Y LA HISTORIA DE NUESTRA GENTE…¿CUÁL FUE? ¡Entre todos podremos recordarla!, por José Muñoz Torres

No se qué puede ser lo más frecuente, que los árboles no te dejen ver el bosque o que el bosque te haga olvidar los árboles. La respuesta es difícil y no es ni puede ser única. Cuando la Biblioteca Popular editó el libro «Villarta de San Juan, historia de un pueblo y sus gentes», decíamos a modo de explicación: «Queríamos hablar de un pueblo sencillo y humilde, donde lo normal eran esas casas blancas ( lo único que, exclusivamente, llamó la atención del maestro Azorín, con rodapies de «añiles», con casas de planta baja que poco a poco se habían ido encamarando para tener a mano pajares y cámaras) y algunas de ellas deslustradas«. Un antiguo edificio del Ayuntamiento que se iba deteriorando a la sombra de una torre que alguien había decidido que lo mejor era tapar sus antiguos ladrillos, para así olvidar su antigüedad, con una buena capa de yeso que podía ir repintándose, según las necesidades. Si es posible que fuese un pueblo humilde, pero mas que humilde era un pueblo que se había ido construyendo tirando lo viejo y haciéndolo nuevo, -quizás con poco control y día a día-, y sobre todo atendiendo a hacerlo fácil pero sin importarle mucho la apariencia de sus nuevas casas. A principio del siglo pasado se construyeron algunas casas importantes, que con achaques, aunque bien conservadas, son aún símbolo de que por aquella época, Villarta de San Juan, parecía salir de malos sueños y unirse a la modernidad, pero…. Estas casas permanecieron como símbolo de que aunque pequeño, nuestro pueblo podía adornarse con buenas edificaciones, aunque quizás no lo fueran tanto pero eran como un adorno, como un traje de domingo que incluso un pequeño pueblo necesita para «poder quedar bien».

Ese era el pueblo que queríamos explicar: un pueblo de calles serpenteantes, en su zona más antigua, y estrechas. Un pueblo asentado en un altillo rocoso desde que se podía contemplar todo lo largo y ancho de un río de cuyo cauce salía agua limpia ( luego cuando se decidió sacarle más tierras al rio, nos enteramos que ese agua surgía de un río impetuoso por debajo de nuestras tierras que, de vez en cuando, dejaba escapar sus aguas subterráneas por esos desaparecidos «ojos» o «baos», a cuyo alrededor surgían «bajeros» y huertas que en el verano daban alimentos para «ir tirando» un poco mejor. En cualquier caso al pueblo, a Villarta de San Juan, hasta bastante después, le costó alejarse del río; que si los malos olores del cieno, que si las ranas, que si los mosquitos,… pero aún así ese río fue parte de nuestra historia: testigo de paseos y amores, testigo de trabajos en lo que solo había que cosechar ( las masiegas, los carrizos, ), solo segar con el agua a la rodilla, mientras cerca de donde la gente del río segaba, los chicos tenían su playa: «la colá»; incluso algún avispado pensó que, por qué, podría poner anuncios para que gente de fuera viniesen a bañarse a «la cola», incluso alguién anunció, hemos guardado de aquella iniciativa: «Baños de Agua Dulce (Establecimiento de).- Colada (La)«[ANUARIO DEL COMERCIO, DE LA INDUSTRIA, DE LA MAGISTRATURA Y DE LA ADMINISTRACIÓN. Tomo II. Pág.2178. Bailly-Ballieres. Ver también en josemunoz.villarta.Los datos del Anuario general referidos a Villarta de San Juan publicado el 8 de junio de 2018]….

Ese pueblo , no tan distinto ni distante,-aunque si mucho más moderno-, del de hoy, es el que queríamos dibujar en nuestro libro. Ver las calles tranquilas, llenas de chiquillos, buscar un lugar donde unos maestros (un maestro y una maestra), con escasos medios, -muy escasos medios-, además de sus personas, pudieran iniciar, aunque muy brevemente, a un «montón» de niños, que junto a ellos se hicieron fotos (en nuestros de nuestros programas de paces fueron publicadas); niños calzados o descalzos, mal o bien vestidos, «repeinados» o mal pelados, de los cuales no sabemos el nombre (digo mal porque una de las hijas de esos maestros, Laurita Serrano Vázquez, le dió los datos suficientes a su hija Laura Arias Serrano, para que hoy, muchos de los que están en esa fotos, sea posible distinguirlos ) pero si que son parte de nuestros orígenes. Esa escuela fugaz y, a pesar de todo acogedora, para muchos de los niños , sería la indispensable academia de un poco mal leer o escribir, y a veces sólo dibujar la firma, y como no, de las necesarias «cuentas». Desde luego por no haber no había «ni monotonía de lluvia tras los cristales». (No deben quedar muchas fotos como la que adjuntamos a continuación pero se trata de las antiguas escuelas, derribadas para hacer el centro de salud y la Biblioteca. El árbol es uno de los de «pandesequillo» que estaban pegados a la valle de la escuela.)

1942 Rosario Serrano y la nieve en Navidad (A su espalda las antiguas escuelas)

La verdad es que era un pueblo que solo tenía una iglesia (restaurada muchas veces, no ya por la desidia de sus habitantes sino por los estragos que sucesivamente cometieron en ella los soldados que pasaron por ella durante la guerra de Sucesión, la guerra de la independencia, las guerras carlistas, de unas u otras ideas) que utilizaban para el cumplimiento religioso (los domingos y dias festivos, -y muchos de nosotros aún recordamos,- la iglesia se llenaba de los reclinatorios de las mujeres, mientras en el lugar con bancos, reservado para los hombres quedaba a veces algún sitio sin ocupar. El sitio de los hombres se situaba debajo del coro y aproximadamente era ocupado por unos siete u ocho bancos. Entonces los hombres estaban en un lugar y las mujeres separadas), … Había también un pequeña Ermita donde la devoción del pueblo les llevaba en volandas, en ciertas ocasiones: cuando el problema era muy grave y sobre todo en las fiestas de las «Paces» para recorrer, con menos gente, pero igual que ahora con la misma ilusión y esperanza que ahora, las calles poco después llenas de carrizos de los cohetes. De esa vieja ermita todavía hay villarteros y villarteras ( lo expreso asi porque realmente son las mujeres las que a poco que escarbes en sus recuerdos, la recuerdan.) Después aproximadamente en 1934, la derribaron y la hicieron nueva, -esta si la recordamos muchos más- y a los pocos años, despúes de la guerra la actual iglesia, porque la de abajo se quedaba pequeña. Asi son las cosas ahora la nueva se queda medía vacía salvo alguna misa especial o novenas o algo así…).

Un pueblo…. casi mejor decir una familia con sus problemas (abrazos y «algún llegar a las manos», a veces) que veían como pasaba el tiempo mientras los más pequeños crecían, a pesar de las enfermedades, a pesar del triste «trailón» [«Toque de campanas de la iglesia anunciando la muerte de algún niños, -párvulos menores de 7 años-, del inevitable cólico miserere (Nombre con el que se designaba antiguamente la oclusión u obstrucción aguda del intestino cuyos síntomas son un dolor abdominal muy intenso y el vómito de los excrementos)], y a pesar de ello y de las penurias y de los duros trabajos, iba creciendo. Y así de pronto, sin darse cuenta llegaba la Primera Comunión, que todos recibían ¡qué remedio! pero que no todos podían celebrar como veían que otros lo hacían. Iban esos niños cubriendo el recorrido de la procesión, sobre todo en el Corpus, y después a lo ancho y largo del paseo dominguero de la carretera… Iría pasando el tiempo y las pandas de chicos y chicas , los domingos iban de paseo, de la plaza de la Ermita al «pasto» (donde ahora está el campo de futbol), aunque ellos ya le llamaban, sobre todo ellos, «el roce» como en otros pueblos y no vamos a explicar el por qué ¿vedad? Ellas, las pandas de chicas risueñas, alegres, sintiéndose contempladas, ellos «remoloneando» torpemente, intentado torpemente, hacerse notar en el continuo «paseo arriba, paseo abajo». Eran las pandillas de amigos y de amigas, cada unos por su lado. De pronto, una mirada, una sonrisa… y las pandillas empezaban a deshacerse. Primera es un joven en un extremo, después van llegando otros y ya se va formando la pandilla de «noviejos«. El paseo, en el buen tiempo se prolongaba hasta el puente viejo y sentados sobre las medio derruidas paredillas, ya restauradas al igual que todo el puente, las parejas pensaban y soñaban con su futuro. Lo primero, «la mili» (el servicio militar obligatorio del que en otras ocasiones hemos hablado); terminar la mili era iniciar una nueva vida: lo primero los cohetes a la Virgen de la Paz, dándole gracias, después de unos breves días de descanso, buscar «amo» para asegurar el jornal y empezar enseguida a pensar en la boda: primero, el reconocimiento e inmediatamente después las compras, al menos el sencillo dormitorio, o cómo decían exagerando: «a comprar los muebles». Después los trámites oficiales: hablar con el cura, las amonestaciones, -que se hacían públicas y en voz alto-, durante tres domingos seguidos ante la vergüenza de la novia que se sentía mirada por todos, el sencillo banquete o el «puñao», como decían en muchos pueblos: unas avellanas, alguna pasta y algún pastel mientras en un vaso se servía un poco de anis ( en el mismo vaso, ¡eh!). Los familiares cercanos y los amigos, después, iban a la casa de los padres de la novia, donde se servía una buena comida que se había estado preparando durante varios días. En cualquier caso la boda, tan pocas al año, era un acontecimiento en todo el pueblo. El que no estaba invitado, salía a curiosear plantados en las esquinas de las calles… y después de algunas cosillas más como la foto de bodas ( curiosamente la mayoría de ellas, aparece el novio sentado y ella de pie… supongo que sería el primer paso para dejar en claro quien se merecía más honores en el nuevo matrimonio, o eso parece, todavía, que sería la razón)….

Y vuelta a empezar una nueva vida, un sinvivir para seguir viviendo, un sostener las ilusiones y la alegría, a pesar del mucho trabajo y alguna fiesta, sobre todo las «Paces».. Y el pueblo vivía y trabajaba, soñaba con la esperanza y muchas veces despertaba con la desilusión que le podía deparar el nuevo día, pero el pueblo vivía y crecía…

Eso es lo que queríamos expresar con ese libro pero despúes del paso del tiempo, pero le faltó poner los nombres de todos y cuantos en él aparecían. Lo hicimos «aposta» porque pensábamos que de esa forma se reunirían con el libro y al ir pasando las páginas, todos intentarían reconocer a los que en él aparecían. Durante un mes largo, las noches después de las cenas, muchas familias se reunía, miraban el libro con calma y se decían: ¿no es ese fulanico? ¿ Y ese es el chico de…? ¿ Anda igual que ahora? ¿ mira mi abuela cuando hice la primera comunión?…. Hasta que el libro se dió por aprendido y bien colocado en alguna estantería o mueble era utilizado, con frecuencia, para enseñar a los familiares. Los más pequeños, los que no había conocido esa vida, decía con cierta sorna: ¡que monos!… Ahora nos damos cuenta de que hace falta nombres no un nuevo libro con los nombres sino revivir esas fotos, sacarlas de los cajones, en las que se están amarilleando, y darlas a conocer. En este sentido mi agradecimiento a Miguel Angel Cándenas y a Luismi por su intento no decaido de darlas a conocer a través de sus blogs pero los nuevos tiempos necesitan soportes estables, facebook o instagran u otros medios, tienen un tiempo de permanencia y después desaparecen. Hace falta un medio estable, oficial, que garantiza su continuidad. En algunos pueblos cercanos como Herencia, Alcázar, etc. los archivos municipales o bibliotecas están construyendo fototecas impresionantes donde ver la vida de un pueblo y el nombre de los que la hicieron posible… ¿Te animas, Misi?

En uno de mis «poyetes», el publicado el 13 de abril de 2018, hablaba de la vida de un maestro y lo titulé: Una Maestro: Don Lorenzo (Don Lorenzo Serrano Muñoz). Lo iniciaba con una frase de Luis Bello, recogida de su libro «Viaje por las escuelas de España» que decía: » Cuando una escuela es conocida por el nombre de su maestro, podéis entra sin cuidado. Será mejor o peor, más nueva o más vieja; pero allí habrá labor personal. Al maestro se le alegrarán los ojos al veros asomar por la puerta, suspenderá de pronto, con gesta de batuta, la tarea y en silencio relativo, empezará a explicaros su método…» Y voy a insistir un poco en la vida de este maestro, al que sus alumnos siempre recordaron y al que las autoridades, de unas u otras ideas, no le reconocieron todo lo que fue ( Por cierto que al lado de su casa, bueno muy próxima a ella, se alza una biblioteca, sin nombre especial, -solo Biblioteca Pública municipal-, que perderá la ocasión de ponerle nombre adecuado, aunque haya pasado ya mucho tiempo : «Biblioteca Pública Maestro D. Lorenzo Serrano»). Don Lorenzo era miembro de una familia «de posibles», su padre Agricultor y sus hermanos; David Serrano, abogado y Arturo Serrano, dentista. Él eligió ser maestro, no por ser más aparentemente más fácil estudiarla sino ¡POR VOCACIÓN! y solamente basta para hacer un recorrido por los pueblos donde estuvo trabajando antes de llegar a ser maestro en su pueblo. Antes de llegar a su pueblo fue maestro en Alcalá de la Vega, en la provincia de Cuenca, en la actualidad, 79 habitantes, en plena serranía baja de Cuenca y después en Pozuelo de Calatrava ( con un sueldo de 500 pesetas anuales), Villamayor, Castellar de Santiago, Cabezarrubias y San Lorenzo ( una pequeña aldea en el valle de Alcudía, donde se casó con Laura Vázquez Muñoz ( su nombre completo era Vicenta María Gregoria Laura) y era maestra en Valdepeñas. Le hubiera sido muy fácil vivir de los suyo, de sus tierras pero se aferró a su vocación y siguió de maestro. Cómo dicen los antiguos refranes ( » De casta le viene al galgo» o «de tal palo tal astilla») su hija Laura Serrano Vazquez, en aquellos años tan duros, creo que estudió Filosofía y letras, y posteriormente su hija Laura Arias Serrano, es actualmente Doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid (1989), con Premio Extraordinario de Licenciatura (1981) y Premio Extraordinario de Doctorado (1989), tiene el título de Magister en Museología (1989-1991) otorgado por la misma universidad. En la Biblioteca de Villarta de San Juan, entregó su libro donde se recogía su tesis doctoral, elaborada en 1989: «El pintor Juan Antonio Morales, vida y obra». Pregonera de las «Paces», publicó un articulo en el programa de festejos donde recogía la vida de las escuelas en tiempos de sus abuelos y en los que se notaba la memoria de su madre, recogiendo junto a las fotos los nombres de los alumnos ( de muchos de ellos). El caso es que tiene muy presente a su pueblo y seguidora de este «poyete», recientemente, hemos tenido algunos contactos más frecuentes sobre nuestros recuerdos que se van perdiendo, sobre tantas fotografías, como decía anteriormente, que se van amarilleando en nuestras casas y hablando con ella comentamos la idea de qué hacer con ellas incluso comentamos posibilidades como la de la fototeca pero al final terminamos con lo más rápido, con todo aquello con lo que se debe realizar un proyecto: empezar poco a poco. Así que me mando ( los medios actuales informáticos tienen esa ventaja) una colección de fotos familiares desde el año 1850, con una foto de su bisabuela hasta otras del año 1964, de su madre y su tio, pero son una historia fotográfica de su familia. Hace poco que las he recibido y en realidad, es un compromiso de ir publicándolas, pero los límites de este «poyete» hacen que de entrada sean solo una pequeña selección.(La selección tiene un criterio personal. El titulo es el citado por Laura. Todas fotos de su colección familiar)

1900. Laura Vázquez Muñoz, mi abuela en un balcón

1911. Lorenzo Serrano Muñoz, mi abuelo, a los 32 años

1921. Laura Vázquez, mi abuela, con sus hijas Laura y Rosario

1925. Mis abuelos, Lorenzo Serrano y Laura Vázquez, con sus hijas Rosario y Laura

1932. Doña Laura Vázquez, mi abuela, con las alumnas de su escuela de Villarta

1932. Nombre de las niñas (la cruz hacía referencia a las ya fallecidas en el año de publicación en el programa de festejos

1932 Don Lorenzo Serrano, mi abuelo, con los alumnos de su escuela de Villarta. ( La cruz es de los ya fallecidos cuando se publicó la foto en el programa de festejos)

Nombres de los alumnos ( La cruz es de los ya fallecidos cuando se publicó la foto en el programa de festejos)

1941. Amigas. De izquierda a derecha. Luisilla Ligero, hermana de Ferminaq, (¿?), Constanza, Adela Menchero, Olimpia Moreno, Laurita Serrano, Anita Garcia-Filoso y Fermina

1943. Amigas en el campo. Laurita Serrano, Pili Guzman y Luisa Serrano

1944. Amigas caminos de los toros. De izquierda a derecha: Lolita Isla, Martina Calcerrada, Angelita Roncero, Adela Menchero, Luisita Serrano, Olimpia Moreno, Laurita Serrano, Natividad Garrido, Felicidad Sánchez, Consuelo Moreno y Valeriana.

1944. Amigas en una trilla. De izquierda a derecha: Tere Guzmán,Rosario Serrano y Angelita Perales (No se indica el nombre del «trillaor», pero puede que alguien si lo sepa)

1946. Laurita Serrano saliendo de Misa en la Iglesia Vieja. [Teníamos ganas de ver alguna foto de la Iglesia tal y como estaba después de la Guerra. Es del año 1946, aún se estaban arreglando desperfectos. Se nota la falta de una campana. En el tejado se adivina la entrada de una pequeña buhardilla o piquera, -suponemos que para tener fácil acceso a la bóveda de la iglesia-, desaparecida desde hace muchos años. La puerta de entrada, aunque sencilla, conserva la forma de un antiguo gótico popular que hemos ido cargándonos, poco a poco, pero al menos hemos recuperado su imagen. Aspecto de la antigua glorieta o parquecillo inaugurado en aquellas fechas sobre el terreno compró a la Iglesia (antiguo y primer cementerio)

1950. En la boda de Lolita Isla. De izquierda a derecha: Pili Guzmán, Laurita Serrano, Mari Carmen Molina, Julita Jiménez, Ofelia Isla y Mari Menchero.

1958. En la Granja. De izquierda a derecha: Auren, Angel Arias, el perro Pipo, Laura Serrano, Laurita Arias y Benita.

1965. Boda de Esthercita. De izquierda a derecha: Fernandito Negrillo, Angel Luis Arias,Laura Serrano,Eli Mari Molina, Esthercita Roncero, Maria Teresa Sánchez, Laurita Arias, Rosario Serrano y Mari Menchero.

1966. Visita del Sr. Obispo ( Don Juan Hervas. Si miráis con atención la foto os encontráreis con muchas caras conocidas)

1968. En la clase de Don José Luis. De izquierda a derecha y de arriba abajo: Gonzalo, Eusebio Garrido, Luis Angel García-Filoso, Alejandro Marchante, Juanjo Rodríguez, Jose Vicente Menchero, Panchi González, Lola Márquez, María José González, OLimpia Muñoz, Don José Luis Alabau, Mari Carmen Sánchez, Laurita Arias, Mari Angeles Menchero, Julián Aguado, Angel, Emilio Negrillo, Angel Muñoz, Jesusín Rodriguez y José Carlos Garrido.

Gracias Lauras, madre e hija. Las demás fotos las guardo para otras ocasiones. Me ha hecho mucha ilusión descubrir ciertas cosas, como esos detalles olvidados (y perdidos) de nuestra iglesia de Santa María.

José Muñoz Torres, cronista oficial.


3 respuestas a “Y LA HISTORIA DE NUESTRA GENTE…¿CUÁL FUE? ¡Entre todos podremos recordarla!, por José Muñoz Torres

  1. ¡Madre mía, Pepe, qué deprisa has escrito y compuesto este nuevo artículo! ¡Enhorabuena! Me encanta todo lo que cuentas y cómo lo cuentas, y el jugo que le sacas a las fotos. Ya lo tengo en papel para dárselo mañana a mi madre, pues vamos a por ella. Y, cómo siempre que le toca regresar a Madrid lo hace con morriña, sé que este regalito le va a endulzarle la vuelta. Además, desde que mi hermano se ha ido a vivir a Montreal (Canadá), voy a ser yo la encargada de imprimirle a mi madre todo lo que vas escribiendo, ahora toca ponerla al día después de su verano en Villarta. De verdad, me ha gustado muchísimo. Y hay que agradecerte la labor impagable que estás haciendo por nuestro pueblo. Un fuerte abrazo, y seguimos en contacto Laura

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