La población de Villarta hasta el siglo XIX, por José Muñoz Torres

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Ciprés existente en el Parque de la Iglesia, recuerdo del primer cementerio que se construyó en ese lugar en 1787

El hablar de población, -más concretamente de demografía-, en una zona tan limitada como puede ser nuestro pueblo, implica tener presentes circunstancias específicas que no han podido ser tenidas en cuenta en estudios amplios y que, sin embargo, afectan enormemente a los estudios concretos de una localidad determinada. A veces puede extrañar, la diferencia de población en un espacio breve de tiempo, pero  la vida de estos pequeños pueblos se podía ver truncada en dos o tres años de malas cosechas, malas condiciones metereológicas o -lo mas frecuente- por alguna epidemia asoladora. Un conocimiento de las circunstancias relativas a un pueblo -cosechas, temperaturas, obras públicas, guerras, etc,- nos va a poder permitir interpretar o valorar una posible disminución o aumento de población; en sentido contrario una variación considerable de población nos puede permitir descubrir o deducir una serie de circunstancias que de otra forma hubiesen pasado desapercibidas.

Al hablar de Villarta hemos de señalar como regla general que el movimiento demográfico se debe, casi siempre, a un simple movimiento vegetativo, -diferencia neta entre nacimientos y defunciones-, y por tanto sumamente variable e impreciso al hacer análisis de la población a partir de los censos históricos conocidos, ya que los mismos -al no ser continuados- solo significan un dato de población en un momento determinado sin que puedan tener mas valor que el de una foto fija. Solo se puede hablar de tendencias, -al final casi siempre al alza-, aunque estas sea mínimas, de tal forma que al cabo de cien años la diferencia poblacional pueda estar en solo 20 habitantes.

Si podemos señalar circunstancias específicas que afectaran a la población total. Asi durante el siglos XVI y XVII, los decretos de expulsión de judíos y, especialmente, la posterior expulsión de los moriscos pudo afectar en sentido negativo a nuestra población. Siempre hemos sostenido la hipótesis de un inicial núcleo poblacional en Villarta, tras la reconquista,  judeo-morisco, incrementado tras la guerra de las Alpujarras. En Villarta se daban las mismas circunstancias que en Daimiel, Argamasilla de Alba o Villarrubia para acoger a la población morisca expulsada de la zona de las Alpujarras. Los dos decretos de expulsión, aún espaciados en el tiempo, no sólo influyeron en un retroceso del número de vecinos sino, además,  en la disminución de la capacitación técnica y profesional de la población  con un retroceso en las actividades agrícolas, -las huertas de los moriscos- o el comercio de los judíos apoyándose en el tránsito del puente viejo.  Esta hipótesis está perfectamente demostrada a nivel general y sus consecuencias negativas ya nadie parece poner en duda.

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Por otro lado, el propio término municipal, tan reducido (no debemos olvidar que el límite con Herencia se encuentra a escasos 500 metros de Villarta) ha influido de forma notoria en el comportamiento poblacional de Villarta. Uno de los factores, constante y regular es el elevado número de matrimonio celebrados, siendo uno de los cónyuges naturale de otro pueblo (Ver Cuadro I). Un estudio realizado sobre los matrimonios celebrados entre los años 1603 y 1671 y entre 1769 y 1835, con un total de 565 matrimonios, indica que el número de contrayentes nacidos fuera de Villarta alcanza la cifra de 269, de los cuales 103 eran naturales de la vecina villa de Herencia.

Otro factor importante a tener en cuenta fueron las grandes obras públicas realizadas en Villarta; las reparaciones del puente viejo en los años 1609, 1690 y 1752 atraerían,  al menos de forma temporal, a numerosos trabajadores, algunos de los cuales permanecerían en Villarta. Las obras de reparaciones de la Iglesia vieja, la construcción de la torre del Ayuntamiento o los comienzos del nuevo camino de Andalucía -interrumpido por la guerra de la Independencia y después olvidado-  serían trabajos atrayentes para población forastera. Esta última obra, -la del puente nuevo para la carretera de Andalucía- conocido como los Malecones(1) es una de las obras más importantes dentro del trazado de nuevas carreteras y para dirigir sus obras se desplazaran ingenieros -en calidad de Ayudantes de la Inspección General de Caminos del Reino- de gran prestigio como Subercase, posterior director de la Escuela de Ingenieros de Caminos. Sin embargo el primer Ayudante de estas obras es Don Francisco Stoppani, marido de Dª Maria Antonia Mir, ayudante de la Inspección General de Caminos del Reino. Natural de Moronito, provincia de Como (Sicilia), hijo de Don Lorenzo y Dª Maria Antonia Bianqui, de 42 años”[ARCHIVO DIOCESANO DE CIUDAD REAL. Parroquia de San Juan Bautista. Libro de defunciones que dio comienzo en 1784]. Aunque su nombre no aparece en las primeras relaciones de ingenieros, deducimos que su presencia en Villarta se debe a la dirección del citado puente ( que no llegó a concluirse), toda vez que su presencia no es accidental sino estable. Su fallecimiento se produce el 15 de junio de 1806 pero anteriormente, en 1805, habían fallecido dos de sus hijos, Rosa (22-3-1805) y Francisco (29-6-1805).

Si bien se producen accidentes mortales a consecuencia de las obras del citado puente [El 26 de julio de 1806 fallece Julian Torres, vecino de esta villa y marido de Eugenia González, a consecuencia del hundimiento en el trabajo de las puentes, fue enterrado en la sepultura 53 del tramo 14. ARCHIVO DIOCESANO DE CIUDAD REAL. Parroquia de Villarta de San Juan. Libro de defunciones ] son circunstancias muy concretas que no alteran para nada el planteamiento que venimos explicando  sobre el crecimiento, -o decrecimiento,- vegetativo de la población, siendo las defunciones el factor que más afecta a la citada variación poblacional y cuyas causas hay que buscarlas en el ínfimo nivel social-sanitario de nuestra población, incluida la falta de una normativa eficaz de enterramientos. A este respecto comenta DIAZ-PINTADO:

“…. Desde 1786 los titulares de esta iglesia [se refiere a la Parroquia de la Asunción de Valdepeñas] venían elevando quejas por los efectos de tan continuadas inhumaciones, sugiriendo como alternativa la edificación al aire libre, en sitio próximo, proporcionado al número de entierros y dotado de capillas para funciones. Su párroco, D. Ramón de Pineda Ramirez de Arellano, atrribuía que hubiese tantos enfermos en el pueblo a que en la parroquia se dufren olores fétidos…. Aparte de este aviso, acabó de clarificar la cuestión el informe médico emitido por D. Francisco Juncosa y D. Francisco Luna. Consideraban ambos que abrir hoyos y sepulturas en las iglesias constituían un perjuicio para la salud” [DIAZ-PINTADO, JUAN.- Conflicto social, marginación y mentalidades en la Mancha(Siglo XVIII) Biblioteca de Autores y Temas Manchegos. Diputación Provincial de Ciudad Real, 1987].

Traslando la situación anteriormente descrita a nuestra localidad hemos de señalar que debido a la escasa dimensión de nuestra iglesia parroquial -única existente- y teniendo en cuenta que exceptuando los pobres de solemnidad, el resto de difuntos era enterrado en el interior de la iglesia,  esa situación era un riesgo añadido, sobre todo teniendo en cuenta los escasos medios sanitarios existentes. En cualquier caso la indicación que hace Diaz-Pintado, tuvo que tener un carácter generalizado dando lugar a disposiciones pertinentes sobre enterramientos, dando lugar a la creación de los primeros cementerios parroquiales, de forma generalizada, en todas las poblaciones. En Villarta tiene lugar el último enterramiento en el interior de la iglesia el 28 de abril de 1787, concretamente el de Luis Cortés, marido de Andrea Muñoz. A escasos metros de la iglesia parroquial en terrenos comprados a Hermógenes Bernardo Moreno [ARCHIVO GENERAL DE PALACIO. Escritura de venta al Infante don Gabriel por Hermógenes Bernardo Moreno de una tierra contigua a la Iglesia Parroquial, con destino a la construcción de un cementerio. 1787], se construye el primer cementerio de Villarta. El 30-4-1787 se entierra en la sepultura 1ª del tramo 1º a Nicasio Gallego, marido de Angela Serrano. (El solar que ocupaba este primer cementerio está, aún, perfectamente delimitado ya que el terreno del mismo, una vez clausurado, dió lugar a un pequeño parque construido en 1946, posteriormente a un grupo escolar y finalmente al actual parque donde se conserva aún un vestigio del citado cementerio representado por un ciprés espléndido que necesita una calificación especial que haga posible su perfecta conservación).

Para el estudio de la demografía solo se cuenta con los libros registros parroquiales ( en la actualidad en el Archivo Diocesano de Ciudad Real) el primero de los cuales, el de matrimonio tiene un primer registro en el año 1603. A pesar de que no todos los priores párrocos cumplieron con exactitud las normas establecidas respecto a los datos que debían registrarse, por lo común estos muestran una exactitud y abundancia de datos que nos permiten una análisis riguroso de la población. Además los priores estaban sujetos a unas visitas pastorales de revisión de los registros, donde se señalaban los errores detectados y, en ocasiones, se daban nuevas normas para su cumplimentación. Una de estas visitas eclesiásticas (2), realizada el 16 de noviembre de 1751, dice:

” En la villa de Villaharta a diez y seis de noviembre de mil setecientos cincuenta y un años el Señor Lizenciado Don Cayetano Carrasco vicario y visitador y ordinario Diocesano y Apostólico delegado destas iglesias regulares y súbditos de la Sagrada Religión de San Juan existentes en estos Prioratos; en virtud de titulos y especial facultad de S.A.R. el Serenísimo Señor Don Luis por la Gracia de Dios Infante de España Cardenal Diácono de la Santa Romana Iglesia de Santa Maria de Escala, Arzobispo Administrador y dispensador de la de Toledo Primada de las Españas  en lo espíritual y en lo temporal Chanciller maior de Castilla […] y respecto de lo diminuto de las partidas en la falta de edad de los difuntos, su estado, sus herederos e hijos con otros defectos que ha advertido su merced no sólo se hacen inútiles para las noticias que de sus enunciativas necesitan frecuentemente los interesados sino que por lo mismo es impracticable el Santo Ejercicio de la Visita en el cumplimiento de misas y legados pios..” [ARCHIVO DIOCESANO DE CIUDAD REAL. Parroquia de San Juan Bautista de Villarta de San Juan. Visita delegada del libro de entierros de la Iglesia Parroquial de Villarta a 16 de nviembre de 1751](3).

Este comentario perseguía, además de la exactitud de los datos, un fin concreto y económico, que debía recogerse posteriormente en los libros de colecturia, pero aunque este fuese el motivo, el resultado fue que a partir de ese momento puede conocerse la edad de los fallecidos, sobre todo en las de párvulos que era la forma de registrarse hasta esa fecha las defunciones de niños. De igual forma, a partir de finales del siglo XVIII, aparecen en todas las partidas la causa del fallecimiento que se manifiesta de forma más técnica apareciendo además los nombres de los primeros médicos. En el circulo lógico de la supervivencia, el elevado indice de mortalidad infantil provoca, en la misma proporción, un elevadísimo indice de natalidad que al mismo tiempo va a detrerminar un elevado indice de mortalidad femenina en edad fértil.

El primer dato, cuantificable de población que disponemos de Villarta se corresponde con el aportado en Las relaciones de Felipe II, en el año 1575, si bien este dato tiene que se puesto muy en duda. Por un lado el temor de la población de que los datos aportados en esa citada encuesta tuvieran un interés económico y por otro lado el temor a que tuviera otro motivo más peligroso cual era el de cuantificar las características de la población ( población judía o morisca). Por eso los datos aportados por Villarta son muy escuetos, a diferencia de otros lugares, y en mucha discrepancia con los aportados por pueblos limitrofes respeto a la población de Villarta. El número de vecinos declarados por Villarta es de 80  “…A los treinta y nueva capitulos dixeron que hay ochenta vecinos en el dicho lugar poco mas o menos y que no vido mas vecinos que agora por ser el pueblo enfermo por causa del terreno.” [VIÑAS, Carmelo/ PAZ, Ramón.- Relaciones de los pueblos de España ordenadas por FelipeII. Ciudad Real]. Los datos aportado por otros pueblos son muy distintos, dejando aparte a Arenas que da la misma cifra de 8o vecinos. Argamasilla da la cifra de 150 vecinos, igual dato que los apuntados por Daimiel; Manzanares da la cifra de 200 vecinos y Camuñas la de 100 vecinos. Aplicando un indice de 5 habitantes por vecino estaríamos hablando de una población ente 400 y 1000 habitantes, si bien parece descabellado este última dato (Villarta alcanzó los 1000 habitantes a principio del siglo XX, también nos parece pequeña la de 400 ( aportada por Villarta y Arenas). Consideramos más lógica la aportada por Camuñas ( 500 habitantes). En 1591 en virtud del repartimiento llevado a efecto en ese año se aplica el mismo a una población de 123 vecinos ( en torno a los 600 habitantes) teniendo citada cifra mucha credibilidad toda vez que este censo tenía la finalidad de repartir un donativo, razon por la cual “… se reputaron como pecheros, según parece, todos los vecinos de cada pueblo, por razón de que, siendo donativo el que se repartía no había exenciones” [GONZALEZ, Tomás. Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI. Madrid, 1829. Edición facsímil del I.N.E. Madrid 1982]

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A partir de la segunda mitad del  siglo XVIII, aparecen los primeros censos de población que mantienen un relativ o rigor estadístico ya que existen muchas dudas acerca de las fuentes o intereses que con ellos se perseguían, variando ostensiblemente las conclusiones d eunos y otros. Sin embargo el primer dato de población verdaderamente cotejable y de una modernidad absoluta en esa época, es el obtenido a partir del catastro del Marqués de la Ensenada, a pesar de las relativas presiones que las diligencias y actuaciones que sufrió para llevarlo a efecto. Su elaboración en Villarta comenzó el 7 de marzo de 1752, con un acto para reconocer las casas y verificar las familias y terminó el 26 de marzo del mismo año. El edicto por el que se requerían decía lo siguiente: 

” D. Pedro Berriz de Aguirre y Ayala, Juez Subdelegado, en virtu de nombramiento de S.M.  y señores de la Real Junta de Unica Contribución y por la que en mi hizo el Señor Juez Comisionado General de esta Provincia de Toledo, para la práctica de las diligencias de Justificación de caudales, tratos, comercios, frutos y efectos de esta villa y otras de esta comarca, su campo y término de cuya comisión y estar en uso, el infraescrito escribano da fe=
Por el presente, y de ella en esta parte usando, ordeno y mando a todos los vecinos de la Villa de Villarta comprendida en mi cometido, estantes y habitantes en ella, de cualquier estado calidad o condición que sea, que dentro del preciso término de ocho dias siguientes al de la publicacion de este edicto, formen cada uno de por si una relación individual, firmada y si no supiera escribir que lo sea de un testigo, en la que pondrá su nombre y apellidos, si es caballero, hidalgo, ministro, abogado, escribano, procurador, mercader de por mayor o por menor, artista, jornalero o de cualquier otro arte u oficio que ejerza, número de personas de que se compone su familia, de uno u otro sexo, sean hijos, hermanos, criados, oficiales o aprendices y sus edades […]”[ MUÑOZ TORRES, José. Una historia, un pueblo: Villaharta de la Orden de San Juan. Exmº Ayuntamiento de Villarta de San Juan, Madrid, 2002. Pag. 357 ] 
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Declaración presentada por Francisco Muñoz de acuerdo a las instrucciones dadas en el edicto para reconocer casas y familias. Año 1752

Diecisiete años despues encontramos un nuevo dato demográfico. Se trata del publicado por Domingo Aguirre, quien nos dice que “el número de casas son 193 que las habitan 193 matrimonios, 10 viudos, 43 viudas, 156 solteros y 105 solteras” (4). Aunque se trata de una simple noticia demográfica, tiene la ventaja de su rapidez y además fiabilidad que sólo puede estimarse cuando el autor habla de pequeñas localidades como es el caso de Villarta. Mucho mas interés tiene el Censo de Floridablanca establecido en 1787 ya que es el primero que se elabora con un sentido demográficomoderno, estudiando la población por tramos o grupos de edad y por ocupación.

En resumen los datos de población hasta principios de siglo XIX son los siguientes:

Año 1575: 80 vecinos; 320 habitantes. Fuente: Relaciones de Felipe II. Villarta.
Año 1575: 80 vecinos; 320 habitantes. Fuente: Relaciones de Felipe II. Arenas.
Año 1575: 150 vecinos; 600 habitantes. Fuente: Relaciones de Felipe II. Argamasilla.
Año 1575: 150 vecinos; 600 habitantes. Fuente: Relaciones de Felipe II. Daimiel.
Año 1575: 200 vecinos; 800 habitantes. Fuente: Relaciones de Felipe II. Manzanares.
Año 1575: 100 vecinos; 400 habitantes. Fuente: Relaciones de Felipe II. Camuñas.
Año 1591: 123 vecinos; 492 habitantes. Fuente: Libro de repartimientos (Tomás Gonzalez)
Año 1752:                         668 habitantes. Fuente: Catastro del Marqués de la Ensenada.
Año 1769:                         700 habitantes. Fuente: Domingo Aguirre.
Año 1786:                         772 habitantes. Fuente: Archivo Parroquial de Villarta.
Año 1787:                         736 habitantes. Fuente: Censo de Floridablanca.
Año 1790:                         733 habitantes. Fuente: CEnso de Floridablanca.

          En otro “poyete” continuaremos con el estudio de la población, un siglo muy complicado que en Villarta tiene un principio nefasto con los efectos de la Guerra de la Infependencia y posteriormente con las guerras carlistas y que en su segunda mitad va a ir manteniendo un crecimiento lento que hará que al terminar el siglo XIX la población ascienda ya a los 1000 habitantes

INFORMACIÓN DE UN ASIDUO AL “POYETE” :

A propósito del anterior “poyete”, Angel Rodriguez Garcia escribió para el programa de PACES de 1996 el siguiente poema que nos envia y que me encantaría que lo leyéseis en estos atardeceres de mayo (Por cierto, Angel, gracias por vuestros mayos) :

UN DIA DE SANILIFONSO

Un día de Sanilifonso,

siendo el menda criatura,

mandole el padre que fuese 

a hacer hoyos de basura.

Viña en zona de Baico,

pedregal de hitos cerraos,

de extensión, fanega y pico

con dos majanos centraos.

Tomando bien la mañana,

a horas de gañán de Milla,

calzó sus peales de lana

y sus buenas albarquillas.

Pantalón de pana vieja,

jersey con filas de ochos,

antiparas y boineja,

recapá…, de rabo mocho.

Uncía en la bicicleta

llevaba su colodreja,

cordelillos y cordetas

y una escusa de clineja.

Una manta terillana

con la que así, “to” , lo abrocha

y una herramienta liviana:

una “azaón” de picocha.

Puesto en el liño primero;

las ocho de la mañana,

vio dos carros tempraneros

que, con leña, regresaban.

Clavó el “azaón con rabia

queriendo no estar allí;

la naturaleza es sabia:

asi se rompió el astil.

El regreso fue veloz

y, también, la reprimenda.

Así la PAZ, empezó

aquel año. Lo recuerda….

 

NOTAS:

(1) Esta obra por su importancia y por el personal técnico que estuvo implicado merece un “poyete” exclusivo en el cual veamos todas las caracterisitcas del mismo.

(2) Las visitas podían realizarlas dos autoridades eclesiásticas. Una la del Vicario de los territorios de la Orden de San Juan y otra por el visitador apostolico del Arzobispado de Toledo.

(3) Como viene siendo habitual en estos “poyetes” en la transcripción de documentos hemos optado, generalmente, por eliminar las abreviaturas manteniendo la ortografía que en los documentos originales constan.

(4) AGUIRRE, DOMINGO.- El Gran Priorato de San Juan de Jerusalen en Consuegra en 1769.I.P.I.E.T, Toledo 1973.

José Muñoz Torres

Cronista Oficial


One response to “La población de Villarta hasta el siglo XIX, por José Muñoz Torres

  1. Gracias, Pepe, por tu gran trabajo, el de este “poyete” y el de todos. Lo del cementerio donde está ahora el parquecillo de la Iglesia Vieja, aún recuerdo que, cuando eran escuelas y yo iba a ellas (con Dñª. África) que, en el patio del recreo había un par de bancos de moleña roja que decían que habían sido lápidas de sepultura y, antes de convertirlo en parque, lo desfondaron y salieron muchos restos humanos. También, por la calle La Isla, cuando hicieron casas desde la plaza San Pedro hacia el río hablaban de que encontraron sepulturas que decían que eran de los moros.
    Muchas gracias, también, por reproducir entero mi escrito del año 1996, me has sorprendido gratamente.
    Hasta cuando usted quiera, Señor Cronista de la Villa.

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