«…GUARDO BAJO SIETE LLAVES ESCONDIDAS EN LA MEMORIA VISIONES IMPOSIBLES DEL GIGÜELA EN VILLARTA…»*, por José Muñoz Torres

El rio Gigüela y al fondo el puente romano o puente viejo ( Archivo personal)

* Que más quisiera que haber sido el autor de la frase que da título al «poyete» de hoy pero no es así, es más, desconozco quien es el autor de esa frase, pero sea de quien sea es bien evidente que para tener escondidas en su memoria el acceso a esta zona es porque en algun momento vio, presenció o pisó toda esa, no pequeña tabla, que ho ha tenido apoyo oficial ninguno y que, al revés, ha sufrido los acosos de entes o particulares que en un momento determinado consideraron que valía mas salvar otras zonas importantes aunque para ello hubiese que prescindir de lo pequeño, de lo desconocido, de lo que no merecía la pena porque ¡esa «tabla» desecada podría ser una extensa llanura de cultivo!…. En fin creo que merece la pena agradecer al anónimo autor de la frase haya guardado en su memoria «visiones imposibles del Gigüela en Villarta» .[Los únicos datos que poseo son la reseña de una publicación de la Red de Parques Nacionales, editada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en el año 1993, indicando en la misma la página 37].

En el programa de San Juan del año 2010, coincidiendo con que el Gigüela se vertía por todos lados y parecía volverse retozón recorriendo todos los rincones de la antigua tabla de Villarta, ante ojos desconcertados de gente pequeña que no había conocido el río con tanta agua, ante ojos incrédulos a los que el agua les hacía abrir la memoria a tiempos ya pasados durante los cuales el río fue su medio de trabajo, su zona de expansionamiento, su pequeña playa (¡vaya, vaya que si hubo playa!, al menos para algunos atrevidos que iban a darse un baño a «la colá», corriendo el riesgo de que los graciosos de siempre les escondieran la ropa y tuvieran que esperar hasta «anochecido» para volver a casa)… Pues, coincidiendo con ese gran acontecimiento, que todos sabíamos que era momentáneo pero que lo vivimos como si fuera esta vez para siempre, escribimos lo siguiente:

Familia de José Pérez, el practicante, jugando frente al puente ya con alto nivel de deterioro ( el rio si llevaba agua todavía (Fuente: Archivo Personal de la familia Pérez)

«….Una espesa niebla nos ha venido sirviendo, desde hace mucha tiempo, como oportuno velo para ocultar y no ver, en qué se había convertido nuestro río y su vega, mejor habría que decir su tabla. Ha sido un velo de nuchos años durante los cuales, a nuestra falta de compromiso, se unió la falta de apoyo de todos los que deberían haber apoyado su correcto funcionamiento, aunque en aquellos años y desde majestuodos despachos, no podía pensarse en un pequeño río que se moría de sed. A poco que nos quitasemos ese velo contínuo y dirigiesemos nuestra mirada a lo profundo de nuestro río, donde ya las ranas no es que callasen, sino que se iban muriendo, ibamos viendo cada vez más lecho sucio y seco por el que alguna vez se remansaba agua a la sombra de una, todavía, vegetación exhuberante. Y a pesar de todo el ayuntamiento consiguió que se le diera la titulación de monumento histórico-artístico de carácter nacional. Era Presidente del Gobierno de España, D. Felipe González Márquez; ministro de Educación y Ciencia, Don Javier Solana de Madariaga y Alcalde de Villarta de San Juan, D. Julio Jesús Isla Casero, durante el reinado de Juan Carlos I. Los títulos son muy bonitos, sobre todo cuando recogen un recuerdo milenario, pero solo por el título, no se consiguen grandes cosas y así ese monumento nacional, el puente languidencía, olvidado por todos, incluso por su río, hasta no hacia mucho, compañero inseparable. En algunas ocasiones unas huidizas y atrevidas aguas, venidas de lejos y por cauces que no eran los suyos, pasaban lentas, como con miedo, por los cansados ojos del puente, camino de otros lugares, mas mimados, mas interesantes y aún posibles de salvar ( aunque sus vecinos no pensaban en la que entonces se les venía encima. Ahora, gran parte de las aguas de las Tablas de Daimiel, son lágrimas acumuladas por la pérdida, si Dios no lo remedia, de parajes tan vitales y tan llenos de recuerdos)… Con el paso veloz del tiempo, esas aguas dejaban junto al puente; detenidos en sus ojos, los míseros abrojos, símbolos de abandono, mientras que hierbas insaciables se agarraban, con rabia, a sus muros ocultando las viejas, y no curadas, heridas del puente.

En esta foto observamos el lamentable estado del puente utilizado com soporte compacto para los poste telefónicos (Fuente: Desconocida)

Huerta de Pernales. A la izquierda, entre nieblas, la zanja que permitía recoger las aguas sobrantes del «bao» . Al fondo entre nieblas, Villarta

(Fuente: Archivo personal)

Los hermanos Mateo y entre ellos Juan de Dios Sánchez, el «Chatarrero» (Fuente: Programa de San Juan 2010)

Algunos que, poco a poco, nos han ido dejando, por ley de vida, unos y por necesidad otros, contaban, a quienes querían escucharles, como era su vida en el río y qué era el río en sus vidas. En el verano rasuraban el verdor de sus eneas y masiegas, que dejaban secar, amontonadas en grandes y largos haces, a la espera del camión que las llevase lejos, donde eran apreciadas y necesarias. Algunos de ellos, como Juan de Dios, el poeta, cacharrero, recordador de historias -que alguien pensaba que eran leyendas que él se inventaba pero que luego se ha ido viendo que eran ¡Historia!-, dejó varada su barca, para siempre, muy cerca de su «Virgen de la Vega», en los últimos remansos de agua limpia del Gigüela, hasta que el hambre de tierra desecó el «bao» para siempre.

Zona próxima a la yesera junto a los restos del puente iniciado en 1805 (Fuente. Archivo Personal))

Vigilando el ganado sobre uno de los apartaderos del puente (Fuente: Historia de un pueblo y su gente)

Otros, aprovechando el estiaje, vigilaban el pastar tranquilo de sus cortos rebaños, al que se unían algunas que otras cabras que llevaban al ganado algunos vecinos y que, luego a la vuelta al pueblo, iban a recogerlas. Desde alguno de los apartaderos del puente, como ligera atalaya sobre la vegetación, seguían la «pista» de algunas descarriadas. El hijo de la «Usolilla», en la foto, rodeado de zagales, se veía todavía como altivo amigo de la vega. Sin embargo, a pocos metros, frente a ellos, la modernidad y el aumento incesante del tráfico, les iba anunciando, -más o menos próximo-, el fin de una antigua forma de vida. Les iba anunciando que, poco a poco, el agua no volvería, les iba anunciando que las masiegas y los bordos serían cada vez mas raros y escasos…

Asi, ahondando, el cauce central lo mas posible toda el agua iría por el dejando los margenes perfectamentte secos.

Y así mas deprisa de lo que muchos habían podido imaginar, el agua dejó de manar. Los limpios y agradables baos, donde anidaban y vivían tantas aves, fueron convirtiéndose en hondonadas que las grandes maquinarias fueron rellenando. El fuego interior de las turberas secas por la sequedad del río, era la iniquívoca señal de que el fin de la vega, de nuestra milenaria vega, estaba próximo… Además el puente, ya inncesario, comenzó una lenta agonía.

Plan Geográfico de las lagunas de Ruidera y curso que hacen sus aguas sobrantes (Fuente: Pedro Monleón Gavilanes.Juan de Villanueva)

Pero este dejar morir el río y su entorno tuvo además un origen provocado por los ambiciososos proyecto de disponer de más tierra para producir ( No sólo fue el río sino también los grandes montes como Villacentenos, Madara, las Manchas, etc. los que sucumbieron) Todo venía de lejos. Desde finales del siglo XVIII, nuestro río había sido objeto de diversos proyectos y, no cabe la menor duda, de ensoñaciones. Quizás el más práctico, el Canal del Gran Prior, aunque solo se construyó un pequeño tramo, por el Arquitecto Juan de Villanueva [Plan Geográfico de las Lagunas de Ruidera y curso que hacen sus aguas sobrantes con el nombre de Río Guadiana. Por el Gran Priorato de San Juan, hasta unirse con las aguas del Rio Záncara Gigüela en un alveo (cauce o madre de un rio) comun pasando por los lugares de Argamasilla de Alba,o Lugar Nuevo, la Aldea despoblada de Villacentenos, Villaharta y Arenas y los dos castillos de Peñarroya y Cervera hasta salir del Gran Priorato, en el témino de Villarrubia de los Ojos…], otro, que solo quedó en deseo o sueño, fue el del ingeniero José Agustin de Larramendi pretendiendo hacer un canal desde Villarta o alrededores hasta el Tajo, cuando es nombrado director de las obras del nuevo puente de Villarta ( los «malecones») en 1805 y vió la extensa vega y pradera de Villarta o sobre la canalización de los ríos Záncara y Gigüela, en todo su trayecto por la provincia de Ciudad Real, con anchura y calado suficiente, adaptándolo, como via de comunicaciones, y, a la vez, desecación de las márgenes y riberas, entonces y todavía mucho después, de las aguas estancadas… Todo se quedó en nada con la Guerra de la independencia que arrasó Villarta, pero no hizo perder las ideas y proyectos de sucesivos «regeneracionistas». Entre guerras carlistas, cambios de regímenes, y otras guerras y sublevaciones, se fueron apagando estas ideas, pero esas ideas ¡no se olvidaron!.

Y empezó el verdadero peligro cuando salieron a la luz publicaciones como la del Sr. Martínez Val en las que hablaba de las tierras desaprovechadas en los márgenes del Guadiana, Cigüela (hasta el viejo e histórico río empezaron a llamarle de otro nombre que lo de Gigüela no parecía que fuese muy correcto para ilustres visionarios) y Záncara. Ya los humildes «bajeros» no era agricultura rentable, había que conseguir que esas tierras de las Tablas de Villarta quedasen secas y así poder arar sin problema hasta casi debajo de los puentes…

Y, a partir de ese momento, empezaron todos los problemas que terminaron con nuestra vega. En el año 1952, el Ministro de Agricultura que luego inauguraría la Cooperativa, el Sr. Cavestany llevó a Franco, al puente sobre el rio Gigüela y allí le mostró sobre planos, las 15.000 has. que podrían ponerse en cultivo, de las cuales beneficiarse, con el encauzamiento del río…. [ «Al llegar al puente sobre el río Cigüela, en Villarta de San Juan, le esperaban el ministro de Agricultura, Don Rafael Cavestany, directores generales de Agricultura, don Gabriel Bornas y de Montes, sr. Martínes Hermosilla; director general del Instituto Nacional de Colonización, don Alejandro Torrejón y otros técnicos del departamento. El ministro mostró a Su Excelencia, que descendió del coche, toda la extensión que abarca el río Gigüela y sobre los planos, le indicó la gran extensión del mismo, con un total de 30.000 hectáreas, de las cuales unas 15.000 corresponden a la provincia de Ciudad Real y que se beneficiarán extraordinariamente con el encauzamiento del río, pues ahora sólo sirven para pastos y grandes zonas se desaprovechan totalmente. LA VANGUARDIA, domingo 12 de octubre de 1952].

Desde otros organismos, en 1965, se hablaba ya de la puesta en cultivo de más de 8.000 hectáreas en regadio, concretamente en el nuevo poblado de Llanos del Caudillo, comenzando con ello la sobreexplotación del acuífero 23 que era la única via de salvación del río.

Todo era ya imparable, el Gobierno Civil de Ciudad Real, siguiendo órdenes publicó un nota poniéndose al lado de los partidarios del encauzamiento «aunque habría que mantener una determinada zona de reserva ecológica» que en Villarta de San Juan no debía ser necesaria, «porque había que proceder al rescate de tierras para su cultivo, de garn interés económico y social. Para esa fecha casi mil personas de Villarta habían iniciado ya el camino de la dura emigración…

Inundaciones, frente a la «cantina» en 1973 por desbordamiento del río Gigüela ( Fuente: Agencia de Noticias Cifra)

En algunos periódicos saltaban noticias como esta de la Agencia Cifra, en el año 1973: «AGUA. LA NACIONAL DE ANDALUCIA CORTADA. En el kilómetro 146 de la carretera de Andalucia, cerca de Villarta de San Juan, por desbordamiento del ¡infeliz río Giguela, que con estos temporales ha cobrado extraordinarias ínfulas! (las exclamaciones son mias)«.

Paseando por el puente (Fuente: Historia de un pueblo y su gente)

Pero la verdad, es que en Villarta se habían acabado los alegres, festivosy refrescantes paseos en barca. los tradicionales chozos que servían para apaciguar los calores del verano en los antiguos «bajeros» se hicieron innecesarios. Los pozos de noria de las huertas del camino bajo de Arenas o de la Vega ( las de Agüeda, Mataberros, Quirobillas, Pernales, Diego, se fueron abandonando y sus artes y aparejos fueron destruidos o expoliados. Al fondo, hacía el norte, en vez de inmensos masegales y baos se divisaban «las ricas tierras« que se habían ganado ( y casi después se abandonaron) como consecuencia de la desecación del río.

Se acabaron los alegres, festivos y refrescantes paseos en barca (Fuente: Programas de San Juan Año 2010)

Volvieron aparatosas inundaciones y nuevamente el agua corría y cubría los secarrales de la antigua vega…Pero no estabamos ni preparados ni acostumbrados, incluso ante el peligro que corría el puente, un organismo oficial ( creo que la Confederación Geográfica del Guadiana) cortó en dos uno de los ojos…Luego se reonstruyó burdamente el puente(monumento histórico-artístico de carácter nacional) y ahí para el recuerdo, quedó una foto del «curioso» arreglo.

Reparación realizada por la C. Geográfica del Guadiana, despues de la inundación que le obligó a partir el arco (Fuente: Archivo personal)

Y se empezó a limpiar el puente, como paso previo para arreglar la «reconstrucción» del puente realizada por la C.H. del Guadiana. Año 1983 aproximadamente. (Fuente: Archivo personal)

¡Y hubo que esperar un buen tiempo sin río y sin casi puente! Lo más curioso es que esto se asumió. Y mientras tanto, en vendimias, remolques cargados de uva seguían circulando por el viejo puente, mientras cuando iban de vacío, descargaban en las entradas del puente todos los desechos inimaginables, convirtiendolos en auténticos basureros.

Situación del puente al final del siglo pasado (Fuente Ayuntamiento de Villarta de San Juan

Ante el continuo tráfico de tractores y remolques por el viejo puente, el Ayuntamiento prohibió su circulacion colocando unas grandes piedras a la entrada del puente con gran enfado de algunos que amenazaron con, no quiero recordar, aparatosas medidas. Al final todo quedó en nada y el puente, aún sin tráfico se fue viniendo abajo…

Fase de Restauración de la parte de la madre del río (Fuente: Ayuntamiento de Villarta de San Juan)

Pero, a tiempo, algunos se concienciaron y otros pusieron manos a la obra y desmontando poco a poco el puente fueron dándole nuevo brillo y devolviéndole su antiguo esplendor… Todos sabemos lo que pasó. Se hermoseó el puente con todo el respeto que merecía, se limpío todo el entorno y a falta de agua se abrió un pequeño lago donde, durante algún tiempo, algunos patos blancos (ya no quedaban patos de los autóctonos) dieron esperanza y vida, …pero faltaba agua. Todo han sido bonitos pero breves esperanzas, breves sueños y el río se quedaba vacío de todo, seco de agua y olvidado, aunque de vez en cuando surgía de nuevo la esperanza. A finales de 2009, se corrió la voz: «El rio lleva agua por el puente de Buenavista, en Herencia…».

Y nuevamente otro breve sueño: El río, en un principio, había avanzado lento, cauteloso, como reconociendo los antiguos terrenos por donde antes había sesteado. En un atardecer del mes de diciembre, el lento rio, que había ido rellenando y calmando la sed de su cauce descubrió, a lo lejos, un antiguo puente que casi le era irreconocible, de lo bien conservado que se encontraba. El anunciado trasvase del Tajo a las Tablas de Daimiel, se fué posponiendo porque el tiempo había cambiado. Una pequeña nubecilla se convertía de pronto en copioso manantial que empezaba a humedecer nuestros secos campos. Y hacía él, hacía el rejuvenecido puente, se fueron las ansiosas aguas del Gigüela, limpiando sus ojos para llenarlos de su agua de siempre. Después de tanto tiempo, el rio y el puente volvían a tener sentido. Y se fue tendiendo en sus antiguas madres, y fue saludando, uno a uno, a todos los ojos del puente. Aún así el río se encontraba distinto; le faltaban tantas cosas… las masiegas, las aneas, los patos, las cercetas,…. pero sobre todo el río extrañaba el silencio. Le faltaba su pueblo, le faltaba su gente, aquella que cada tarde de domingo paseaba junto a él sus ilusiones, sus alegrías, sus amores,….

Y en poco tiempo unas aguas ya colmadas empezaron a ser, mas que nunca, el gra espejo donde se miraba el pueblo. Al fondo la vieja torre de la iglesia vieja, desperezaba los ojos de su campanario, como sorprendida de la vuelta del río perdido. Los que tanto conocieron el río bajaban todas las tardes. Hasta hacía poco, cuando el río no había vuelto, se reunían muchas tardes en una de las huertecillas que antes bien pudieron haber sido «bajeros» y allí, mientras arreglaban la tierra para esas pequeñas cosechas de habas, patatas, pepinos, tomates, desa pequeñas cosechas que reordaban a las de antes «para el gasto», hablaban de sus cosas. Pero ahora habían vuelto al puente para contar cosas de su río a quienes no lo habían conoscido. Incluso limpiaban, de forma improvisada sus ojos para que el agua no se estancase. Ellos que lo habían conocido, que lo habían querido, que lo habían sufrido, esperaban ilusionados a que no fuese otro sueño. Los nuevos caminos y rutas abiertos en la antigua vega dejaban que el agua reorriese sus caminos y los blancos álamos le daban escolta a uno y otro lado… Y al final el pueblo bajó a su río y en paseo o peregrinaje, se juntaban en corros, hablando de sus antigua cosas, de sus recuerdos, vividos o imaginados.

Es cierto que algunos juncos volvieron a crecer con fuerza, los carrizales (hace mucho tan necesarios) volvieron a enseñorearse de la vega, los tarayes se volvieron a retorcer entre las aguas, malvaviscos y correhuelas, volveron a dejar por todos lados sus coleres. Algunas tímidas ranas, que también se enteraron quisieron que las gentes de fuera volviera a decirles a los de Villarta: ¡Villarteros, raneros! y algunas avecillas buscaron sitio para hacer sus nidos, …. En algunos sitios, donde el río parecía mas vivaracho, menos precavido, algunos chicos, hoy ya hombres, improvisaron un pequeña barca…

Fue otro breve sueño, quizás menos doloroso, porque ya nos hemos ido acostumbrado a esas realidades tan cortas y tal como vino el agua, dejó de aparecer. Desde entonces, algunos villarteros viajan a los sitios de dónde debían venir las aguas y veían, como en sueños, que volvía a haber agua por Buenavista, por la «junta de los rios», pero pasaban los días y no se decidía el agua a moverse. Este año en las «Paces» la noticia del agua parecía cierta, pero siempre pensábamos que en un año de sequía tan grande y prolongada iba a ser muy díficil… pero las cosas son como son y este año el río hizo una visita inesperada, lenta, a la Virgen o quizás los cohetes o la Operación 2000 tan próxima a su cauce, le despertara y a pesar de nuestras dudas, «los jubilados del puente» (los que se sientan en sus «parecillas» para hablar de sus cosas) empezaron a ver que el río subía y decidieron medir cuanto subía cada día, y de ponto, sin alharacas, de forma ordenada, casi sin darse importancia, como si no hubiese dejado de hacerlo, el rio tomó posesión de su cauce, que por cierto, «por si acaso», estaba bien limpio de hierbas y maleza (aunque si había mucho plástico, que ya son ganas de ir al río para tirar envases) Sabemos que será quizás otro sueño, mas largo o corto, aunque tambien esperamos que podamos seguir soñando durante mucho tiempo.

El rio volvía a llevar agua (Fuente archivo personal)

«Y de momento soñamos pero quiero que sea con las palabras de Damian Muñoz, «el Aguila» que hace ya algo mas de once años nos hablaba con nostalgia con la nostalgia que imponen los años pero con la sabiduría natural de quien lo ha vivido y asi nos hablaba que el renacer del río Guadiana lo hacia por los «baos», por los ojos y por las fuentes ( Y digo yo que hasta que estos ojos tapados, ocultos y ya desconocidos, no vuelvan a abrirse de para en par, hasta que se vierta ese que dicen acuifero 23, por todos y cad auno de ellos no volveremos a tener río permanente). Pues Damian, lentamente como si rezase un rosario de la vida, de su vida, iba desgranando uno a uno todos ellos: Por la izquierda, desde Falcón, «el Ojo de Contaero», «el ojo de la Zorra», » el Ojillo», «el ojo o la fuente del tallo». Pasado el puente, y por la derecha, frente a la «Calerilla», «los ojos del Cristo», «los ojos del Ollero» y el «ojo de la Culebra»; pero fundamentalmente seguía por la izquierda «el ojo de Mataberro», «el ojo de la Aurora», «el ojo de Caba», «el ojo de los Teodoros» y en especial «La Poza». Conforme Damian iba diciendo sus nombres se adivinaba en sus ojos interminables historias ocurridas en sus claras aguas. Nos contaba de las aguas limpias y profundas, a cuyo alrededor la anea, la masiega y los carrizos le servían de pantalla. Los baos de más superficies , servían de reposo en el vuelo de las aves: los patos azules («los azulones»), «los coloraos», «los patos rabones», «los paletos», «las cercetas», «las fochas», «los mancones» o de los «zancolines», incanasables en su piar. Nos hablaba de los grtandes baos de la Motilla de la Vega (Ahora con algunos rastos que pueden demostrar que en ese lugar, ahora llano, existió una motilla): el «bao Hondo», «el bao de Román», «el bao del Gorrino», «el bao de Pernales» o «el bao de la masiega». Mas atrás habían quedado el «bao de afuera» y el «bao grande». No cabe la menor duda de que junto a Damian y algunos otros, se podría hacer un recorrido histórico-didáctico de nuestro entorno, empezando por la calle de la Chorreras y el camino del mismo nombre o de la Vega que estaba cubiertos por «arroyejos» continuados que que cubrían de frescor esa parte del camino hasta llegar al camino bajo de Arenas, a cuya derecha se desplegaban numerosas huertas… Habría que recordar junto a ellos, ahora que es posible, toda la memoria de aquellos tiempos no tan lejanos. Y de sus trabajos: De la siega de la masiega, mucha de ella para quemar en los hornos, de la anea que dejaban secar en grandes brazadas de pie, apoyadas unas en otras. Una vez secas en interminables viajes de las barcas se sacaban del río en espera de que llegase el camión que había de llevarlas a alguna fabrica de sillas, como las existentes en La Jineta, pequeño pueblo de la provincia de Albacete. Y nos hablaba del aahora despreciable carrizo de los que se hacian zarzos de unos tres metros de largo y medio de ancho unidos unos con otros con soguillas de esparto. Decía con cierta sorna que aquello no era muy rentable pues le daban por cada zarzo unas cinco pesetas. Damián nos dio los nombres de antiguos «hombres del río» que ponemos como el nos dijo, incluidos el mote con que algunos eran conocidos: Victorio, Martin, Juan de Dios, «el cachareo», Cesáreo «Pajarita», Lucio Muñoz (» el Aguila»), Isidro Calcerrada, el Hermano Nicolás de la Pavera, Julián ( «El gira»), Doroteo Rico («el Cabillo»), Dionisio el de Panza, Brigido….. [De una conversación entre Damián Muñoz ( «el Águila»), José Muñoz (Hijo de «Pernales») y Ángel Antonio, alcalde de Villarta en esas fechas, en una tormentosa tarde de junio del año 2010].

Los hermanos Lucio y Damian Muñoz Tabasco, recordándonos cosas del río en la inundación de 2010 (Fuente: Archivo Personal)

Este año estamos viviendo nuevamente el sueño de ver a nuesto rio, no como algunos lo recordamos, no como algunos lo vivieron trabando en él, pero ahí está. Es muy posible que pronto volvamos a ver de nuevo secarrales y olvido pero si no podemos hacer otra cosa, al menos, recordemos y hablemos de su historia y del sinsentido de su situación actual cunado algunos se empeñaron en desecar el río. No solamente no se consiguió riqueza si no que perdimos parte de nuestra historia y de nuestra identidad. Aviso para navegantes, tal y como pasó en Villarta y Arenas con sus «Tablas» le puede pasar de un momento a otro (al fin y al cabo, los años son momentos para la historia) a las Tablas de Daimiel.

Sabemos que es un nuevo sueño pero vamos a seguir contándolo (Fuente: Ayuntamiento de Villarta)

José Muñoz Torres, cronista oficial


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