NUESTRO PATRIMONIO: NUESTRA OBLIGACIÓN, NUESTRO RECUERDO, por José Muñoz Torres.

Hace pocos días, Paz Molina, Pacito, me entregó unas viejas fotos para echarle “un vistazo”. Entre ellas una de parte de los quintos del 40 ( Quinta del 40, es decir los nacidos en el año 1940). La foto está hecha en un escenario curioso y es que la cruz que estaba junto a la puerta de la Iglesia vieja, daba pie para que se pudieran colocar muchas personas sin que unos tapasen a otros. El año de 1940, nacieron ¡62 chicos y 50 chicas!…. Esa foto, en la cual están parte de las fuerzas vivas: Don Diego Tercero, el cura, Miguel Garrigós, Santos Marchante ( Santillo), Joaquin Camacho, Venancio Sanchez, Angel Arias ( Don Angel), Onofre Isla y creo que Petronilo y otro más que no identifico, además de 31 quintos, la mitad de los que habían nacido en el año 1940. Unos morirían a los pocos años de vida y otros ya habrían dejado Villarta buscando otros caminos. Esta quinta, no hay que olvidarlo, era una de los nacidos en los años del hambre. Al final por simple curiosidad he colocado el nombre de todos cuantos nacieron, -chicos y chicas, ese año). Pero además de agradecerle a Pacito que me enseñase esa foto, me hizo pensar un poco sobre todo lo que no se ha hecho. ¡Pero se podrían hacer tantas cosas para que no se pierda nuestra historia !

Fotografía de la “quinta” de 1940 (nacidos en 1940) (Fuente: Propiedad de Paz Molina Guijarro)

Si no se produce un cambio radical, aquellos investigadores que, en un futuro no demasiado lejano, pretendan investigar nuestra época se encontrarán con una duda: ¿Qué pasó durante parte del siglo XX y XXI, para que no se encuentre parte de nuestra historia?: utensilios, objetos, construcciones, forma de vida, etc. Para todos aquellos que en un futuro se interesen por nuestro presente, les será mucho más fácil estudiar las sociedades antiguas, -de las cuales se conservan los objetos cotidianos como si fuesen tesoros-, que nuestra sociedad actual. Si algún habitante de la antigua España Romana, pudiera volver a nuestro tiempo y a los lugares geográficos donde entonces vivió, se quedaría extrañado al ver que aquel sencillo plato que utilizaba para comer, se conserva en algún museo como una joya valiosísima dentro de grandes medidas de seguridad; e incluso, con toda seguridad, maldeciría al ver que algunos toscos instrumentos con los que tuvo que ganarse, duramente, la vida, como hoces, hachas, azadas, etc., forman parte importante de esos museos.

Hoy, en nuestra sociedad, -salvo cada vez más honrosas excepciones-, todo lo que forma parte de nuestra vida más reciente, toda nuestra cultura, es olvidada, abandonada y muchas veces destruida y otras muchas malvendida. Julio Caro Baroja, profundo estudioso y conocedor de la cultura popular o de la forma de vivir, daba a entender que, de forma errónea, a todo lo “antiguo” (a lo que no se le saca utilidad alguna en la actualidad) se le está dando un valor de algo nulo, de algo a desterrar y en cambio lo nuevo, lo cómodo, es lo único que interesa, porque entre otras cosas es progreso. Y esta es la palabra clave: Progreso. No quiero que se me entienda mal, es evidente, que a nuevos tiempos, nuevos métodos, nuevas herramientas, nuevos sistemas, está claro. Y está claro que en nuestras casas actuales, en nuestras cámaras o camarones, si existe alguno todavía, no podemos almacenar todo cuanto hemos ido desechando a lo largo de la vida. Pero de alguna forma, con algún coste económico y de trabajo pero con entusiasmo e ilusión, -de alguna forma-, deberíamos ir dejando un recuerdo material con su recuerdo de memoria histórica, de todo aquello que fue la vida de nuestros pueblos. En algunas cooperativas agrícolas ( especialmente vinícolas) de nuestra provincia, sus socios, antiguos labradores, estan depositando y catalogando todos los instrumentos que fueron su apoyo para que pasen en herencia de una a otra generación. Claro que la mayoría de todos estos “cachivaches” eran utensilios que utilizaban los hombres del campo y ya sabemos que a estos les han dicho o le hemos dichos siempre incultos, paletos, cualquier cosa y quizas, por eso, nadie ha querido hacer ostentación de lo que ahora no tiene sentido y le viene a recordar la situación social de sus antepasados.. Y es que, en muchísimas ocasiones, a la cultura, se le ha dado siempre la acepción de culto, de sabio,… Tener mucha cultura igual a ser muy listo…. Pero el objetivo de todo ser humano, mejor dicho, el objetivo de la humanidad, sería el de alcanzar un mejor nivel de vida integral: mejor trabajo, mejores medios, mas ocio, mas educación, …. pero este objetivo no debe alcanzarse renunciado a nuestro mas inmediato pasado , avergonzándonos de nuestros orígenes o incluso encubriendo el pasado pobre y rural de nuestros padres y abuelos. Solo aquel pueblo que conoce y es consciente de su pasado puede descubrir el camino de su futuro.

Es triste señalar que una sociedad rural, como sigue siendo la nuestra , ignore y desconozca la forma de vida de hace apenas cincuenta años y el nombre y utilidad de objetos que, arrinconados en algún camarón , eran las herramientas normales de trabajo de nuestros padres y abuelos. Tal es así que sin darnos cuenta y si no lo remediamos, en muy pocos años más, habremos enterrado nuestra cultura, sin darnos ni siquiera cuenta de ello. Alguien lanzó, no hace mucho tiempo, la idea de la “aldea global”, es decir una cultura común y única, a la que se accede siempre en la misma dirección, la que marca el pais más poderoso, a través de esos medios tan poderosos de comunicación como son las redes sociales, “feisbús“, “tuiter“, “guasas“, o todo ese sin fin de periodicos digitales, etc. [Al igual que, en su momento, asimilamos y castellanizamos su uso: football-futbol , goal-gol, empecemos ya, al menos a castellanizar también las expresiones de facebook-feisbú, whatsapp-guasá, twitter-tuiter, etc. ] La trampa para conseguir esa globalización, esa aldea global, consiste en hacer creible el mensaje de que nuestra cultura es antigua, es decir, paleta, de pocos conocimientos. Si a nosotros se nos ocurriese celebrar la noche de los “finaos” (la vispera de la fiesta de todos los santos), seríamos calificados casi de arcaicos o patanes; ahora bien si celebramos el Halloween, que es exactamene la misma celebración, pero en los paises anglosajones, -con otros ritos o formas-, entonces podremos ir por la vida de modernos y cultos. Quizás es que nos hemos dejar llevar por excusas comprensibles y fáciles de entender y creibles. Por ejemplo con Papa Nöel y los Reyes Magos y la verdad es que si los juguetes se les regalan a los niños el día de Reyes, no tendrán tiempo para jugar o disfrutar de ellos, así que mejor es hacerlo siguiendo la cultura anglosajona de regalar en Navidad…. Y así cuanto más queramos profundizar en el conocimiento de los nuevos medios, mas tendremos que esforzarnos por conocer el inglés y dejar un poco aparcado el español; cada vez iremos perdiendo más nuestras raices para llegar al objetivo previsto por las grandes empresas: tener una sola cultura universal, ¡la suya!

Los pueblos que se mantienen son aquellos que incorporan a su vida, o a sus formas de trabajo, o a sus estudios, todos los avances que se producen pero siendo conservadores de su propia forma de ser, de su señla de identidad, todos esos detalles que los diferencia de otros. Esos pueblos grandes hacen de su cultura, de la vida cotidiana de sus antepasados verdaderas hazañas, se sienten orgullosa de ellas y las mantienen vivas en el recuerdo y en sus conmemoraciones.

Creo que en alguna ocasión escribí algo parecido a esto: “….En un descuidado y cerrado camarón, que aún no ha sido derruido porque la casa es muy grande, duerme esperando una mano amiga, parte de una vida o quizás de muchas. Dentro el polvo y el olvido oculta ilusiones, esperanzas, alegrías, tristezas, esfuerzos, descansos, buenas y malas cosechas… Un ubio y una collera cuelgan de un palo, ya viejo, encastrado en la pared, medio caidos, como con miedo a perderse definitivamente en el olvido, al igual que ese poso de aceite, casi tierra, que permanece en el fondo en las viejas orzas que hace tiempo dejaron de utilizarse. Al timón del arado que se arrastra a lo largo de la cámara, la falta de aire y de lluvia le ha abierto heridas en, su antes, dura madera, ahora resquebrajada y vacilante. Las guarniciones y los tiros colgados desde la última vez que se utilizaron, -antes de una negritud brillante-, se muestra blanquecinos por el polvo que han acumulado y agrietados por la falta de grasa que tan amenudo untaba su dueño. Las alegres campanillas, con borlas y cintas que una novia había ido adosándole, se hayan ocultas bajo el velo verdinegro de la suciedad, ¡con lo que antes relucían!. Alguna reja con la punta roma y restos, ya casi piedra, de la tierra que removía, descansa su antigua fuerza sobre un rollo despanzurrado en el que aún queda restos de la paja que le daba forma. Al fondo una escusa colgada de un clavo guarda, aún, en su interior un trozo de pan negro y piedra y un tubo de goma tapado con corchos en cada de uno de sus extremos, lleno ya de sal medio ennegrecida que no dio tiempo a consumir. La varijá se mantiene en pie, apoyada en la pared, como haciendo guardia a la deslumbrante actriz dibujada en un antiguo cartel en los que antes se anunciaban las películas. Las diversas horcas se encuentran tambien de pies, abrazadas entre sí por un manojo de cordetas que las entrelazan para evitar que se separen. Mas al fondo, como guardando distancia y categoria con el resto de los cachivaches del camarón, unos viejos baules permanecen celosamente guardados como si en su interior guardasen maravillosos tesoros…

En esa misma casa, en la planta baja, en una amplia cocina donde conviven lo antiguo y lo moderno, una vieja estera de esparto y un frigorífico ya no muy moderno, un hombre ya mayor habla pausadamente con otro más joven. Fuma, aún tabaco picado, de ese de “cuarterón, que lía maravillosamente deprisa y bien prieto, dejando una vez encendido que se vaya consumiendo pegado a sus labios, sin apartarlo de ellos, en continuas caladas. Ya no utiliza la cotidiana boina, pero aún se adivina en la palidez de su frente, en contraste con el moreno intenso de su rostro. Llevan un buen rato platicando y de vez en cuando los rayos del sol que juguetean con la vieja persiana, hacen que cierre los ojos momentáneamente, mientras hace visera con su mano en la frente. No ceja en su conversación y habla de mil cosas, casi como diciéndolas al mismo tiempo. De pronto, pausadamente, se levanta.

Ven -le dice a su joven acompañante que debe ser un sobrino-nieto.

Y apoyándose en él y en un sencillo bastón, -es mi tercera pierna, si no fuera por él-, le lleva al antiguo corral. El suelo del mismo es el de siempre. Dice que para que le va a echar ya cemento, aunque la verdad es que cuando llueve un poco se hace un barrizal enorme… Al fondo se ve los restos de lo que fue un carro, aalgo mas que las ruedas y una de las varas del mismo. El hombre mueve la cabeza como no queriendo verlo y se dirige a la escalera que conduce al viejo camarón. Antes fue parte de un pajar.

-La verdad es que no se si estará como te lo he contado porque ya hace años que no subo

Abre la puerta a pequeños empujones. Si parece cierto que no sube desde hace tiempo. La oscuridad parece asustarse de la imprevista luz. El hombre abre tambien una de las ventanas, apartando con aspavientos las tupidas telarañas y también a la luz que hacía tiempo no penetraba en ese lugar y dice con nostalgia,

-Ya ves. Esto que era nuestra vida ha terminado en cuatro trastos inútiles. Ya no sirven para nada, igual que yo.

Y el acompañante, intentando aprehender con la mirada y el corazón ese momento, se da cuenta de que todo eso no solo es la vida del hombre que lo enseña, sino que es tambien parte de su vida y su cultura, de esa cultura que no quiere perder y que quisiera explicar.

Un regusto de historia viva y vivida se esparce por el viejo camarón y nos pide que demos una vuelta lenta por nuestro pueblo, por nuestras casas, por nuesros viejos caminos, abramos las cámaras olvidadas y los baúles cerrados, entremos en la memoria de nuestros mayores y dejemos que ellos nos muestren, en toda su verdad, nuestra cultura, esa cultura que es patrimonio de nuestro pueblo, que no podemos dejar que se pierda porque si eso sucede, poco a poco, iremos olvidando nuestra propia esencia. Cultura es saber, conocer, comprender, … pero sobre todo cultura es cultivo: recoger, guardar y sembrar para que otros puedan volver a recoger. (Me gustaria que todo se entendiera bien. No deseo, como es lógico, que vuelvan esos viejos tiempos, ¡hasta ahí podíamos llegar! pero si tener presente como vivían, los nuestros, cuales sus sacrificios, cuales sus ilusiones, como fueron adaptándose a los paulatinos y cada vez más rápidos cambios; la tristeza de los que se tuvieron que ir a otros lugares, la tristeza de los que iban quedando…aunque si se quedaban era porque todavía podían aguantar, o.. no se atrevían a empezar una nueva vida fuera de su pueblo.

Chicas en la escuela (Fuente: Archivo personal)

Chicos en la escuela de Don Miguel Barberan (Fuente: Archivo personal)

En la era (Fuente: Archivo Miguel Angel Cándenas)

Recogiendo un premio (Fuente: Propiedad de Pacito Molina)

De baile ( Archivo: Propiedad de Pacito Molina)

De paseo por el “pasto” (Fuente: Archivo Personal)

Foto en “Paces” (Fuente: Archivo personal)

Justo ahí esta ahora la Unicaja. En el cartel de la tienda se lee RODRIGUEZ (Fuente: Archivo Personal)

Alumnos de D. Jose Luis

Creo que es el Loro (cuidado que es apellido y no mote) en la bodega de Don Tomás

En las escuelas del parque de la iglesia Doña Anita (no recuerdo el nombre de la otra maestra. Alguna me lo decis y lo pongo) con sus alumnas

Con María Muñoz, la peluquera y catequista. ¡Despues de la catequesis al carnaval. Estábais en todos los “fregaos” [Despues me he enterado de que no iban de carnaval, sino para pedir para el domund o la santa infancia]

Bueno pues con todas estas fotografías quiero resumir un poco el “poyete” de hoy. Cuando hablo de cultura, quiero decir vida, costumbres, imágenes que no pueden perderse y mucho menos olvidarse. Haced memoria y haced preguntas: ¿Quién es?, ¡Ah, sí, ya recuerdo, ¡Como pasan los años! ¡Cuánto tiempo hace que no las/los veía! ¿ Algunos se fueron a Valencia!… ¡Cuántos faltan ya!. Dadle vueltas, preguntad a otras personas, perece la pena revivir nuestros recuerdos en esos años que eramos peques, mozos/as, jóvenes, ….. Y habrá que hacer algo para que no se pierda nada de esto. Gracias a Pacito que al ensañarme esas fotos me ha hecho recordar tantas cosas que, poco a poco, iremos recordando entre todos. Y, amigo Angel, sigue grabando la historia de Villarta que cuando pasen los años será necesaria la consulta de tus videos para conocer mejor lo que estamos viviendo. Muchas gracias.

Junto a mi abuela Josefa, a la que recuerdo en el poyete contándome historias, en mi primera comunión. Junto a nosotros: Don José, Macu(+), Visi, Felisa(+), Crescen(+), Yo, abuela Josefa(+) y Angeles (+)

José Muñoz Torres, cronista oficial.


2 respuestas a “NUESTRO PATRIMONIO: NUESTRA OBLIGACIÓN, NUESTRO RECUERDO, por José Muñoz Torres.

  1. Gracias “Pepe”( porque es como siempre te he conocido ) me has hecho saltar las lagrimas con esos recuerdos que yo tan bien he vivido y que los he tirado por la “borda”al vender la casa y no dejarme recoger esos recuerdos de los que tu hablas

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