Me hubiera gustado ponerle un nombre más claro y rotundo a este «poyete» pero, posiblemente, a lo largo del mismo podamos encontrar las palabras justas que hagan recordar este espacio a los que hace tiempo «peinamos canas» y a los de nuestra edad que, muchos con el paso del tiempo, han ido perdiendo el pelo luciendo una reluciente calvicie. Hemos de señalar antes de seguir que aparte de la cocina, y según fuese su espacio, las casas disponían también de una «cocinilla»; lo cierto era que en muchas casas de nuestro pueblo lo único que existía era una cocinilla abarrotada de algunos muebles y muchos cachivaches (esta palabra ha ido evolucionando, en mi opinión hasta casi perder el primitivo sentido con el que eran denominados ciertos utensilios) En el Diccionario de la RAE, en su edición editada de 1999 se denominaban Cachivaches a vasijas, utensilios, trebejos y más especialmente a algunas de ellas rotas o arrinconadas por inútiles. Sin embargo en su momento esos cachivaches era parte sustancial e imprescindibles de las cocinas, aunque bien es cierto, que no había muchos medios ni dineros para sustituirlas por otras nuevas. Aunque parezca una barbaridad parece muy evidente que cuando la sociedad empieza a tener este nombre, es decir, cuando un grupo de personas, -en la antigüedad- dejan de ser nómadas, cuando un grupo más o menos numeroso ( familia y allegados) anda vagando sin domicilio fijo y, al final, encuentran un lugar que reúne circunstancias favorables para un asentamiento estable, hacen estable el fuego, origen de la vida, y a su alrededor empiezan a darle forma y condiciones que permitan a ese lugar las condiciones de reunión, descanso y familia. Entrar en ,a historia de ese espacio de la vivienda es largo y larga es su evolución. Pero en nuestra historia, en la pequeña historia de Villarta no podemos ir siguiendo la evolución normal de otros pueblo, pero en un sentido más visible. A este respecto, decía el Arquitecto Miguel Fisac: » En una evolución normal de la arquitectura, el tipo precede al modelo; en realidad, el modelo es la cristalización de la mejor solución del tipo. Sin embargo, en nuestro caso de la arquitectura popular manchega me atrevería a sospechar que este fenómeno se ha invertido…. si eso es así, y eso parece, la casa popular de los pueblos de La Mancha es la yuxtaposición de varios edificios análogos a las quinterías, en los que se han distribuido los compartimentos necesarios para una vivienda: cocina-comedor, dormitorios, cuadras, cámaras, graneros, etc. y todo ello congregado alrededor de un patio-corral generalmente con su pozo y protegido por una tapia con su puerta de entrada, con anchura suficiente para que puedan pasar caballerías y hasta carros. El patio corral, simple espacio que aglutina las diferentes habitaciones que, de una manera orgánica , forman la casa,… [FISAC SERNA, MIGUEL. Arquitectura Popular Manchega. ].
Boceto de Casa popular manchega (Boceto del propio autor Miguel Fisac)
Sigue diciendo el arquitecto manchego Miguel Fisac: «No pasa de ser una opinión personal respaldada por las circunstancias especiales que en mi concurren, las que puedo aducir para proclamar que existe una arquitectura popular manchega, y que creo además, que ha tenido la fuerza suficiente para configurar su completo desarrollo en el ámbito urbano. Aunque esta arquitectura se encuentre hoy en grava peligro de desaparición; precisamente por esa creencia de los manchegos de que no vale nada, y que hay que destruirla lo antes posible para borrarla del paisaje, como si se tratara de un vestigio infamante del pasado«. [FISAC SERNA, MIGUEL. Obra citada anteriormente].
A pesar de todo creo que solo la necesidad hizo desaparecer esas estructuras del pasado que no se ajustaban a las necesidades de sus habitantes y quizás el exclusivo hecho de que una de las carreteras principales de España cortase en dos nuestro pueblo hizo que quizás el cambio fuese más rápido, aunque tampoco debemos olvidar que Villarta de San Juan no se adaptó muy rápidamente a las nuevas estructuras. Sin embargo no se deshizo rápidamente de sus antiguas edificaciones. Mientras duró la economía agraria antigua, las casas debían mantener en su interior, en las «traspuestas» de sus casas[El Diccionario de la RAE, en la acepción 4 de la palabra «Traspuesta» dice: Puerta, corral y otras dependencias que están detrás de lo principal de la casa«]. Por muy pequeña que fuese la economía agraria de los vecinos, debían tener un corral donde disponer de una cuadra, pajar, espacio para carros, leña, etc. En el caso de que la casa dispusiera de salida a dos calles, una por la calle más principal para el uso doméstico y otra a la calle contraria utilizada para los usos agrícolas que antes comentábamos. Incluso en casas que tenían terrenos para vivienda incluido corral, debían tener dos accesos uno con puerta principal para vivienda y otro con portada para acceso agrícola. Cuando se produce la modernización agraria y por tanto, el no hacerse necesaria la existencia de espacio interiores o incluso exteriores para uso agrícola se va a producir la desaparición de las estructuras antiguas ya innecesarias. Si nos damos un paseo tranquilo por Villarta, cotilleando lo que pudo ser y lo que ahora es, podremos comprender ese cambio radical en el paisaje urbano. Donde antes estaba la entrada a un solar para las mulas, ganados, carros o galeras o para las gavillas ( que daban lugar a las famosas gavilleras que según sobresalieran o no de las tapias del corral podían dar a entender el poder económico de su dueño) ahora hay un nuevo edificio.
Y sí, es cierto, que han pasado muchos años desde entonces pero también es cierto que desde que se pobló Villarta, allá por el siglo XIII, nuestro pueblo no ha cambiado, es que ¡no se ha terminado de construir!. Ahora en nuestro tiempo todo lo que se hace nuevo esta terminado, es para siempre [piensan los que construyen una casa: Entrada, salón, cocina, sala de estar, cuartos de los niños, etc. ¡Todo previsto y calculado!]. Antes no era así. Se disponía, y no siempre, de un solar; en ese solar se iba a empezar una vida en base a lo que había en cada momento. Había que empezar por lo básico. En anteriores ocasiones hablando de las habitaciones o espacios que tenían las distintas casas, pudimos ver que todas tenían las cosas fundamentales para vivir (bueno, en aquellos tiempos para malvivir); todas las casas disponían, al menos, de una cocina, algún dormitorio, un patio, pozo y un corral más o menos grande. Y a partir de ese solar y de esa mínima distribución de espacios, se iba construyendo según las posibilidades y las necesidades. Tenían esperanzas e ilusiones, pero tenían, sobre todo, los pies sobre la tierra. Posiblemente, nunca supieron vivir de acuerdo a sus posibilidades; siempre un poquito menos que lo que la realidad les permitía: había que cubrir la cuadra que, hasta que pudieron, estaba cubierta con carrizo ( quiero decir que su tejado era de carrizo, nada de tejas); había que encamarar los cuartos de la planta baja porque había que tener los granos bien almacenados; … había que hacer algún «cuartejo» más, que los chicos iban creciendo y estaban todos «apretujaos» en el único cuarto que disponían para dormir, aunque luego lo pensaban mejor: «no… mejor vamos a encamarar la cuadra y así tenemos un buen pajar… ¡los chicos que aguanten un poco más, además el mayor ya puede dormir en la cuadra que ahora que está cubierta ya no se mojará….»!; «además hasta ahora pasábamos los animales por la puerta (por la «portailla«) que servía para todos: personas y animales, pero ahora que estamos un poco «desahogaos» , podemos cerrar el corral y abrir una buena «portá»… [JOSÉ MUÑOZ TORRES. Arquitectura popular de Villarta de San Juan. «Poyete» publicado el1 de agosto de 2019]
Decíamos un poco más arriba que Villarta de San Juan, al igual que muchos pueblos pequeños no se había terminado de construir, es más a principio del siglo XIX, cuando parecía que todo iba a cambiar, la guerra de la Independencia lo dejó todo «patas arriba» y otra vez hubo que empezar de cero. Con algún que otro inconveniente se fueron creando calles, enderezando las que antes había y dándole mas espacio que el que tenía antes de aquella guerra con los franceses que tan bien les vino a muchos. El caso es que en aquellas nuevas casas tuvieron mucha importancia las nuevas cocinas y los patios y corrales que poco a poco fueron formando unas viviendas de las que hasta hace poco alguna ha permanecido en pie. Así que vamos al grano: a lo que fue el lugar más importante de la casa. ¡La Cocina! que se fue convirtiendo en el centro de la casa y territorio de las mujeres de la casa hasta que volvían los hombres del campo y en ese momento reclamaban el mejor lugar de la casa, el mas atendido y sobre todo en los largos inviernos, el lugar más adecuado para recuperarse del largo día de trabajo, al calor de la lumbre y oliendo ese vaporcillo del viejo «puchero», donde se recalentaba restos de algún cocido o de otro resto de comida.
Sin embargo el que la cocina fuese el centro del hogar no quiere decir que la cocina estuviera en el centro de la casa. Para un lugar que era el centro y que por entonces casi todo lo que entraba en una casa tenía, casi siempre como último destino la cocina no podía estar situada sino en el sitio más cercano a ella de todas las cosas necesarias de la casa. En el dibujo que incorporábamos de D. Miguel Fisac, vemos que la cocina estaba abierta principalmente al patio y al corral y por tanto muy próxima y asequible al pozo y al basurero. Sino había el suficiente espacio para corral, en algún lugar del patio se recogía de la mejor manera posible la leña, en la mayoría de los casos gavillas de sarmientos que podían colocarse sin ocupar mucho espacio y sobre todo, si había suficientes podía cubrir parte del patio con una pequeña «tená» [Diccionario de la RAE. Cobertizo para el ganado aunque con más precisión, el citado diccionario habla de «tinada» como montón o hacina de leña y como acepción cobertizo para tener recogido el ganado como ovejas o cabras y por el que durante el día deambulaban picoteando sin parar gallinas y algún que otro gallo). Si había sitio suficiente en ese entorno se encontraba la porqueriza de los cerdos, bueno en la mayoría de las casas habría que hablar del cerdo que para más no daba la economía familiar. El acceso a este espacio casi siempre era directamente por la calle. Otras veces las casas solo tenían una entrada desde la calle por la cual se entraban las pequeñas caballerias de carga: los asnos o burros (en el lenguage coloquial los «borricos»). En muchas de las casas no había espacio suficiente para entrar un pequeño carro que a la vuelta del trabajo quedaba aparcado en la calle, vamos igual que ahora con los coches.

Del blog «entredosamores» de José Flores una historia muy sentida y gráfica de Campo Criptana, al que le doy las gracias por poder llegar a esas fotos llenas de vida de un pueblo manchego
Poco a poco y me gustaria que con información de primera mano de muchos villateros podríamos ir dando a conocer cosas de nuestras vidas, incluso algunos hablando de cocina (Ramona anímate y ponemos algunas de esas recetas ). Yo recuerdo entrañablemente la cocina de mi casa. Una cocina relativamente grande con una puerta a la zona de estar de la casa, más concretamente al vestíbulo, otra directamente al pequeño patio donde se apretujaba el pequeño barranco, una habitación de juguete (al menos en altura) y un apartado para la pequeña gavillera con su tena; Tenía otra pequeña puerta por donde se accedía al sótano que hacía las veces y contenía lo que las primitivas cuevas escodían. Al fondo se encontraba la chimenea con lumbre permanente( con calor o frio, aunque se notaba la necesidad del invierno)

Una silla baja frente año para uso de su legítima dueña, mi abuela Josefa, hasta la hora en que llegaba mi padre del campo al que en invierno le dejaba el mejor sitio para calentarse. Frente a ella un pequeño fregadero y una banca, donde mi padre echaba una pequeña siesta. Curiosamente, en ese blog. de Campo Criptana del que antes hablaba, aparece una foto muy similar, aunque ya en muy malas condiciones, de la banca que recuerdo en mi casa.
Y de ese mismo blog, con permiso de José Flores inserto otras fotos

El patiejo,

Una alacena,

La cámara
Bien es cierto que el turismo y el cariño ha conseguido que algunas de estas casas hayan sido restauradas con amor y así nos encontramos lo realizado en las Casas rurales: La Casa de la Abuela, La Golondrina o la Higuera, de la primera de ellas, adjuntamos una foto
Chimenea reconstruida de La Casa dela Abuela
Hoy termino con un escrito de Francisco García Pavón en la que describe como comerse las gachas:
“Hay quien come las gachas con cuchara, pero lo mejor especialmente en el campo, es a base de navaja, cortando un trozo de pan moreno y mojado. Y, naturalmente, en el campo todos deben comer de la misma sartén. Lo de “cuchará y paso atrás” está justificado, entre otras cosas, porque la sartén conserva el calor de las gachas…”
“El buen comedor de gachas, cuando aguarda turno de sopa, sostiene el pan y la navaja en la misma mano, dejándose la otra libre para el manejo del libatorio, el pito, la composición del ademán o lo que fuere. Por contra, el mal comedor de gachas no sabe qué hacer con navaja y pan, se le caen las sopas, manchan al próximo, -“saguden”-, se agacha de mala manera ante la sartén… En una palabra, “comen a lo forastero”. Los de esta condición manisa no tienen más remedio que comer de “cortecilla”, es decir, cortando las sopas sin miga para que no se les despinchen de la navaja. Claro que el cortar las sopas de pan con el grosor, superficie y trozo de corteza conveniente, pocos lo hacían como Plinio y Maleza”.[FRANCISCO GARCÍA PAVÓN, Tomellosero que gustó de la vida en el campo y del trato con gañanes]
¡Que pena que no comenzase antes estos «poyetes» y poder escribir tanto y tanto como mi primo Felix me contó y vivió. De todas formas si me acuerdo de como hacía, yo sigo haciéndola, la cata de aceite, tomate y bacalao.
José Muñoz Torres, Cronista Oficial