De “paces a paces”, por José Muñoz Torres

Virgen Scan

Hoy el “poyete” se queda sin protagonismo. Los dos próximos días el protagonismo lo tendrá una pequeña plazuela, denominada hace mucho tiempo como Plazuela de Nuestra Señora de la Paz y hoy llamada con un nombre que a todos extraña y no utilizan; para todos, en la actualidad, es la plaza de la Ermita o ¿de los Mártires?, pero ¿no se podría volver a llamar con el nombre que siempre tuvo?. Decía que el “poyete” se queda hoy sin protagonismo porque durante estos días se necesita más espacio donde, fundamentalmente los villarteros, puedan contar todas esas cosas que les han pasado y que han vivido de “paces a paces”. Y además porque en esta plazuela humilde se vivió, se vive y, no nos cabe la menor duda, se seguirá viviendo la historia de Villarta. En esta pequeña plaza, sobre todo en estos días, se puede sentir en toda su esencia el corazón de un pueblo: el recuerdo de los que se han ido, las esperanzas de los que permanecen, la tradición de tantos siglos,  la emoción de sentir, otro año mas, la presencia de una Virgen sencilla, que llena los ojos de lágrimas alegres, sentidas, queridas, añoradas,… ¡cuando sale a la plaza el 24 de enero!; en esa pequeña plaza, también  del reencuentro, vemos abrazos interminables entre los que vuelven a verse,  ojos que miran al cielo y a la Virgen y que, nublados por lágrimas incontenibles, parecen ver el rostro querido de los que se fueron. Es un momento único, un momento en el que no hay diferencia de razas, e incluso, no hay diferencias de creencias; es más, algun que otro “ateo creyente”, como alguién se definió, gritan su “viva” incontenible a la Virgen que, a duras penas,  sólo es acallado con la  explosión de esos primeros cientos de cohetes; por cierto, cohetes de oración, de cariño o de piropos. [Los que no seáis de Villarta y acaso leáis este escrito de hoy, quizás no comprendáis lo que quiero decir y lamento que mis imprecisas palabras no puedan explicar claramente lo que se vive en esa pequeña plaza].

Ahí se van a vivir nuestras “Paces”; esas fiestas declaradas de “interés turístico regional” y para las que habrá que conseguir el reconocimiento de “Bien cultural de caracter inmaterial”, ¡que buena falta hace en estos tiempos reconocer como cultura los sentimientos y las tradiciones!.

Contábamos, hace años, el origen imaginado de nuestras fiestas -en realidad no tan imaginado- y decíamos: “… camino de Toledo, procedente de Montiel, llegó a Villarta el mensajero. La urgencia del viaje sólo le permitía un breve descanso en el pueblo. Terminada, apresuradamente, su cena y sin dar tiempo a más, dijo: ¡Ha terminado la guerra! ¡Don Pedro ha muerto en Montiel! […] La verdad es que, a aquellas pobre gentes, les importaba poco quien ganase o perdiese la guerra, pero el hecho de terminar significaba mucho para ellos: ¡Al fin y al cabo se habían hecho “Las Paces”…” Era el 23 de marzo de 1369 y a través de un largo puente de piedra -el de Villarta sobre el Gigüela- llegó a Toledo la noticia del fin de la guerra y a través del mismo largo puente vino, desde Toledo, la celebración. Y la anueva fiesta establecida con el nombre de Santa María de la Paz, fué acogida en Villarta y el año próximo harán 650 años que, Villarta, ha venido celebrándola.

Desde esa fecha, Villarta, ha vivido infinidad de “Paces”. No una por año, sino una por cada uno de los villarteros que han sido y serán. Y esas fiestas, íntimas e individuales, se unen a la Virgen de la Paz junto al fuego sagrado de la tradición y en su paseo interminable por las calles del pueblo. Estas fiestas son para vivirlas, no pueden sentirse de otra forma, pero si se puede, de alguna forma, ir hablando de algunos detalles.

Alguien, “de la noche a la mañana”, -nunca mejor dicho- ha colocado, esplendorosa, a la Virgen junto al altar para presidir las novenas y toda la fiesta. En el rápido atardecer de una tarde de enero, un pequeño grupo de personas a las órdenes de las Camareras de la Virgen, cierran las puertas del templo para no ser molestadas; y con emoción y calma se disponen a bajar a la Virgen de su camarín. Como todos los años, manos cuidadosas revisan el “joyero” de la Virgen. Es humilde, sencillo,…. Las joyas con que la engalanan no tienen gran valor, pero cada una de ellas recuerdan pequeñas cosas o historias, casi todas de amor a la Virgen. Por eso la mano anónima, elige ese cordón dorado en el que se engarzan alianzas de muchos que se quisieron y que tanto la amaron. Otras manos sujetan a su manto, con cuidado, otros muchos recuerdos que le han ido regalando. Poco a poco, lentamente, casi sin querer terminar, para estar mas tiempo con Ella, las manos pausadas van engalanando a la Madre. Al final es coronada con estrellas de amor y una mano de ternura, abierta y derramada, acaricia levemente sus cabellos. Ellas, las camareras, una vez mas, han llevado a cabo su amada tarea, y cerca, muy cerca de la Madre, sonrien. Luego en su casa, mientras guardan el antiguo mandil (que quizás ellas mismas bordaron), unas lágrimas caerán lentamente por su rostro. A los pies de la Madre, una año mas, han cumplido lo que tantas otras hicieron durante cientos de años. Y el templo, lleno de claridad inusitada, lleno de calor a pesar de ser enero, hará que brille esplendorosa la Madre, la Amiga: nuestra Virgen de la Paz.

Llega el día 14. La primera novena. La gran nave de la iglesia se va llenando a pesar del frío y de la hora. Empezará a las nueve de la noche; antes, en los alrededores de la iglesia, se ven grupos de personas que acuden, rápidas, para coger sitio. Dentro, en la sacristía, las monaguillas y monaguillos, hace tiempo que nerviosos, ya se han revestido. Los responsables de la Hermandad hablan con el “predicador” a quien, al final, le harán entrega de la tradicional ayuda económica. El templo se ha ido llenando de multitud de villarteros expectantes. Están muchos que representan todo: alegría, la familia, la esperanza puesta en la Virgen, la emoción, el silencio, la sorpresa, la plegaria,… Como diría uno de los poetas villarteros “No hay palabras que decir, ni silencios que llenar: Es el sentir del sentir [ALEJANDRO FONT]. Y empieza la “novena”. Todos se han puesto en pie y como una sola voz, vigorosa, el pueblo comienza otra vez el canto de ese himno que aprendieron de pequeño y que nunca, a pesar de cualquier cosa, han olvidado: ” Madre mia, luz y guía/Virgen Santa de la Paz,/Tú la Reina y gran Señora/ que bendices protectora/ a Villarta de San Juan/…  Se reza el rosario y, tras él, comienza la misa… en ella, el “predicador”, sorprendido por tanto y visible amor, inicia su sermón. Terminada la misa, el párroco proclama la plegaria herdedada: ” Santa María, Reina y Madre de los Villarteros: dinos al oído la palabra que cada uno necesitamos: humildad, fe, castidad, alegría, confesión, caridad,… Ábrenos los deseos de tu corazón: inocencia de los niños, pureza de los jóvenes, generosidad de los casados, elevación de los humildes, paz en las familias.. Pide, Señora, que hoy tus hijos están por complacerte… Un silencio abrumador parece dejar  oír  las peticiones de Ella y de nosotros. Y una serie de peticiones sencillas, de “andar por casa”, es contestada con un asentimiento claro: Virgen de la Paz: bendícenos, ampáranos, recíbenos”. El predicador, el párroco y los numerosos monaguillos se dirigen a los pies de la Virgen y todos los asistentes en pie, con los ojos puestos en la Madre, entonan la Salve, lenta, pausada, interminable,… Y ahí siguen todos de pie. Mientras cantan el último himno a la Virgen, el pensamiento de todos vuela hacia otros tiempos, hacia otros lugares,… Y cada uno de los presentes une a su corazón, los corazones de los que no pueden estar con ellos o de todos los que se les fueron. A un “Viva la Virgen de la Paz” impetuoso, sigue un viva clamoroso, unido y único. Y todos lentamente, hablando unos con otros, opinando, mejor o peor, de lo que ha dicho o como lo ha dicho, el “predicador”, se dirigen a sus casas.

El último día de novenas, nada más salir a la calle, cientos de móviles llevan el primer clamor de las “Paces” a los ausentes y desde su iglesia, un año mas, junto a los que están y sobre todo, junto a los que  no están, la Virgen oye las primeras y sonoras oraciones de sus hijos de Villarta.

El día 23, en la madrugada, mucha gente joven con tractores han salido al campo a recoger la leña para la hoguera. Los mayores, los que antes la traían, están esperando la vuelta de los “leñeros”. Ante un café o una “copilla”, esperan hablando de sus cosas, pero sobre todo de sus otras “Paces” ya pasadas, cuando ellos eran mas protagonistas. Como siempre el diálogo empezará asi: “Antes era otra cosa..”. Hoy, sobre todo por la mañana, no es día de cohetes, pero en Villarta es el mejor medio de comunicación (hasta hace poco, ahora los móviles les han robado ese privilegio) y por la hora y por el ruído todos podrán imaginarse que ya han llegado los lecheros.  Al abrigo del frío y aprovechando el tímido sol de enero, el diálogo entre los leñeros, abre espontáneos corrillos donde se cuentan mil y una aventuras de “paces“. A escasos metros de la plaza, ocupada la antigua calle de Lugarnuevo (actual calle de Nª Sª de la Paz) por remolques exageradamente llenos de leña, los “leñeros” se acercan a la plaza donde se disponen a dar cuenta de una buena “caldereta” de cordero, como manda la tradición.

En otra pequeña plaza (todas las plazas son recoletas y sencillas), la del ayuntamiento se empiezan a congregar los componentes de la banda de música (Banda de Musica “Villaharta”) y tambores y cornetas, las reinas, damas, autoridades y un sinfín de chicas vestidas de manchegas dispuestos todos a hacer la ofrenda a la Virgen. y ellas “… en los ojos un destello que ilumina la mañana… Envueltos en capas negras los niños le llevan flores,… y las niñas llevan flores a la Virgen de su alma. Otro de los grandes poetas villarteros, José Pérez Archidona, hablaba así  de este momento: 

“… ¡Qué bonita estás, mi niña!

¡Qué preciosa vas, manchega!

El aire que vas dejando

es tradición y es esencia.

Las “paces”, fiestas de amor, son como flores que brotan desde el mismo corazón. La comitiva, con las autoridades e invitados, van de una plaza a la “otra”, la de la Virgen, la de la ermita y la iglesia se llena toda de esperanza y alegría… manchegas de pocos meses, manchegos que apenas andan, “cobeterillos” sin miedo (al menos esta mañana),.. ¡Un pueblo que rie o llora a los pies de su Señora!.

Terminada la ofrenda van a desarrollarse dos actos bien distintos y relativamente distantes.Hay que elegir, por uno o por otro, porque los dos van a desarrollarse al mismo tiempo. O acompañamos a las autoridades al acto de inauguración de las fiestas, proclamación de las fiestas y pregón de las mismas, o permanecemos en la plaza viendo como “los leñeros” terminan de formar la ” tradicional ymonumental hoguera” ( asi se decía y se dice en los programas de festejos). A veces se elige ver algo de los dos acontecimientos y se tiene la suerte de ver lo mejor de cada uno.

En uno de los sitios, abarrotado de villarteros, un villartero que vive en otras tierras y que añora antiguas “Paces”, sube al estrado a proclamar su pregón (Esta es una costumbre nueva que se va convirtiendo en tradición). Sus palabras al principio entrecortadas por la emoción, van narrando vivencias nunca olvidadas. Recuerdos que permanecen, dentro, muy dentro del alma. Antes han subido las reinas y damas, presidiendo todos los actos, hasta el momento en que las manchegas de “Alborea” suben a mover sus faldas de fiesta al son de alguna rondeña o algún fandango manchego. Y en el aaire se dibujan, con sus airosas revueltas, historias nunca olvidadas de “Las Paces” villarteras. Y vuelve a decir el poeta:

De orden de la autoridad….

se hace saber a las mozas

que flores hay en la Mancha

y ellas son las mas hermosas,

y entre las mozas no están

todas las que se casaron

desde vendiamia acá”

                                                                                 [JOSÉ PÉREZ ARCHIDONA]

Y al final la “cantaora”, dice: la despedida te echo/ que me voy/ que tengo prisa/ que antes de una hora/ me tengo que ir de visperas.

Mientras tanto, en la plaza han quedado los leñeros acercando sus remolques. De los viejos encinares traen a la plaza la leña convertida en cumplimiento  de agradecidas promesas. Y el aroma de los montes llena de olores la plaza. La Virgen desde su altar, quizás huela los esfuerzos, los anhelos, los amores y el cariño de sus hijos de Villarta. Mientras tanto, después de otro año, Pacito espera pacientemente. Es la gota de la tradición más pura y cada una de esas gavillas, amorosamente atadas, serán el simbolo vivo y exacto de las ciento de hogueras que Villarta ha ofrecido  a su Virgen de la Paz.

En las casas, en muchas de las casas, esperan solemnemente el maravilloso “Cocido de paces”, joya gastonómica que no siempre se degusta con la calma necesaria y mucho menos se reposa. De todas formas esta es otra elección de la mañana de San Ildefonso y la gente menos joven, en la tranquilidad de la casa, todavía no “asaltada” por familiares y amigos venido de fuera, algún que otro matrimonio dan buena cuenta de las “almóndigas”. 

Y es que las fiestas son agotadoras. La misa de visperas es a las cuatro y media (¡date prisa que no llegamos!) y terminada esta, un año mas, sale la Virgen a su plaza, a estar en su pueblo y con su gente. Mirando al cielo, tras de la banda de música, “las monaguillas” y monaguillos se disponen a encabezar la procesión, con el estandarte de la Virgen abriendo la marcha. El ritual ordenaba, y asi se cumple,  que el día de Vísperas, la Virgen fuese llevada desde su pequeña ermita a la iglesia Parroquial para allí empezar su fiesta. ¡Que alegría este año, ver la Iglesia de Santa María, arreglada y bien dispuestas y volteando campanas para hacer oír la fiesta”. El otro poeta, ALEJANDRO FONT, DECÍA:

Antes que de seda fuera,

la Virgen vestía un manto

de besos de Villartera

El sol de invierno de la tarde fría de enero da sus últimos brillos. La Virgen, apoyada en los hombros de sus hijos, se ve amorosa y complaciente; avanza unos pasos y se detiene. Alrededor, en ventanas y blacones, su imagen se repite en múltiples carteles. Como alcaldesa perpetua de la villa hace parada obligada junto a la casa consistorial. Al día siguiente, 24, desde este mismo lugar se iniciará la puja de los brazos. Y desde sus andas, estará con todos, recibiendo las últimas promesas o las infantiles ilusiones de los niños.

El templo ahora vacío, se iluminará de pronto con las llamaradasde amor de un pueblo.

Dentro de poco, la monumental y tradicional hoguera. Y son los versos de José Pérez Archidona los que brevemente nos hablan de ella:

… Bajo un manto de luceros

quedó encendida en la noche

una promesa de fuego.

…..

Noche de San Ildefonso,

con resplandores de incendio,

yo convertiré tu plaza

en monumental brasero

para quemar de los montes

aromáticos inciensos.

…..

Yo te ofrendaré esta noche

los troncos mas corpulentos,

que serán humo a tus plantas

en torbellinos de fuego.

Aún se afanan en limpiar los rescoldos de la gran hoguera de la noche anterior; aún se están recogiendo los últimos en abandonar el baile; aún los chicos dan vueltas, nerviosos, en la cama; alguna ama de casa ya ha madrugado para preparar un buen chocolate con tortas de “paces” ,… cuando de pronto el silencio se rompe y un trueno grava y seco hace la primera llamadapara acudir a la colocación de la Operación 2000.

¡ Ha llegado el gran día y un pueblo se pone en movimiento para festejar a su patrona!

El colorido de las peñas coheteras va llenando, poco a poco la pequeña plaza. Dentro, en una iglesia totalmente llena, tiene lugar la solemne función religiosa concelebrada por varios sacerdotes. De pronto se oye un canto largo, profundo, querido y las puertas se entreabren y un impetuoso “Viva la Virgen de la Paz” seguido de vivas y aplausos acalla los murmullos de la plaza. Los estandartes de la Virgen anuncian la inmediata salida de la Virgen y sobre los hombros de sus hijos la Virgen sale a la plaza. Toda la plaza, todos los rostros, todos los ojos buscan a la Madre. Como decía un poeta anónimo, de esos en que la rima es innata cuando deja hablare a su corazón:

No les pesas; María,

ni ellos hoy tienen prisa.

Quieren ver tus ojos claros,

quieren ver como los miras.

La larga procesión, el  larguísimo paseo de la Virgen de la Paz, por su pueblo, daría pie a miles de palabras por cada metro que recorres. Un suspiro, un ¡Madre mia!, un llanto sin saber por qué, una sonrisa añorada…. Tras una ventana una persona mayor, un enfermo, que tras los cristales crispa sus manos para intentar alcanzarla,… promesas que se van cumpliendo; agradecimientos, unos porque han salido bien las cosas, otros porque en otra ocasión serán… Asi minuto tras minuto, hora tras hora; van y vienen los que no tienen calma para seguir el paso lento;  los que ya la sienten cerca, de pronto y sin que nadie los vea, dan la vuelta para buscar un sitio apartado donde hacer romper su pena en llanto tranquilo, recordando amontonadas las mil ideas y vivencias del año que ya ha pasado. Llega un momento en que los miles cohetes callan, en que las palabras enmudecen, en que los corazones  quieren engancharse a alguno de esos cohetes que suben tan altos, casi cerca de Ella. Y esa nube blanca que se va haciendo grande, estalla presurosa ante el silencio del pueblo; un año más la Operación 2000 ha llenado el cielo del amor de un pueblo a María. Y Ella en un nuevo trono, hecho con simbolos de las peñas que la siguen,.. Ella, desde ese mirador a la vega que debería llamarse, desde ya, Mirador de la Virgen de la Paz, Ella digo, mira a todos cuantos están a su lado y les tiende sus manos, y hace que todos vean la sonrisa en su cara y hacen que… todos la quieran.  Termino con los versos de Alejandro Font:

VILLARTA TIENE UNA ESTRELLA

ENTRE LA TIERRA Y EL CIELO.

DURANTE EL AÑO LA ADORA

Y LA MIMA POR ENERO.

DSC_7655.JPG

(las imágenes de este poyete las podéis ver en el corazón de cada villartero)

José Muñoz Torres, Cronista oficial.


One response to “De “paces a paces”, por José Muñoz Torres

  1. Pepe, me gusta mucho el relato que haces del proceso de “toda las paces de un año”. Me parece un informe, hecho con la realidad y el corazón, de lo que se hace, se vive y se siente. Yo añadiría, respecto al apartado pirotécnico, lo que se ha ganado en seguridad a todos los niveles: el comportamiento de peñas y coheteros en general, el cambio de ubicación del lanzamiento de la “Operación 2000” que ya, desde hace dos años, son los propios “polvoristas” los que se encargan de colocar los cohetes, la concienciación bastante generalizada en el pueblo respecto al acatamiento de las normas que van surgiendo… aunque aveces, algunos espectadores cometemos mas imprudencias que los que manejan la pólvora. Es seguro que algunas costumbres nos nos cuesta cambiarlas pero todo sea por el bien de nuestra “Paces”.
    Muchas gracias por este “poyete” y, espero el siguiente.
    Saludos.
    Ángel.

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