EL PUEBLO QUE NO CONOCE SU HISTORIA ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA, por José Muñoz Torres.

El título anterior requiere primero, conocer nuestra historia y no arrinconar palabras como: perdón, lo siento, me equivoqué, etc. porque en nuestra historia descubriremos errores, malas decisiones, ofensas, injusticias, etc. y si no las rectificamos, es bien seguro que, o no conocemos nuestra historia, o es que nos importa tres cominos y de esa forma, si nos ha ido bien, la seguiremos repitiendo, les pese a quien les pese.

Mujeres después de hacer los «ejercicios espirituales» junto al párroco D.Pablo Cea Perea ( a finales de 1958). El revoco de yeso de la fachada de la iglesia se estaba cayendo. En esos años ya se pensaba en la consrucción de una nueva iglesia. Estamos en el momento de empezar a olvidarnos de la iglesia vieja. (Fuente: Archivo personal)

Iglesia de Santa Maria la Mayor poco después de sus obras de reparación (Fuente: Archivo personal)

Quizás sea una tonteria, pero....Se trataba de un simple papel, sencillamente colocado, tras un metacrilato, en una de las paredes de la iglesia, donde se contaba parte de la historia de nuestro pueblo, la historia de un pequeña y antigua iglesia que llevaba camino de desaparecer, tristemente olvidada (bueno quizás esa no sea la palabra justa) mejor sería decir, innecesaria porque para qué la queríamos; no era monumento artístico, no estaba abierta al público, salvo los dias de San Ildefonso y de la Paz, para cantarle dentro de ella una salve a la Virgen de la Paz o en los días de Semana Santa en que sus viejas puertas se abrían para sacar y entrar los humildes pasos de nuestras procesiones,… y después cerrada y convirtiendo su torre en enorme nido de golondrinas que en ella buscaban cobijo, … y ahí poco a poco, asi, poco a poco, se iba cayendo. Si las cosas tuviesen vida diríamos que se estaba muriendo de abandono, de pena, de olvido, como alguna persona que ya es innecesaria y es abandonada. Pero hubo una persona, un cura joven, bueno, una persona que ya es parte d enuestra historia, llamada Juan Carlos Pérez Troya, que no dejó que se muriera la iglesia. Lider, como ahora se dice, de un grupo de villarteros infundió ánimo, no escatimó esfuerzos y el pueblo de Villarta hizo caso y prestó su ayuda. Y poco a poco, la iglesia sintió nueva vida y los que por la noche o en sus descansos bajaban a dar su esfuerzo veían la esperanza de ver lo que vieron sus padres cuando eran jóvenes…. A lo que iba. En ese pequeño papel, hoy roto, que habrá que retirar pronto para que nadie vea nuestra desidia, se contaba su historia, la de ese edificio: su origen, su evolución, las desgracias que vivió, las alegrias que en ella se celebraron,… una pequeña historia, nada mas ni nada menos. Hemos de suponer que…. No es hora de poner adjetivos. El que lo hizo o los que lo hicieron sabrán el motivo. Aunque, a veces pienso, si no sería que les parecía mucha sencillez la del humilde folio, como si fuera insuficiente tan pobre papel para lo que en él se decía,… Ojalá fuese esa la razón. Así que volvemos a escribirlo, volveremos a difundirlo hasta donde las redes sociales lo permitan. De entrada, se trataba de un resumen de lo publicado en uno de mis blogs [ https://wordpress.com/post/josemunozvillaharta.blog/27298 ]. Pero por si acaso no queda claro cual era el pequeño interés de aquel folio hoy roto que permanece en el muro en donde fué puesto, quiero transcribir integramente mi escrito publicado en el programa de festejos de las «paces» del año 2018, titulado «… Y de nuevo brilla nuestra antigua Iglesia de Santa María la Mayor.» Decía así:

( A Juan Carlos, motor y guía, a sus incansables y eficaces colaboradores y a todo el pueblo de Villarta por el empeño, con su sola ayuda, de recuperar su patrimonio).

El 7 de octubre del año pasado 2017 escribia en mi blog: » Y lo que parecía imposible se está haciendo realidad gracias a la ilusión de muy pocos que han sabido contagiar a todo el pueblo para poder recuperar todo lo que la desidia y el olvido cubría de yeso ( quien dice desidia puede decir despreocupación, desinterés, acomodarse, dar por bueno, dejar que se pierda, etc.), sin poder adivinar, y mucho menos comprender el motivo de esa decisión.

Durante este último año han sido muchos los villarteros que en sus paseos diarios , se han pasado por la iglesia vieja para ver como iban las obras, eran muchos los que veían, día a día, como la iglesia vieja iba recuperando el sencillo esplendor que entre unos y otros le habíamos ido quitando, muchos los que, según la hora que fuese, se encontraban a Manolo, el «Sacris», aleteando por sus alrededores, solicitando algún dinero, tan necesario , para las obras; muchos los que con nostalgia deseaban oir el repicar de las campanas restauradas, muchos ….

Y no ha sido la primera vez que nuestra «vieja iglesia» ha sido restaurada, ampliada, agrandada, … desde sus primitivos cimientos del año 1236, cuando Villarta pasa al reino de Castilla y cuando unos humildes «viejos cristianos» tal y como dicen los escritos antiguos, se arrodillaban en un suelo, permanentemente removido, para enterrar, en sagrado, a sus difuntos. Desde aquellos momentos, en que quizás ni el edificio mereciera el nombre de iglesia, nuestra vieja iglesia ha sido objeto de muchas obras y de muchos desastres. En este blog hemos ido escribiendo, poco a poco, lo que los viejos documentos de los archivos del Priorato, se decía de Villarta y de su iglesia, ¡su iglesia de Santa María la Mayor!, como nuestros antepasados, allá por el año de 1575 la llamaban, respondiendo así a lo que el rey Felipe II les preguntaba. A base de pedir, «besando los reales pies» (era la forma oficial de pedir) de su alteza o majestad de turno, se fueron consiguiendo muchas cosas: un órgano espléndido ( como el que se conserva en la Iglesia de Herencia), imágenes, retablos, pinturas, adornos u objetos para el culto,… pero más deprisa de lo que se tardaba en obtenerlo, todo desaparecía, de pronto, por robos, huracanes, guerras o terremotos [Joseph Benegassi y Lujan, un ilustre escritor, oriundo de Herencia, hermano de uno de los mayores propietarios de la vecina villa, describía el famoso terremoto de Lisboa del año 1755, según se experimentó en la villa de Herencia ( y en Villarta aunque en su escrito no se cite) el día 1 de noviembre del año 1755, a las diez del día. Entre otras cosas decía: «.. Pero ay aquella torre/ Jesús, como cimbrea/ moviola tu justicia, / mas ya, la deteniene tu clemencia ,/ Jesús que todavia/ el riesgo persevera/Los templos se estremecen por no poder sufrir irreverencia/..

Primeros versos de la descripción del terremoto de Herencia el día 1 de noviembre de 1755 [Fuente: CIBeLES, CONSULTA 31 DE AGOSTO DE 2022]

Es de suponer que también la torre de Villarta se moviese y existe una primera restauración documentada de esa época de la que hemos hablado en nuestros poyetes. La Guerra de la Independencia, las guerras carlistas, la guerra civil, … De todos esos horrores salio adelante el edicicio de nuestra iglesia , con muchas peticiones, con muchas reformas pero faltaba el peor momento , aquel en el que no se consideró necesaria o suficiente y al igual que ocurrió con el puente viejo, se fue dejando que la iglesia vieja (la de nuestros padres y antepasados) agonizase, que se perdiese; todos sabemos que ni el puente (aunque sea monumento nacional) ni la iglesia son obras de arte que van a mover a otros organismos a su conservación y por ello nosotros somos los encargados de velar por ellos porque es una herencia del esfuerzo y, no placentera vida, de todos ellos. El puente romano se salvó de su destrucción por la iniciativa de unos cuantos aunque existe el riesgo de que si no limpiamos y lo mantenemos, puede volver a como estaba. Y, asi, mientras la iglesia se iba abriendo de arriba a abajo, como gritando, como pidiendo ayuda, alguien nos hizo oir sus gritos.

Y en ese momento, comenzó una historia que hay que contarla ahora que acabamos de vivirla, -quizás ese folio roto era lo único que perseguia-, para que no se olvide y sobre todo para que los que vengan después de nosotros, sepan el esfuerzo que se ha hecho y este hecho permanezca como ejemplo en la historia viva de un pueblo que se une para los grandes momentos. Dos artistas locales: Juan Alvaro Ochovo Caballero y Carlos Romero Gómez-Lobo han dibujado el fondo con los paisajes adecuados para acoger las imágenes de Santa Isabel (Donada por la Asociación de Amas de Casa), Zacarias (con la donación principal de Beatriz Henriquez de Luna) y un óleo con la vista de Villarta que acoge el Via Crucis, con el que se corona el altar mayor; se han recuperado pequeñas capillas, una de ellas, posiblemene, la de los Sorias, cegadas durante mucho tiempo, que han dejado ver los restos de uno de los raros «Arma Christi» dibujado en una capilla que permanecía tapiada [Los «arma Christie» es la representación de los instrumentos relacionados con la Pasión de Jesús. El fragmento, claro, del que ofrecemos de Villarta, representa un alfange y dos latigos, dibujado sobre el arco de la capilla. En el fondo de la misma aparece una cruz sobre un fondo de estrellas. Posiblemente un experto sobre este tema podría señalar más detalles que a nosotros se nos escapan].

Fragmento de un «Arma Christi» aparecidos en la útlima restauración ocultos y lo que se supone enterramiento de los Sorias. (Fuente: Iglesia de San Maria la Mayor. Foto: Archivo personal)

Se han hecho aparecer la piedra tallada de los cruceros, asi como las del arco de la única capilla importante existente al lado izquierdo de altar. En el recuerdo histórico, documentado, quedan los datos de otras reparaciones en especial la terminada en 1819 tras haber sido saqueada y medio destruida la iglesia por las tropas francesas y quizás también por alguien que pasase por un pueblo incendiado y algo, de lo que quedase en la iglesia, le pareciese interesante. Por disposición del Gran Prior de San Juan, Don Carlos María de Borbón se reconsruyó la iglesia, dirigida sus obras por el arquitecto Sebastian de Azcuaga y obras del pintor Zacarias González Velazquez ( Cuadros de San Francisco, San Juan y San Carlos Borromeo, desaparecidas durante la Guerra Civil, sin que nadie terminada la misma notificase su pérdida o su robo). Desde el final de la Guerra de la Independencia hasta el término de las obras de reconstrucción, la pequeña ermita de Nuestra Señora de la Paz, con la ayuda de su Hermandad, sirvió de parroquia a nuestro pueblo. Esta reparación se realizó pidiendo y pidiendo, y tiene un gran valor el saber pedirlo y conseguirlo, pero la reconstrucción de ahora ha sido uniéndonos unos a otros, poniendo cada uno lo que mejor sabía o podía. Lo de ahora ha sido un ejemplo de unión para conseguir algo, a pesar de las diferencias de cada uno.

Igual que entonces, el día 8 de diciembre de 2017, día de la Inmaculada una talla pequeña de la Virgen de la Paz, que preside la entrada al Ayuntamiento, fue procesionada de forma corta y sencilla, a nuestra restaurada iglesia, para que como Madre de todos los villarteros, poder compartir con ellos la alegría de un día tan especial. En ese día estuvieron presentes y concelebraron la misa, nuestro párroco D. Juan Carlos Pérez Troya, los párrocos de Daimiel D. Valentín Vicente Sánchez Rojas, anterior párroco , no olvidado sino querido, de Villarta y en ese momento párroco de Santa María la Mayor de Daimiel, Don Eulalio Asensio López, párroco de San Pedro de Daimiel, y D. Federico Alfonso Serrano Serrano, de la Parroquía de la Asunción de Puertollano. . La pequeña iglesia, con la presencia de la alcaldesa Dª Felicia Bascuñana y abarrotada de fieles y de miles y miles de recuerdos que, a veces, ahogaron la voz de quienes leían. Y un sermón que aunque un poco largo si creo necesario que quede para recuerdo de todos, sobre todo para que no olvidemos al que con su coraje y su entusiasmo impulsó a nuestro pueblo a recobrar parte de nuestra historia de forma entrañable y creo que inolvidable.

Don Juan Carlos Pérez Troya en la Homilia que transcribimos.

Don Juan Carlos y don Valetin.

Decía así:

Queridos hermanos todos:

No se si os podéis hacer una idea de lo que supone este día para mi y para todo el grupo de personas que durante los tres últimos años años, hemos estado trabajando sin descanso para llegar al día de hoy. No voy a relatar las noches interminables de trabajo que comenzaban a las 22’30 y terminaban de madrugada. No quiero recordar ahora las diferencias de opinión, la disparidad de criterios y forma de hacer las cosas. Hoy solo quiero ver lo que tenemos delante, nuestra querida «iglesia vieja» de San Juan.

Quiero empezar haciendo un poco de memoria. Quizás hay quien piensa que todo esto es un capricho o un exceso, pero todo empezó por pura necesidad. En 2014, las deficiencias de este edificio eran tan perentorias que el riesgo de hundimiento de la torre había pasado del mundo de lo posible a la realidad de lo próximo. La Hermandad de la Virgen de la Paz se había interesado en colaborar en su restauración. Ya no solo era la torre; también la cubierta había sufrido un desprendimiento y la cornisa de todo el tejado estaba rajada y cayendo desplomada. Tras consultar con peritos y pedir las debidas diligencias, comenzamos a buscar financiación. El Excmo. Ayuntamiento colaboró en la realización del proyecto y la obra salió adelante con la incertidumbre de tener que afrontar un préstamo, cuando aún no habíamos terminado de pagar la obra anterior. Sanear el edificio suponía tambien arreglar las humedades, renovar la instalación eléctica y construir un aseo. Hasta ahí lo proyectado.

Esa era mi inquietud por aquellos dias en los que un grupo de voluntarios preparábamos el escenario de una de nuestras cenas parroquiales. En la incipiente confianza de aquel tiempo comenzamos a hablar del esfuerzo que se pone en cosas realmente efímeras y a alguien se le ocurrió la idea de dedicar nuestro esfuerzo en construir algo para la historia de nuestro pueblo: un retablo para la iglesia «vieja», nos dijo, y en ese momento la bombilla se encendió. Quizás no era tan disparatado, quizás pudiera estar a nuestro alcance. Ahí fue cuando nos pusimos manos a la obra buscando el qué y el cómo hacerlo.

No están todos los que fueron, pero los que están si fueron

Fue Juan Alvaro y un servidor los que empezamos a dibujar y diseñar para que Pabli nos hiciera los planos y las medidas más técnicas; Gabriel, Jesús y Fernan los maestros carpinteros y las mujeres: Carmen, Mª Jesús Mascaraque, Sonia y Mª Paz Isla, las doradoras. A ellos se unió más personal, algunos para siempre como Mª del Mar y Conchi Chocano, Rosa, Dori, Mª Jesús Alameda, otros solo en algunas de sus fases: Ana, Noelia, Mª Paz Fernández, Rosi, Conchi Menchero y Emi. Quizás, aunque solo fuera por el equipo humano que hemos estado, hubiera merecido la pena tanto esfuerzo, pero ha sido mucho mas. Ha sido el deseo de hacer algo por nuestro pueblo y dejarlo para la posterioridad lo que nos ha llevado a darlo todo en esta obra y ahí es donde quiero detenerme , en la importancia de tener un proyecto común.

A lo largo de mi ministerio en este pueblo he escuchado muchas veces la opinión de que el pueblo de Villarta es un pueblo veleidoso, quizás por eso nos gusten tanto los cohetes, porque hacen mucho ruido, explotan y al final todo acaba en humo. No se si estas opiniones tendrán o no razón, pero lo cierto es que para luchar contra eso es necesario tener un proyecto , unas metas y ser constantes. Y eso es lo que este grupo ha demostrado con la obra de restauración de esta iglesia; que ponerse metas comunes y luchar todos por conseguirlo, une a las personas con lazos que duran toda la vida y que los resultados son hermosos cuando se pone todo el corazón en el empeño ¡Que importante es tener sueños e ilusiones y trabajar por ellos! ¡ Qué hermoso trabajar, codo con codo, con alguien para conseguir una misma meta! Os aseguro que la satisfacción por haberlo conseguido es mucho mayor cuando se ha compartido el esfuerzo y el trabajo.

Quisiera remacar también que los vínculos son importantes, pero que uno necesita siempre de una sana motivación para realizar las cosas. En las frias noches de invierno, cuando venir a trabajar era más una penitencia que un hobby, lo que nos ayudaba, por encima de todo, era saber que los otros tambien iban a bajar y compartir con ellos esos momentos servía para descansar de las preocupaciones y de los trabajos cotidianos. Es importante saber por qué hace uno las cosas, saber por qué uno se levanta cada día y por qué hace lo que hace. Es importante saberlo como personas y como creyentes: nuestra motivación es y debe ser siempre Cristo el Señor. No puede ser lo a gusto que me encuentro, lo bien que lo paso o la alegría de estar con quien me hace sentir bien. Cristo es el centro de la vida del creyente y todo lo que hagamos debe ser por Él y para Él. ¡Mucho cuidado con encallarnos en una persona o una idea! ¡Ni siquiera el sacerdote de turno! Que sea Cristo el que me lleva a comprometerme por el bien de nuestro pueblo y no la amistad con el cura, con la alcaldesa, o con el presidente de la Hermandad; que sea Cristo la razón de nuestro compromiso, quien mueva nuestras vidas, porque solo Cristo permanece y las personas vamos y venimos; ahora estamos aquí pero mañana no sabemos dónde estaremos.

Y no creáis que esto lo hemos hecho nosotros solos. Nuestro trabajo no hubiera podido llegar muy lejos sin todos aquellos que, de un modo u otro, han colaborado en esta empresa: En primer lugar Antonio y Julian de Tablekit, que nos dieron la madera, de Symaga que colaboró en la estructura que ensambla y sujeta todas las partes del retablo. José-Juan y Feliciano, siempre dispuestos a todo lo que les hemos pedido. Jose-María, Miguel-Angel, Paco, Antonio y Tomás, los montadores, Mari Carmen con el «torete», Manolo y Juan-Pedro por traernos lo que necesitábamos en cada momento sin importar la hora de la noche que fuera. Las limpiadoras, colaboradores y todos los que con sus donativos han contribuido a que pudieramos terminar nuestra obra. Un lugar aparte merecen las Hermandades, la de la Virgen de la Paz que desde el principio apoyó la restauración del templo, la de San Juan Bautista, la de San Cristobal, la Hermandad de la preciosísima sangre de Jesucristo que ha colaborado con las rejas de la torre o la de la Soledad o el Santo Sepulcro. Todo esto nos sirve para darnos cuenta de que solos no podemos, pero unidos, podemos con cualquier cosa .

Sabéis que no me gusta alargarme mucho cuando hablo, pero creo que hoy la ocasión lo merece y no puedo dejar pasar la oportunidad. Puede haber quien quien piense que esta obra esta bien, era necesaria, pero que nos hemos pasado dos pueblos y quizás lleven algo de razón. Los medios, el trabajo, la dedicación que hemos empleado en estas cosas podrían haber venido muy bien en catequesis, grupo de liturgia o Cáritas y es cierto, todos hemos tenido que sacrificar tiempo libre o de descanso, tiempo para estar con nuestra familias para levantar todo el conjunto, pero lo hemos hecho por el deseo de engrandecer el patrimonio de nuestro pueblo y por legar a las futuras generaciones aquello que nosotros vivimos en otro tiempo. Y solo podemos decir que ha merecido la pena, y no nos cuesta haber renunciado a tantas oportunidades y a tantas ofertas por la alegría de ver todo esto en pie.

Ha coincidido esta inauguración con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen. A ella nos encomendamos en este día. Le pedimos por nuestra comunidad parroquial, por los catecúmenos y nuestras familias. Que el manto azul que envuelve su cuerpo y la llena de vida llene también de alegría y esperanza a este pueblo de Villarta. Que ella suscite en nuestros jóvenes el deseo de trabajar por y para su pueblo.

En recuerdo de este día y haciendo honor al título que un día llevó, os invito, en este día, a cambiar una pequeña cosa de nuestra rutina, desde hoy sea esta la Iglesia de Santa María la Mayor. Una iglesia dedicada a la Madre de todos los villarteros, abierta al horizonte del futuro pero conscientes del lugar de donde viene. Una Iglesia siempre abierta para todos.

Lo que si voy a pedir, muy especialmente a los vecinos de este barrio, es que nos echen una mano a cuidarla, a mantenerla limpia y a velar por ella mientras esté abierta. A vosotros os la encomendamos. A partir de la semana que viene, las misas de martes y miercoles que son por la mañana a las 10’00 h se celebrarán aquí en esta iglesia. Y todo sea para mayor gloría de Dios. Que así sea.

Y, ademas como diría nuestro poeta Juan de Dios: «Tocan las campanas, tocan dando vueltas…» Villarta 9 de diciembre de 2017.

Y con esta homilía, inusualmente larga, de Don Juan Carlos, se cerró este día, que no debería ser fácil de olvidar, para todos los villarteros.

……………

Han pasado algo más de cuatro años y medio. La mañana de este lunes pasado, dentro del calor sofocante de este verano, ha permitido un breve paseo. Mi nieto Nico y yo hemos dado un ligero paseo y en vez de volver, por donde siempre, a casa., hemos alargado un poco más el paseo y nos hemos acercado a la iglesia vieja. Yo tenía la intención de hacer una foto al pliego roto del que he hablado al principio. Al llegar al lugar, le explico que voy a hacer una fotografía. Le comento lo que quería recordar el pliego. Nico, me ha dicho: «Está roto»; y a continuación una bateria de preguntas: «¿Y por qué?», «¿Qué decía?», ¿Quien ha sido?….. una serie de preguntas sin respuesta o con muy malas respuestas para ser entendidas, fácilmente, por un niño de nueve años; él si se ha dado cuenta, en cualquier caso, que ese folio estaba sujeto a la pared con algo que le permitiera permanecer en ese sitio y se sorprende de que esté roto… Si quien lo hizo o quienes lo hicieron, lo creen oportuno, podrían, de alguna forma, contestar a las preguntas sin respuestas de un chico de nueve años que ha visto ese papel roto como un contrasentido… No tiene, entre nosotros mayor importancia porque la historia del folio roto va derecha al conocimiento de quien lea y es evidente que si la intención era la de que nadie lo leyese creo que no van a tener éxito porque esa historia, quizás con menos detalles, la saben los villarteros sobradamente. Lo insultante es, que quizás, han ofendido a todos a los que Juan Carlos, les daba las gracias, no por ser de la iglesia o de ir a misa, sino por haber gastado su tiempo libre y su descanso en algo que da sentido al hecho de ser Villartero.

José Muñoz Torres, Cronista oficial.


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