con una altura de algo más de 10 metros sobre la zona pantanosa evitaba la ampliación hacia el sur de la citada tabla. Al este se marca el camino de la Isla que era una elevación sobre la tabla. Hay que señalar que el verdadero causante de esta Tabla no era el río Giguela sino los multiples baos u ojos ( que eran en realidad afloraciones de agua dulce y limpia del acuifero 23).En el fragmento de mapa existían, al menos tres de ellos: El bao de “Pernales”, al lado del antiguo camino de la Vega, continuación del camino, -después calle-, de las Chorreras; el más importante de todos ellos el bao de la Vega, formando una profunda depresión en la zona más al sur de la tabla y otro más al oeste a la caida de donde se encontraba la antigua ermita de la Virgen de la Vega. Toda la zona entre la tabla y el camino de la Vega era zona de huertas.

Fig. 2 Fragmento de la Hoja 738 del Instituto Geográfico y Catastral. Año 1953 (Fuente: IGN,)

En este fragmento Fig.2), en el cual se aprecia, claramente, la expansión de la zona urbana de Villarta de San Juan, así como la evolución de las carreteras (Aparece ya construido el de la N-IV, pero no se menciona para nada el antiguo puente en construcción, -los “malecones”- cuyas ruinas aún persisten y la carretera de Argamasilla a Arenas de San Juan). Curiosamente la parte principal, al menos la más importante, de las tablas de Villarta está señalada y remarcada por dos rectángulos que están partidos por el puente viejo, aunque evidentemente el mas pequeño de ellos sube, casi imposible, hasta la altura de la Iglesia, dejando fuera del mismo la zona de las tablas cruzada por el camino de la Isla. Solamente cubre la zona perteneciente al termino municipal de Villarta. El camino ribereño de la vega llega hasta el bao grande la Virgen de la Vega, mientras que figura otro denominado como camino bajo de Arenas de San Juan a Villarta.

Fig. 3.- Fotograma del vuelo americano B, de la zona que estamos estudiando (Fuente: ING 1956-57)

Como una imagen vale más que cien palabras, desde la anterior imagen (Fig.3) correspondiente a la fotografía áerea del vuelo Americano B (1956-1957), se disponen ya de imágenes aéreas, en la que aún se pueden identificar en toda su majestuosidad la extensión de la Tabla de Villarta, en el momento en que aún no se había comenzado con los proyectos de desecación. Fotografía, tras fotografía podría hacerse un seguimiento de quienes fueron los afortunados con el plan de desecamiento. Se aprecia claramente la depresión del Alto Grande que permitía tener un pequeño puente que comunicaba las tierras a ambos lado de la carretera de Arenas. Un cauce recto sigue el teórico curso del Gigüela. Más al este del puente viejo se ve un curso más anchuroso que posiblemente avance hacía la “junta de los ríos”. En el margen izquierdo se detallan las zonas de bajeros y de huertas.

Fig.4 Fragmento del fotograma SIGPAC 1997. (Fuente: IGN Copiado el 04-06-2021)

En la fig. 4 podemos ver ya la evolución actual. El cauce del río Gigüela ha quedado reducido a una anchura de algo mas de diez metros. Al norte de esa linea la tabla ha desaparecido por completo y es terreno de labor, salvo algunas zonas de monte. En la parte inferior izquierda se aprecia la zona que en su momento se utilizó como filtro verde, destruyendo para ello la motilla de la Vega. Desde la depuradora hacia Villarta, la Tabla se ha parcelado en lotes siendo atravesada por un nuevo camino. Mas al sur se han respetado las zonas particulares por donde discurre, -a medias- el antiguo camino bajo de Villarta a Arenas. Al lado derecho de los puentes, el de la N-IV y el romano, hasta la autovia, se corresponde con los terrenos de la zona de protección del monumento nacional “Puente Romano sobre el Gigüela”. Mas a la derecha los antiguos terrenos de propios con algunas plantaciones de pinos. Siguiendo el camino de Alcázar nos encontramos con el antiguo pinar partido en dos por la autovia (En la zona O de la autovia se encuentra el parque, piscina y recinto ferial; en la zona E, se encuentra el resto del pinar aparovechado para la celebración de la Romeria. Hemos de señalar que la construcción de la autovia supuso la supresión de una tercera parte del pinar existente y pensamos que el único motivo fue el económico.

Fig.5 Fragmento en color de la zona vista en la anterior Fig. (Fuente: IGN)

Fig. 6 Zona de la situación actual (Fuente: IGN)

Fig.7 Dibujo de Frey D. Gregorio de Tejada para las realciones del Cardenal Lorenzana.

Desde el anterior dibujo (Fig. 7) hasta ahora, han pasado unos trescientos años y aunque se trate de un dibujo muy sencillo se aprecia claramente la intención del autor de resaltar la importancia del rio Gigüela y sus alrededores. Pero la realidad es que en la actualidad un pequeño y estrecho cauce cruza nuestro término sin rastro de humedales ni de su antigua vegetación.

Y eso es lo que hay. A la izquierda (Fig.6) la central termosolar (¡energia renovable!). Al lado del puente viejo aparece como un ancho camino que simula, a mi entender, la continuación de la Cañada Real Soriana de Ganados cortada por la autovia Autovia de Andalucia. La antigua cañada según la documentación de apeos del territorio, circulaba por el puente viejo y seguía por la calle Real. En cualquier caso puede que sea porque no levanten los ganados ( que tampoco quedan) la calzada del puente pero si algun ganado trashumante quisiera volver hacer el recorrido por la cañada, para poder ir hacia el sur, tendría que ir previamente por el camino de servicio de la autovia, cruzando los dos puentes auxiliares y al llegar al camino de Alcázar girar hacia el pueblo para poder seguir posteriormente por la antigua carretera nacional a encontrar nuevamente los caminos de servicio y lo poco de vereda que ya quede… (Todo esto es por decir algo pues ya volver a la de antes es un sueño imposible).

Pero podemos intentar conocer el sueño: qué hubo allí, como era, qué se hacía,… Y eso es algo que le debemos a tantos como vivieron por el río y para el río. (Y a esto me teneis que ayudar todos los que quieran mantener este recuerdo, claro). En el programa de San Juan del año 2010, escribía lo que me iba diciendo Damian Muñoz, e iban apareciendo datos y nombres de los ojos. Damián, entonces, me dio nombres de antiguos hombres del río tal y como eran llamados, algunos con su motes, pero con todo cariño y respeto: Victorio, Martin, Juan de Dios, Cesáreo (“Pajaritas”), Lucio Muñoz (“el Aguila”), Isidro Calcerrada, el hermano Nicolás, el de “la Pavera”, Julián, “el Gira”, Doroteo Rico, (“el Cabillo”) , Dionisio, el de “Panza”, Brígido, y añado algunos más que se me han venido a la mente: “Pernales” (mi padre”) y sus vecinos de huertas, Diego, los Quirobas, Agüeda,.. y luego los que estaban en el río: los “Gallinetos”, los “topos” (Leandro al menos estuvo con la muletá), el “rey de los topos”, el Trucha”, en su huerta de la Motilla, los de la “Usolilla” con su ganado,… Y los “baos” cegados o destruidos: Ojo del Contaero, de la zorra, el del tallo, el del Cristo, del Ollero, de la culebra, el de Mataberro, de la Aurora, de Caba, de los Teodoros, la Poza, el de la Motilla, el hondo, el de Roman, el del gorrino, el de Pernales, la fuente de la Motilla, de la Virgen de la Vega, la fuente de la alameda de Pite, la fuente de los cabezotas,…. De momento el río sigue seco, olvidado de quienes se debieron ocupar de él, no solo pensando en sus intereses, sino en que era parte de nuestra historia. Por perderse se ha perdido, la masiega, la enea, incluso el carrizo, -tan resistente-, está luchando por brotar,.. De momento, como decía al principio, solo unos cuantos jubilados, hablan, reviven, sueñan, con cosas pasadas, sentados en la paredilla del puente.

En el libro que ha dado inicio a este “poyete” dice:

La conversación se celebra en casa de Julio Escudero, una casilla al lado de la casa de campo de la familia Pínillas, en la zona de Los Almochinares del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Estamos en una habitación grande con techo de carrizo, alrededor de la lumbre, pegada a la pared, donde se cocina; se va añadiendo de vez en cuando madera de sarmiento a la lumbre, a medida que se quema. Se encuentran presentes Julio Escudero (J), Pascuala Rodríguez (P), Santos Cirujano (S) y Miguel Alvarez (M).

Santos Cirujano .- ¿Y qué nos iba a contar?, que salía de aquí…

Julio Escudero: . – Y salía yo de aquí con el barco y cogía La Madre arriba o La Madre abajo, así ya cuando iba a pescar, porque siempre la pesca se hacía en lo que es La Madre, no en lo otro; mayormente la pesca era en lo hondo de La Madre y si yo cogía pa arriba de aquí a Molimocho o de aquí pa bajo por la ribera, tiraba, ¡qué bonito era, qué bonito era La Madre, la cibanca y como era entonces, como era entonces, no como es ahora! Llegabas a sitios, había remansos de agua y a rincones que todo eran coberteras llenas de flores, estaba todo lleno de coberteras y, claro, ya llegabas ahí, ¿sabes tú?, y yo ya aquí llegaba y ya sabía donde tenía que echar un lance, otro, los lances eran donde teníamos que echar los trasmallos, donde se echaba, donde tenía la muerde la pesca y tó eso.

Aunque sea un poco largo incluyo el informe final, de andar por casa, de los dos investigadores que hablaban con Julio Escudero: Santos Cirujano y Miguel Alvárez:

En La Mancha, una “tabla” es -entre otras cosas más corrientes- un ambiente acuático continental formado por el desbordamiento de uno o varios ríos. Este desbordamiento solía ser tan frecuente que daba lugar a ambientes permanentemente encharcados, lo cual se veía favorecido porque los niveles de
agua subterránea se hallaban también muy cercanos a la superficie. Es decir, la inundación no era un fenómeno raro y sus consecuencias pocas veces resultaban catastróficas. Hasta muy recientemente (década de 1970), el Guadiana y- sus afluentes manchegos producían esta clase de ambientes y la superficie inundada podía llegar a ser muy extensa, aunque no siempre continua. Así, por ejemplo, el
río Gigüela se desbordaba en la zona de Villarta (Ciudad Real), formando Las Tablas de Villarta, pero -aguas abajo de ese pueblo- volvía a encauzarse para, a la altura de Villarrubia de los Ojos, tomar al desborde formando Las Tablas de Villarrubia, las cuales se continuaban en las de Daimiel y Calatrava cuando -aguas abajo- lo acompañaba el Guadiana también desbordándose. Una parte relativamente pequeña de éstas es lo que se conoce hoy día como ‘Tablas de Daimiel”. Pero no hace más de veinte años, Las Tablas de Daimiel y Calatrava abarcaban una extensión aproximada de 60 km2, tres veces más de lo que hoy queda con agua ni siquiera permanente en los mejores momentos del año. Las Tablas discurrían desde Villarrubia en el Gigüela y Los Ojos en el Guadiana hasta lo que hoy es el embalse de El Vicario, unos 40 kilómetros de cursos fluviales.

Pero en Las Tablas no sólo cazaban los poderosos. También la plebe se surtía de toda clase de animales, se comía todo lo que volaba, andaba o corría: patos, tortugas, ranas, ratas, jabalíes… El número de cazadores, furtivos o no, era grande. En Las Tablas se cazaba, se pescaba, se vivía, se aprovechaba el sitio.
Como dice alguno de los supervivientes: “aquello era el paraíso”. Como dice otro más prosaico: “si el campo te daba un duro, Las Tablas te daban tres”. Mucha gente vivía sólo temporalmente en Las Tablas, en la época más cálida del año. Pero había una especie de reparto del territorio: los de Carrión no pescaban o cazaban en la zona de Daimiel y viceversa. Había una serie de lugares de encuentro, que eran los molinos: Flor Ribera, Malvecinos, Puente Navarro. Flor Ribera era el principal sitio de reunión: molino, capilla, venta. Todo se aprovechaba. Pesca, caza, cangrejo. Pero también la masiega y el carrizo para los hornos de cal y las techumbres, la enea para los muebles, las sanguijuelas para fabricar un anticoagulante… Hasta que empezaron los malos tiempos. A finales de 1940 se introducía el lucio en los ríos españoles; a Las Tablas llegó a principios de 1960. En los pueblos de los alrededores empezaron a instalarse cuartos de baño en las viviendas: en vez de abonar los corrales, toda el agua residual acababa -sin depurar- en los ríos. Unos daimieleños “inquietos” que, casualmente, poseían algunas tierras en los
alrededores de Las Tablas empezaron a pensar en desecarlas hacia 1955 con el pretexto de su insalubridad y de su cultivo potencial, cosa que lograron parcialmente hacia principios de la década de 1970. El regadío a costa de las aguas subterráneas comenzó a popularizarse durante esa misma década y en diez años se pusieron en regadío cien mil nuevas hectáreas en la zona del acuífero de Las Tablas, el acuífero 23. A finales de 1970, la peste del cangrejo irrumpió en Las Tablas. Afectó rápidamente al cangrejo local, que desapareció. ¿Qué hacen entonces los pescadores?: introducen el cangrejo americano, más resistente.
El lucio acabó con casi todos los peces. Se comía a sus propias crías, cangrejos, salamandras, picanros, carpas, cachuelos, todo. El río Gigüela empezó a llevar cada vez más mierda. El agua de Las Tablas, antaño muy clara, se veían los fondos a seis y ocho metros de profundidad, se volvió opaca, maloliente.
La desecación fue un pretexto para extender las lindes a costa del dominio público. A los pescadores los engañaron prometiéndoles “hotelitos” a cambio de que ayudaran a construir las canalizaciones. Algunos, pocos, se opusieron; los amenazó la Guardia Civil. Los nuevos cultivos fueron una ruina, el suelo era muy
salino. Y vino el Estado, como consecuencia de la conferencia de Estocolmo (acordaos de López Rodó en bicicleta), a crear un Parque Nacional cuyos pasos previos contemplaban la indemnización de las tierras cuyas lindes habían corrido los desecadores. Los maizales cundían por doquier. La Administración favorecía el regadío, pero fueron los particulares quienes echaron el resto. Regadíos y más regadíos.Melones, viñas, hasta la cebada regaban. Los niveles del acuífero disminuían a toda velocidad. Al que lo denunciaba, se le insultaba y amenazaba: ¡era la riqueza para La Mancha! Y el acuífero bajaba y bajaba. En 1983 los Ojos del Guadiana se secaron, el Guadiana corrió en 1986 por última vez. En Alcázar de San Juan hay que pinchar más de 100 metros para sacar agua en 1994. En Daimiel, con 25 metros es suficiente. Pero el Gigüela, el Guadiana ya no desbordan. ¿Y la sequía? Ah, la sequía. La sequía ha sido la circunstancia climática dominante en La Mancha durante el siglo XX La mayor parte del siglo ha sido
mayoritariamente seca. Desde 1979 estamos en un periodo seco. Y sin embargo, la sequía no impedía el desbordamiento de los ríos hace cuarenta años. No, no es la sequía. Con todas estas tragedias, los pescadores se van. La Administración, acuciada por los conservacionistas europeos, propone un plan
llamado “de regeneración hídrica”. Trae el agua del trasvase Tajo-Segura, a 150 kms aguas arriba, pero sólo cuando hay agua de sobra. Y el agua, cuando avanza por el Gigüela, se va filtrando porque e{ terreno es calizo, muy poroso: saben cuánta agua dan, pero no saben cuánta llega. Zuacorta, Griñón, Flor Ribera, Calatrava, Malvecinos están ya siempre secos. El agua que va llegando arrastra la contaminación de Herencia, Alcázar de San Juan, Villarrubia. Las Tablas, en Daimiel, se inundan algo gracias a los pozos, pero éstos son cada vez más salinos. Los niveles de inundación, durante los últimos cuatro años, han sido
despreciables. Se producen incendios cada vez con mayor frecuencia.
[JULIO ESCUDERO, SANTOS CIRUJANO, MIGUEL ALVAREZ. Flor de Ribera]

Seguiré dando notas de todo lo que cuenta Julio Escudero, pescador de las Tablas, pero es que ahora viendo todo el cauce del río, viendo la antigua Tabla como un puro desierto quiero terminar con los nombres de algunas plantas y fotos de ellas, que ya raramente pueden verse:

Acedera o vinagrera (Rumex sangineus)

Achicoria (Cihorium intybus)

Ailanto, árbol del cielo o malhuele (Ailanathus altissima)

Ajenjo o artemisa (Artemisa absinthium)

Amapola (Papaver rhoeas)

Apio silvestre (apium graveolens)

Avena loca (Avena barbata)

Ballico (Lolium perenne)

Bledo, moco de pavo o acederón, en primer término (Amarantus retroflexus)

Borraja (Borago officinalis)

Caracolera, hierba (Parietaria judaica)

Cardo borriquero ( onopordum acanthium)

Carrizo, tablas de Daimiel (Phragmites communis)

Cenizo ( Chenopoium album)

Corregüela (Convolvulus arvensis)

Diente de león (Taraxacum officinalis)

Enea o espadaña ((Typha latifolia)

Hierba hortelana (Setaria verticillata)

Hinojo silvestre ( Foenmiculum vulgare)

Jaramagos o pajitos ( Diplotaxis virgata)

Junco churrero (Scirpus holosschoenus)

Lechetrezna (Euphorbia Helioscopia)

Llanten ( Plantago major)

Malva (Malva sylvestris)

Malvavisco (Althaea oficcinalis)

Masiega ( Claudium mariscus)

Mimbrera blanca (salix viminalis

)

Ortiga (Urtica dioica)

Oba (Vega del Gigüela 2010)

Pan y quesillo o falsa acacia (Robinia pseudoacacia)

Retama (Retama sphaerocarpa)

Salicor de la Mancha o barrilla ( Salsola Kali)

Río Gigüela (Añoranza: 2010) con tarayes (Tamarix gallica)

Verdolaga (Portulaca oleracea)

Viborera (Echium plantagineum)

Todas estas plantas y muchas otras estaban en el entorno del río Gigüela. Y se siguen viendo, algunas, unas apartadas de otras. Las principales han desapareido y mientras el entorno del mismo siga seco será muy díficil que volvamos a encontralas, pero al menos esto sirva para que los que no conocieron todo esto, los chicos, tan liados con sus cosas, conozcan un poco de nuestra historia. [Pido disculpas a los múltiples autores de las fotos que hemos incorporado por no citar la fuente, pero intentaremos ir tramitando esa anomalía]. Por otro lado estos “poyetes” tienen una condición y es la de que si alguien observa un error o alguna información, (seguro que si), con que me lo diga lo podemos corregir. Gracias.

Por cierto si alguien tiene interés en hojear el libro Flor de Ribera, buscando con ese titulo lo puede descargar.

José Muñoz Torres, Cronista oficial


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s