LA PRIMITIVA ERMITA DE LA VIRGEN DE LA PAZ, por José Muñoz Torres

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Los datos mas antiguos sobre la ermita de la Virgen de la Paz los encontramos en las Relaciones de Felipe II, en las que se dice que fuera del pueblo hay una ermita que se dice de Nuestra Señora de la Paz. Esta ermita se refiere a la existente antes de la antigua ermita derribada en la segunda mitad del siglo XX para construir la actual iglesias, que difícilmente, ni las personas de mayor edad de nuestro pueblo recuerden pero que su presencia se vislumbra en una antigua fotografía aérea que servía de portada a un libro de fotografías de Villarta. Se trataba de una ermita con paredes blanqueadas, posiblemente de mampostería y que, quizá, algún experto en tratamiento de imágenes, podrá darle mas luz a esa antigua foto y con ello podremos hacernos una pequeña idea de lo que era es pequeña ermita que albergó durane tmuchos siglos la imagen de la Virgen de la Paz, “especial devoción del pueblo a quien tiene por patrona”, como refería un antiguo párroco de Villarta, Frey Don Gregorio de Tejada, allá por el año de 1752. 

Como ya hemos referido muchas veces, la guerra de Independencia ocasionó muchos desastres a nuestra villa, arrasada e incendiada en 1809 y con ella gran parte de sus principales edificios entre ellos la Iglesia parroquial que sería reconstruida y abierta nuevamente al culto en el año 1819. Mientras duraron esas obras, el culto, para los pocos vecinos de Villarta que, poco a poco, iban volviendo al  pueblo, se celebraba en la pequeña ermita de la Virgen de la Paz, tan pequeña y modesta que, por su insignificancia, ni se tomaron la molestia de  destruirla aunque  los franceses,  -pensamos- si expoliarían la ermita haciendo desaparecer  o robando la imagen de la Virgen de la Paz y cuantos objetos de culto hubiese en ella; bien es cierto que nos queda la duda, de si el último Prior, Frey Don Blas Olmedilla,  se llevase con él -en su presurosa huida-, la imagen de la Virgen. Después de esa desdichada guerra no hay o al menos no hemos encontrado, hasta ahora, ninguna noticia de que la imagen fuese salvada del saqueo o de la destrucción.

El primer párroco de Villarta después de la Guerra con los franceses, Frey Don Rafael Moro Guerrero (del que hemos hablado en nuestro anterior “poyete”) poco se molestó en requerir ayuda del gran Prior Don Carlos María para restablecer el culto en Villarta de forma decorosa, aunque parece que tuviese bastante con su problemas de “salud”, juegos y demás chanchullos. Pero si le hizo llegar la noticia al citado gran Prior de que era necesario que en Villarta se dijesen los días festivos dos misas porque la ermita donde se celebraba era tan pequeña que la mitad de la población se quedaba en la calle sin poder asistir a ella. Parece ser que realmente lo que buscaba era que le asignase como ecónomo a un presbítero pagado por el priorato que le permitiese al párroco titular quedar con una actividad más relajada o mejor dicho que le permitiese  descargar en el teniente de cura toda la actividad parroquial.

El caso es que uno de estos tenientes de cura D. Josef Díaz Pavón, presbítero de Herencia, insistió para que al menos se ampliase la pequeña ermita y es asi como el Secretario de Cámara del Gran Prior, Don Antonio Maria de Izquierdo, se pone en contacto con el aparejador oficial del Priorato, Don Joaquín Francisco Perez, para que pasara a Villarta para ver las posibilidades mas convenientes para acometer unas pequeñas obras de ampliación de la pequeña ermita. El 4 de marzo de 1816 el citado aparejador contesta al Secretario del Gran Prior, diciéndole:

” Cumpliendo con la  superior orden que Vuestra Señoría me ha remitido de fecha de 13 de febrero de 1816, por la cual veo que el Serenísimo Señor Infante Don Carlos María, mi venerado amo, ha condescendido con los buenos deseos del Pavón [Frey D. Josef Diaz Pavón, teniente de cura] de la villa de Villarta, y por tanto S.A. manda, a fin de que en los días festivos no quede privado aquel vecindario del Santo Precepto de la misa por lo pequeña que es la ermita que sirve de Parroquia, se haga en su pórtico una ampliación con cuatro pies derechos de madera y tejado correspondiente; todo lo cual me comunica Vuestra Señoría de real Orden para que pase a la referida villa de Villarta, donde arreglándome a lo dispuesto por Su Alteza regule su coste a lo menos posible, remitiendo enseguida a manos de Vuestra Señoría la correspondiente certificación y en cumplimiento de cuanto se me manda, he pasado a la antedicha Villa en donde he practicado el debido reconocimiento en la antedicha hermita que sirve de parroquia”.[ARCHIVO DE PALACIO. SECRETARIA. Legajo 293]

que nos va a permitir conocer, al menos, la forma y dimensiones de la ermita, de la que algunos viajeros habían hablado sin hablarnos ni de como era ni como la Virgen que en ella se veneraba. [Curiosamente no hemos tenido mucha suerte a que algunos de los viajeros que pasaban por Villarta nos dijeran algo de nuestra Virgen. Digo esto porque en 1774 un ilustre científico y sacerdote canario, José Viera Clavijo, al pasar por Villarta, y después de recorrer un poco el pueblo, se acercó a la pequeña ermita y a pesar de que la “santera” le puso inconvenientes pudo pasar a rezar en ella. Lo curioso es que no dijese nada en su escrito, al menos mostrar su sorpresa al tener delante de él una imagen de la Virgen de la Paz, muy venerada en pueblos cercanos al suyo en Canarias….] Bien, a lo que íbamos. el aparejador dio su informe de la siguiente forma:

“La cual [la ermita] forma un paralelogramo rectángulo cuyas dimensiones son por la parte i a cuatro aguasnterior de 60 pies [Equivalente a 18’24 metros; 1 pie=0’30 metros] en su línea mayor y rebajados de estos 12 pies que ocupa en esta línea la sacristía, incluida la pared que la divide se quedan útiles 48 pies, en la línea mayor y 15 de ancho [4’5 metros] por la menor, única superficie para el uso de los fieles, cuya ermita se halla con la elevación de 14 pies [4’20 metros] atirantados sobre dichas paredes, cubierta con su armadura de parilera  [Armadura de cubierta formada por pares que entestan en la hilera sin auxiliarse de nudillos. Se llama también armadura de par-hilera], forjada de bovedillas, y sobre esta su correspondiente tejado  a cuatro aguas. Se encuentra aislada entre dos caminos muy próximos a los testeros; el uno al testero donde está el altar mayor y sacristía que se dirige a Argamasilla de Alba y el otro opuesto a este que es el Camino Real.[Archivo y legajo citado]

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Plano de la primitiva ermita y ampliación de 1816 (Elaboración propia)

Definida la situación, en aquel momento de la ermita, ya incluida en el espacio urbano de Villarta, la única posibilidad de ampliación es la de dirigirla hacia la plaza duplicando por tanto la escasa anchura del primitivo edificio de no mas de 4’5 metros hasta alcanzar una anchura total de 9 metros. Por eso el aparejador, estudia la ampliación más lógico y no adaptándose a la escueta de 4 pies (1’2 metros) que le había sugerido el Secretario del Gran Prior. Es por eso que presenta un proyecto distinto:

” En esta diligencia y tratándose de la referida ampliación, por ninguno de los puntos indicados es asequible y solo me parece ejecutarse en la línea [fachada]que mira al pueblo, en donde se halla la puerta de entrada, en cuyo sitio se ampliara mas su hueco, con el diámetro de 15 pies formando un arco hasta la elevación que permite el tejado y desde estos dos extremos se formarán dos paredes, con la distancia una de otra, de los mismos 15 pies y 20 de largo y en su frente se colocará la puerta de entrada, resultando por esto la figura de una cruz latina sin cabecera, debiéndose mudar al frente de la nueva ampliación, de forma que con dicha operación entiendo quedará la capacidad correspondiente por ahora para aquel vecindario..” [Archivo y legajo citado]

Este planteamiento, en aquellos momentos, sólo tenía un grave inconveniente y era la situación del nuevo altar. En la antigua ermita, así como la parroquial el altar mayor estaba situado en el testero que se orientaba al oriente y asi en todas las iglesias, catedrales y ermitas era como se encontraba ubicado el altar mayor. Sin embargo, en este proyecto, el altar mayor va a orientarse hacia el sur. Evidentemente, la solución planteada era la lógica ya que de mantener el altar mayor en el mismo lugar en que antes se encontraba, los fieles que ocupasen la zona de ampliación no tendrían visible ni el altar mayor, ni la imagen de la Virgen. Cuando se construye la nueva ermita, prácticamente después de la Guerra Civil, la nueva ermita queda nuevamente con el altar mayor situado en el testero del oriente. Después al edificarse la actual iglesia el altar nuevamente queda situado en el muro orientado al sur. [Esta situación del altar no es habitual y sólo en iglesias edificadas en la actualidad buscan otra orientación adecuada a la mejor utilización de los espacios. En cualquier caso si nos damos una vuelta por las iglesias de nuestro entorno, incluida nuestra iglesia v formarse de mamposteríaieja, veremos como todas están con el altar mayor hacia oriente]. La edificación de los nuevos muros de la ermita se realizará de mampostería  y en el informe detalla la forma de acometer dicha ampliación:

” Estas dichas paredes de la ampliación deben formarse de mampostería de dos pies de grueso [60 cms. de grosor]nivelando su altura con la de la ermita y de consiguiente sin atirantado y armadura de  parilera forjada de bovedilla con su correspondiente tejado del que resultarán dos líneas oyas [Línea hoya: Cuando la línea formada por las dos vertientes es entrante] sobre el de la ermita y dos líneas tesas [Cuando el ángulo o arista formado por dos vertientes de un tejado es saliente] dos lineas en el testero sobre la puerta de entrada…” [Archivo y legajo citado]

Par un nudillo e Hilera
Armadura de Par-hilera

Continua el aparejador:

“.. Este es el medio mas sencillo que hallo para facilitar dicha ampliación y de ningún modo podría ser con los cuatro pies derechos de madera y tejado correspondiente pues en este caso resultaría que además del rompimiento de la pared no permitiría la elevación correspondiente impidiéndolo la dirección de las aguas del tejado de la ermita y siempre sería necesario en los huecos o intervalos de los pies derechos formar algunos tabicones para que quedase cerrado y de todos modos nunca podría quedar con ninguna proporción para el efecto.” [Archivo y legajo citado]

El único problema que tenía el aparejador era el de solventar el mayor importe de esta ampliación por ello se adelanta a la posible negativa de las autoridades del priorato explicando el coste detallado de toda la obra:

” No hay duda el que propongo es algo mas costoso, pero no encuentro otro arbitrio, que siempre serán necesario para ello cuatro mil ciento y cincuenta reales en esta forma:

6 fanegas de yeso blanco a 20 reales ………………………..                   120

1440 pies cúbicos de mampostería a 3/4 de real cada uno….       1080

30 tirantes de 15 pies a 25 cada uno………………                                  750

3000 tejas a 15 reales cada ciento…………………                                  490

100 fanegas de yeso pardo a 3 reales…………………..                         300

Labos mayores y menores, espuertas y lias…………………..            150

Jornales de operarios……………………….                                              1300 

Cuyas partidas en una suma son los mismos figurados cuatro mil ciento cincuenta reales de vellón como aparece de sus partidas, esto es cuanto entiendo y puedo informar a Vuestra Señoria en el particular para los efectos que haya lugar. Lo que certifico como aparejador de las obras del Gran Priorato. Alcázar de San Juan cuatro de marzo de 1816= Joaquín Francisco Pérez.[Archivo y legajo citado]

Con fecha 23 de marzo de 1816 contesta D. Antonio María Izquierdo comunicando la autorización para dichas obras:

” En vista de la certificación que Vm. me ha remitido con fecha 4 del corriente expresando los gastos que considera precisos para la ampliación de la Hermita que sirve de parroquia se ha dignado el Serenísimo Señor Infante Don Carlos, mi augusto amo, por su real decreto del 18 de este mes se haga la citada ampliación en los términos que Vm. propone procurando no exceda de los 4150 reales que ha regulado Vm. En su consecuencia devuelvo a Vm. original de la relación citada y diseño incluido de 4 de este mes. Madrid 23 de marzo de 1816″. [Archivo y legajo citado]

La ermita de la Virgen de la Paz sirvió de parroquia hasta el 20 de febrero de 1819, día en que en una solemne procesión, fue trasladado el Santísimo desde la citada ermita hasta la Iglesia Parroquial, una vez que habían terminado las obras de restauración. Con toda seguridad, las obras de ampliación de la ermita quedarían terminadas en ese año de 1816 o principios del 1817, es decir, hace exactamente doscientos años. Son muy pocos los datos que disponemos sobre la actividad de esta ermita, pues su no pertenencia a la jurisdicción eclesiástica, hacía que la misma no figurase para nada en la actividad parroquial, exceptuando la función religiosa del 24 de enero y la celebración de novenas y vísperas.  El mantenimiento de la misma se realizaba con las rentas de las tierras que a nombre de la Virgen, eran administradas por el administrador de la parroquia hasta el momento en que las tierras son desamortizadas. La escasez de medios hace que el mantenimiento no sea tan eficaz como debiera y, poco a poco, la ermita se va  deteriorando, de tal forma, que en el primer tercio del siglo XX, como veremos en su momento, tiene que ser cerrada al culto para su reparación y posterior edificación de una nueva ermita que sí hemos conocido muchos de nosotros. Al final, el deseo de varios siglos de disponer de una iglesia parroquial mayor que la “iglesia vieja” provocó el derribo de la ermita, cediéndose los terrenos para la construcción de la actual parroquia. Asi se perdió la vieja ermita (la úlima no tan vieja)  al mismo tiempo que la vieja iglesia parroquial, una vez que dejó de tener culto cotidiano, fue cayendo en un gran deterioro que se ha podido corregir a tiempo, gracias al empeño del párroco actual, Don Juan Carlos, y de todo el pueblo que, con todas  sus asociaciones, han hecho posible su espectacular  restauración.

José Muñoz Torres, cronista oficial. 

 

 


2 respuestas a “LA PRIMITIVA ERMITA DE LA VIRGEN DE LA PAZ, por José Muñoz Torres

  1. Muchas gracias, señor, por éstas y tantas aclaraciones. Lástima que no haya imágenes (pinturas) que nos mostrasen la imagen de nuestra Virgen de la Paz en aquellas épocas tan lejanas en el tiempo. Por otra parte te agradezco un montón esos planos que nos haces, de tu “fabricación propia”, para situarnos lo más real o aproximadamente posible.
    Recibe, Don José, un cordial saludo de un admirador de tu trabajo y… hasta cuando nos emplaces en tu siguiente “poyete”.

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    1. Mantenemos la duda de si desapareció la imagen de la Virgen de la Paz durante la guerra de Independencia. Creemos que si pero en cualquier caso no descartamos la idea de que el Prior Blas Olmedilla la guardase o llevase con él. Muchas gracias por tus comentarios, Angel

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