¡Ya se van los quintos, madre…!, por José Muñoz Torres

 

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Pasadas las fiestas de Navidad las familias se encontraban con la desgraciada llegada, aunque esperada por inevitable, del alistamiento de los mozos. Era otra loteria y no precisamente la de Navidad…

Si el alistamiento forzoso al ejercito levantaba verdaderas sublevaciones en las ciudades, sobre todo en los últimos años del siglo XIX y principios del XX, años en los que el ejercito español se vió involucrado en sus últimas guerras coloniales, -Cuba, Filipinas y Marruecos-, en las zonas rurales, ademas de un riesgo cierto para el futuro soldado, la incorporación a filas suponía -para sus familias- una pérdida de ingresos tan necesarias para sus estrechas economías. Para el joven soldado de pueblo, aparte del riesgo por las continuas guerras, la mili suponía un choque brutal con una forma de vida que no conocía y que d epronto le convertía en el blanco perfecto de las bromas -por decir algo- de los soldados de procedencia urbana. Dejando aparte estas circunstancias, el periodo militar se convertía en un largo periodo de vida relajada, con comida segura y escaso trabajo comparado con el suyo habitual en el campo. Por ello no era raro que -de alguna forma- el joven celebrase alegremente su alistamiento, aunque para las familias supusiese un mal trago, que había que soportar; para las familias solo les quedaba la posibilidad de que fuera exento, que se le aceptase el hecho de ser hijo de viuda o con padres de edad avanzada. Por otro lado, la composición caciquil de muchas corporaciones, propiciaban excesivas y sonoras injusticias, sobre todo teniendo en cuenta de que, además, existía la posibilidad legal de comprar legalmente la exención. Existía otra posibilidad de evitar el servicio militar y era el hecho de ser declarado inútil(1), pero esta posibilidad, -de cara a los demás-, era una lacra para la familia del quinto. Las posibles causas de ser declarados inútiles para el Servicio militar erán numerosísimas y con un buen informe(2)  de un prestigioso médico, se podía conseguir librarse de la mili. El quinto, sin embargo, podía ser -desde ese momento- objeto y blanco de burlas por parte del resto de los mozos. Esta sensación de ser poco hombre, de no dar la talla, la recoge Joan Manuel Serrat en su Romance de Curro, “el Palmo”:

.. y Curro se muerde los labios y calla,

pues no hizo la “mili” por “no dar la talla”.

Desde el punto de vista costumbrista, el llegar a quinto y el quintear, suponía convertirse en todo un hombre con libertad de hacer, desde ese momento, cuanto quisiera, aunque la realidad era que la autoridad del padre se mantenía durante toda la vida, al menos en las formas. El peridodo de quintear era, aproximadamente,  de una semana, durante la cual los quintos, subordinados de forma extremada a la decisión del padre(3) de la quinta, dejaban de trabajar dedicándose durante el día a pedir a los vecinos y por la noche a cometer todo tipo de barbaridades que, -de mejor o peor gana-, eran aguantadas y consentidas por los vecinos.

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El calibre de dichas acciones podía llegar hasta la barbaridad de subir un carro a la torre de la iglesia ( eso recoge la anécdota de un pueblo próximo al nuestro) o la más común de todas´: escoger las fachadas más recientemente jalbegadas para escribir en ellas la tradicional pintada de “Viva la quinta del …..”, con escasa observancia de ortografía y caligrafía(4).

Desde un punto de vista administrativo, el alistamiento o declaración de soldado útil, suponía una seríe de normas o actuaciones muy estrictas y meticulosas, que al mismo tiempo, conllevaba otra serie de comportamientos familiares. Estas actuaciones administrativas vamos a seguirlas a través del libro de actas más antiguo que se conserva en el Ayuntamiento(5):

“En la villa de Villarta de San Juan a nueve de enero de mil ochocientos noventa y ocho; constituido el Ayuntamiento en la Sala Capitular bajo la presidencia del Sr. Alcalde D. Gerardo Gómez-Calcerrada Serrano, con asistencia de los señores relacionados al margen previa invitación particular a los mismos y general a los interesados por medio de anuncio y abierta la sesión por el Sr. Presidente a las nueve de la mañana de su orden, se dio principio al acto de formación del alistamiento con la lectura de la ley y las disposiciones vigentes en la parte al efecto bastante, hallándose sobre la mesa los libros del Registro Civil correspondientes y sumarios, la relación parroquial que previene el artículo 26 del reglamento de 26 de diciembre de 1896(6) para la ejecución de la ley de reclutamiento y reemplazo de 21 de octubre del propio año, los padrones de vecindad de años anteriores, las listas de inscripción de mozos de diez y ocho años y los demas datos que se han creido convenientes.

En su vista y después de cotejadas y examinadas detenidamente y oídos los antecedentes y noticias proporcionadas por los señores del margen  y los vecinos o mozos voluntariamente asistentes al acto forman el siguiente alistamiento clasificando los mozos al tenor de lo dispuesto en el artículo 40 de la ley.

1. ADOLFO TABASCO Y PATIÑO, nacido el 4 de enero de 1879, de 19 años de edad, residencia en Villarta; Hijo de Eugenio y Ursula. 

2.SATURNINO DORAL Y JIMÉNEZ, nacido el 8 de junio de 1879, de 18 años de edad, residencia en Villarta; Hijo de Cenón y Dominga.

3.ANTONIO SÁNCHEZ Y TORRES, nacido el 9 de julio  de 1879, de 18 años de edad, residencia en Villarta; Hijo de Joaquín y Francisca.

4. LORENZO SERRANO Y MUÑOZ, nacido el 10 de agosto de 1879, de 18 años de edad, residencia en Villarta; Hijo de Lorenzo y María del Rosario.

5.JUAN J. MORENO Y MOLINA, nacido el 27 de agosto de 1879, de 18 años de edad, residencia en Villarta; Hijo de Cesáreo y Paula.

6.FRANCISCO FLORES Y CAMUÑAS, nacido el 13 de septiembre de 1879, de 18 años de edad, residencia en Villarta; Hijo de Ricardo y Úrsula.

7.EUSEBIO GARCIA Y MUÑOZ, nacido el 18 de octubre de 1879, de 18 años de edad, residencia en Villarta; Hijo de Julián y Matilde.

8.CAYETANO NEGRILLO Y DIAZ, nacido el 23 de noviembre de 1879, de 18 años de edad, residencia en Villarta; Hijo de Pedro y Mª Blasa.

9.JOSÉ A. GALLEGO Y ÁLVAREZ, nacido el 4 de octubre de 1879, de 18 años de edad, residencia en Villarta; Hijo de Victorio y Flor.

No resultando otros mozos que poder incluir en este alistamiento se dio por terminado en la forma ordinaria, acordándose que inmediatamente se proceda a sacar las copias  necesarias para fijarlas al público  por diez días según está prevenido por el artículo 46 de la ley y que se convoque por edicto a todos los mozos interesados, sus padres, amos(7) o parientes, para que concurran al acto de la rectificación el último domingo de este mes a las nueve de la mañana, sin perjuicio de la cita personal a los primeros que se hará por papeleta duplicada, según está mandado y firmarán conforme al artículo 45 de la precitada ley, los señores al margen que saben conmigo el secretario de que certifico”.     

Cumplido el plazo  para la posible rectificación de datos se procederá al sorteo de los quintos en el ayuntamiento para ello, en virtud del artículo 43 de la ley de reclutamiento se “anuncia con ocho días de antelación por medio de bandos, citandose personalmente por papeletas duplicadas a los mozos incluidos en el alistamiento”. En este caso particular el sorteo se anuncia para el día trece de febrero de 1898. El secretario municipal transcribe literalmente en el acta todos los requisitos del sorteo que se celebra como sesión extraordinaria del Ayuntamiento:

“En la villa de Villarta de San Juan a trece días de febrero de mil ocjocientos noventa y ocho, reunidos en las Casas Consistoriales de este término  a las siete de la mañana los señores que al margen se expresan bajo la presidencia del Sr. Alcalde D. Gerardo Gómez-Calcerrada y Serrano, dispuso este señor dar lectura al alistamiento de mozos del presente reemplazo tal cual ha sido rectificado, asi como de los artículos contenidos en el Capítulo III de la Ley de 21 de agosto de 1896 que tratan del sorteo..”

En el artículo 46 se expresa que “en las papeletas para el sorteo se escribirá el nombre y los dos apellidos del mozo y el número de orden que le corresponda en el alistameinto”. Aparte de esa papeleta se rellenaban otras tambien iguales con un número de orden hasta igualar el número de mozos. En este caso concreto se rellenaban nueve papeletas con el nombre de los mozos y otras nueve papeletas con los números del 1 al 9. Todas ellas se introducian en bolas iguales y después en dos bombos, uno en el que figuraban las bolas con los nombres y otro en el que se introducían las bolas con los números y dice el secretario en el acta:

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“.. los primeros separadamente al tiempo de su introducción por el señor Presidente del Ayuntamiento y los segundospor el Sr. Regidor Síndico(8), se removieron suficientemente los globos verificando después la extracción por dos niños menores de diez años que lo hicieron entregando uno de ellos una bola de los nombres al Sr. Síndico y el otro acto seguido una bola de los números al Sr. Presidente, sacaba el Sr. Regidor síndico la papeleta leyendo el nombre en voz alta y el Presidente el número leyéndolo del mismo modo enseñando dichos señores a continuación las papeletas a los demas concejales y a cuántos interesados podían verlas conservandose estas hasta el final del acto. Otro concejal que lo fue el Sr. D. Ceferino Jiménez y Patiño llevó a su cargo la lista de extracción que tenía previamente preparada consigando los nombres al frente de los números de orden mientras el secretario infraescrito anotó los nombres y números según iban saliendo ( estos en letra y en cifras) que fue como sigue:

Nombre y apellidos de los mozos                    número en letra                   nº en cifras

José Antonio Gallego y Álvarez                                       cinco                                                     5

Adolfo Tasbasco y Patiño                                                 dos                                                         2

Cayetano Negrillo y Díaz                                                 cuatro                                                    4

Francisco Flores y Camuñas                                           nueve                                                     9

Lorenzo Serrano y Muñoz                                              ocho                                                        8

Antonio Sánchez y Torres                                              seis                                                           6

Eusebio García y Muñoz                                                uno                                                           1

Juan José Moreno y Molina                                          siete                                                          7

Saturnino Doral y Jiménez                                           tres                                                            3

Posteriormente se elaboraba la lista por el orden de número y se incluía las protestas o reclamaciones que se hubiesen producido dando el secretario lectura del resultado del que se sacarían copias autorizadas para ser expuestas al público. Se establecía asimismo un plazo de reclamaciones de tres días  y el primer domingo de marzo tendría lugar el acto de calificación y declaración de soldados y textualemnte se dice en el acta:

“… cuyo acto tendrá lugar en estas casas consistoriales principiando a las ocho de la mañana, terminado el cual se procederá a la revisión de las exenciones y no exenciones según está prevenido a cuyo fin serán citados ..”

Este día es un día muy importante para las familias. Durante los días anteriores han estado recopilando cuantos datos y circunstancias sirviesen para declarar a sus hijos exentos. Habías algunos que tenían claro que iban a ser eximidos pero en una sociedad en que los defectos físicos eran una deshonra, no eran momentos de alegría. La asistencia a este acto de clasificación estaba afectada por incompatibilidades de parentesco o amistad claramente manifiesta, razón por la cual, junto al Sr. Alcalde, – a la sesíon del seis de marzo-, sólo pudo asistir uno de los regidores, el Sr. Sebastián Muñoz y fué asistida por el médico titular D. Antonio Calvo y Bautista, siendo el tallador oficial D. Valentín Menchero y Jiménez, retirado del ejercito(9). La clasificación de los nueve alistados fue la siguiente:

EUSEBIO GARCÍA Y MUÑOZ. de oficio jornalero. No sabe leer ni escribir. Altura 1’645 metros. Alegó la excepcion de hijo único en sentido legal de padre impedido y pobre. Es declarado soldado.

ADOLFO TABASCO Y PATIÑO, de oficio labrador. Sabe leer y escribir. Altura 1’675 metros. Es declarado soldado.

SATURNINO DORAL Y JIMÉNEZ, de oficio jornalero. Sabe leer y escribir. Altura 1’645 metros. No alego excepciones. Es declarado soldado.

CAYETANO NEGRILLO Y DÍAZ, de oficio jornalero. Sabe leer y escribir. Altura 1’655 metros. No alegó excepciones. Es declarado soldado.

JOSÉ ANTONIO GALLEGO Y ÁLVAREZ,  de oficio labrador. Sabe leer y escribir. Altura 1’615 metros. No alegó excepciones. Es declarado soldado.

ANTONIO SÁNCHEZ Y TORRES, de oficio comerciante. Sabe leer y escribir. Altura 1’565 metros. No alegó excepciones. Es declarado soldado.

JUAN JOSÉ MORENO Y MOLINA, de oficio jornalero. Sabe leer y escribir, Altura 1’580 metros. No alegó excepciones. Es declarado soldado.

LORENZO SERRANO Y MUÑOZ, de oficio estudiante. Sabe leer y escribir. No se presentó. Es declarado soldado.

FRANCISCO FLORES Y CAMUÑAS, de oficio Guarda particular jurado. No sabe leer ni escribir. Altura 1’695 metros. No alegó excepciones. Es declarado soldado.

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Contra esta declaración de soldado útil se podían presentar alegaciones siempre y cuando se hubiesen alegado previamente, que no fué el caso de los nueve mozos declarados útiles. El hecho de ser corto de talla o no dar la talla –establecida en una altura de 1’5oo metros- era causa inmediata para no ser declarado soldado útil razón por la cual la ley contemplaba una detallada forma de hacer el tallaje. El artículo 60 de la citada ley decía a este respecto: “Para tallar al mozo se le colocará con los pies enteramente desnudos, haciéndole quitar la chaqueta o prenda equivalente y la faja, si la llevase, consintiéndole sólo en la cintura una correa o cinturón estrecho. Tomará en la talla la posición militar, teniendo los talones unidos, apoyándolos en la intersección del plano vertical de la talla con el horizontal de la base; los pies igualmente abiertos formando un ángulo algo menor que el recto; las piernas tendidas, sin hacer fuerza en las rodillas; el pedo del cuerpo a plomo sobre las caderas; recogido el vientre; el pecho hacia afuera; los hombros algo retirados; los brazos caídos naturalmente; derecha la cabeza sin violencia y apoyada en la talla; la barba[la barbilla] un poco recogida y la vista al frente. Sin vilentar al tallado, puede el tallador cerciorarse de la talla observándole de perfil y haciéndole girar instantáneamente el cuello y la cabeza a derecha e izquierda, sin separar esta de la talla, viendo el enrase.”

Mucho mas exhaustivo, aunque suponemos que no se siguiera a rajatabla en pueblos pequeños, era el reconocimiento médico. El ordenamiento legal establecía los siguiente: “El reconocimiento debe realizarse con el máximo rigor, con desahogo y a buena luz, de sol a sol. Se mira un instante de frente al mozo y seguidamente se le examina la  cabeza, los ojos, la boca y su cámara posterior y los oídos con el estilete, hablando al mismo tiempo en voz baja. Se hace desnudar al quinto hasta la camisa. Se ve la conformación exterior del torax, y se ausculta y percute en varios puntos, notablemente debajo de las clavículas y en el precardio, haciendo hablar y suspirar de vez en cuando al mozo. Se hará que con los brazos ejecute movimientos de flexión, extensión, pronación y supinación en todas las direcciones.. Después se analizarán las regiones del vientre  y se hace toser al examinado fijándose mucho en las ingles. Se verá el estado del prepucio, si hay o no hipospadios, etc. ; el del escroto, testei, cordón y anillos inguinales. Hecho asi se manda volver de espaldas al quinto, reconociéndole esa parte; se le hace inclinar para ver la región anal, en la que se debe introducir un dedo, caso de estar flaco y descolorido el mozo, para comprobar si hay o no fístula interna incompleta. Y se termina observando los muslos ( en cuya parte posterior es muy común encontrar varices) y los pies: se hace que cuadre y marche…” [De este completo examen tiene su origen una frase hecha por la que a veces creemos que el quinto, -es decir el que va después del cuatro es bueno: ¡No hay quinto malo!. Sin embargo el sentido era bien sencillo. Cansado un médico, que hacía el reconocimiento de los quintos,  de los continuos dolores y quejas de los mismos, llegó un momento en que -alzando la voz para que todos los presentes lo oyeran-, dijo: ¡No hay quinto malo! -es decir: ningún quinto está malo y a partir de ese momento ningún otro quinto se quejó de nada.]  En aquellos momentos en que   el futuro soldado comprometía su futuro -y en muchas ocasiones la vida-, un centimetro podía ser su salvación. Por eso un quinto que midiese 1’495 metros era tallado y retallado porque solo con 0’05 metros podía evitar la mili; solo con apoyarse de una forma u otra podía servir para medir algo menos, los suficientemente menos para no llegar a los 1’500 metros. Fingir una enfermedad o ejercitarse en aparentar un defecto físico podía ser la otra forma de no ir a la guerra.

En cualquier caso, existían, contempladas por la ley, muchas más excepciones: estrecho de pecho, pies planos, corto de vista, etc. que deberían ser motivadas y ratificadas por el médico asesor ( normalemente el médico titular del pueblo) o presentando certificado médico totalmente reglado y que sería posteriormente revisado por dos médicos de la Junta de Evaluación de la zona, distintos -por tanto- del que originó el primer informe.

Este “poyete” se está escribiendo el día siguiente al de la loteria de navidad y si en la forma existe un gran parecido -los bombos, los números, las papeletas-,  el resultado no es que te tocará o no, el gordo -como en la lotería-,  sino que pudieras eximirte de ser soldado, sobre todo en esos tiempos en que aún existían las guerras coloniales, en la que tantos soldados de origen humilde murieron. Había un dicho que decía: El rico paga con su dinero y el pobre con su cuerpo. Y es que llegado el momento existía la posibilidad de comprar la exención y así familias de alto poder económico o incluso relativamente acomodadas podían redimir la suerte y permanencia mediante el correspondiente abono en metálico o bien el canje de soldado que consistía en buscar a algún mozo que quisiera sustituir al soldado declarado util. El sustituto debería cumplir una seríe de requisitos, entre ellos haber hecho ya el servicio militar [ el acuerdo entre el sustituto y el sustituido debería ser casi siempre económico, aunque podían existir otras compesaciones, todas ellas extraoficiales y en cualquier caso estaba aautorizado por la ley : Art. 190.- Se llama sustitución, para los efectos de la ley de reclutamiento y reemplazo, el acto de subrogar un recluta sus obligaciones militares en un individuo licenciado del Ejercito.).

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Finalmente los mozos que quisieran, -no era obligatorio- eran llevados al sorteo -a nivel nacional- en la caja de reclutas donde se decidía el destino del futuro soldado. Normalmente el sorteo se hacía con el corte por una letra, de ahi que se dijese -muy posterior a esta fecha- “la M ha salido para Africa”. La vuelta del servicio militar, tres años en activo, suponía un integrarse a la vida normal. A la mayoría de los soldados, les esperaba la boda, retrasada por la mili y formar una familia. Por eso la vuelta del soldado a casa suponía una alegría inmensa para la familia que de alguna forma manifestaban con las prometidas docenas de cohetes a la Virgen de la Paz, en su plaza de la Ermita.

Termino por hoy porque dentro en casa se oye una alegria provocadora, chicos y grandes hablan mas alto que normalmente; la cocina bulle;  unos que entran y salen destapando cacerolas y probando los guisos. ¡Esta noche es nochebuena! Gracias a todos los que os sentais a recordar un poco de nuestra historia. Todavía hay mucho que contar en el “poyete”. Os espero.

 NOTAS:

(1) La  frase “declarado inútil para el servicio militar” quedaba reducida pasada un tiempo a sólo la palabra inútil que podía marcar a un hombre para toda la vida. Aparte de eso, esa declaración le impedía, legalmente, el desempeño de ciertos trabajos.

(2) En aquellas fechas, igual que ahora, era muy fácil poder encontrar a profesionales de la medicina que por un buen puñado de dinero te elaboraban un buen informe médico capaz de convencer a las autoridades. En cualquier caso al ejercito no le iban a faltar soldados. Que más daba uno que otro.

(3) El padre de la quinta era el mayor  de todos en edad. En el caso que vamos a ver el padre sería Adolfo Tabasco y Patiño.

(4) Las pintadas en las casas eran lo que peor se sobrelleva de lo que hacían los quintos pero como decía un padre a otro: Hoy por mi, mañana por ti.

(5) Salvado del incendio que tuvo lugar algunos años después, el Secretario del ayuntamiento en aquellos momentos describió al detalle todo el desarrollo del alistamiento de los mozos.

(6) La presencia del párroco era  considerada imprescidible pues los archivos parroquiales de aquellas fechas eran muy minuciosos y posiblemente contaban con mayor número de datos que los del reistro civil.

(7) El hecho de ser convocados los amos para el acto de alistamiento deja bien claro que existía un comportamiento caciquil en muchos lugares y la declaración del amo siempre podía ser beneficiosa para el ejercito, en la mayoría de los casos, y en contados casos, su presencia podía beneficiar al futuro soldado.

(8) El Regidor síndico era el encargado de cuidar y velar por los intereses económicos del municipio. Sería equivalente al actual concejal de Hacienda o interventor de cuentas del Ayuntamiento.

(9) A partir del año 1915 el tallador oficial fue, durante muchos años, el conocido Tio Diego que acudia también, de vez en cuando junto a mi abuela ( su hermana), al poyete. Presente en la Guerra de Cuba, fué allí escribiente, alcanzando el grado de sargento.

José Muñoz Torres

Cronista oficial.


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