En estos tiempos, tan cambiantes, tan llenos de incertidumbres, tan llenos de información sesgada, o manipulada, tan llenos de incongruencias, tan…. Podríamos seguir escribiendo situaciones que se descubren a diario en periódicos y diversos medios de información y, siempre nos sorprenderíamos o seríamos sorprendidos, por una nueva noticia o un nuevo bulo, siempre nos veríamos desinformados o siempre seríamos autores, quizás inconscientes, de alguna información poco veraz. Hace poco tiempo publicábamos un «poyete» que titulamos: «Y la iglesia ¿Va a seguir callada?». Creo que se entenderá que no hacía la pregunta a un estamento determinado de la iglesia Católica, sino que empezando claramente por ella y todos los que decimos pertenecer a ella, quería extender esa pregunta a todos, pues todos tendríamos que estar capacitados para responder a esa pregunta: «¿Vamos a seguir callados?». Creo que no deberíamos callar, sino hablar, gritar, oponernos a las injusticias y sacar a la luz, ese deseo callado y no siempre enseñado mandato de que Dios dejó en nuestras manos la continuación de la creación. Y así nos han ido enseñando lo que había que creer y los que había que hacer. Y la humanidad, fundamentalmente los creyentes, fue creando y destruyendo, apuntándose triunfos cuando las cosas salían a su gusto y en la más impune dejadez, cuando las cosas no salían bien. ¡Que sea lo que Dios quiera! y así, descargando la responsabilidad de los fracasos de la humanidad, en la pasividad de ese Dios que la propia Iglesia nos ha ido transmitiendo: un Dios para lo bueno al que hay que adorar y festejar y un Dios justiciero para castigar nuestros desvíos y errores al que hay que ofrecer sacrificios para que tenga piedad de nosotros. En cualquier caso hay grupos que ven las cosas de otra forma.
José Luis Martín Descalzo, sacerdote y escritor, poeta y periodista, puso su pluma al servicio del bien, de la verdad sencilla de un creyente y nos dejó escrito el «Padre nuestro» de Dios, dice, así: «Hijo mio que estás en la tierra, preocupado, solitario, tentado, yo conozco perfectamente tu nombre y lo pronunció como santificándolo, porque te amo. No no estás solo, sino habitado por Mi, y juntos construimos este reino del que tu vas a ser el heredero. Me gusta que haga mi voluntad porque mi voluntad es que tu seas feliz ya que la gloria de Dios es el hombre viviente. Cuenta siempre conmigo y tendrás el pan para hoy, no te preocupes, sólo te pido que sepas compartirlo con tus hermanos. Sabes que perdono todas tus ofensas antes incluso de que las cometas, por eso te pido que hagas lo mismo con los que a ti te ofenden. Para que no caigas en la tentación cógete fuerte de mi mano y yo te libraré del mal, pobre y querido hijo mio.» [José Luis Martin Descalzo. Razones para vivir. Biblioteca Básica del Creyente.Sociedad de Educación Atenas. Madrid, 1993. pág. 243. ].
Y ha habido y habrá muchos como él, que en su escritos, nos fue dejando la palabra sencilla de la verdad, del apoyo, de querer compartir con todos, una esperanza de vida. Por ello, pienso, que no es muy exacta la afirmación, o mejor dicho, la pregunta que daba título a nuestro anterior «poyete»: Y la Iglesia ¿Va a seguir callada?, por una sencilla razón: porque son muchos los que no callan sino que hablan y hablan, aunque los problemas diarios, nos dejen poco tiempo para escuchar. Otras veces, por el contrario, hay momentos que podemos llegar a sentirnos confundidos o desmoralizados y no nos sentimos con fuerza para distinguir lo que oímos. En esa enciclopedia tan conocida, como es Wikipedia, aparecen, cuando se habla de la biografía de algún personaje importante, diferentes datos sobre su vida que desconozco si serán exactos o no, pero si no lo son, pueden ser eliminados por el «biografiado» en un segundo. Una de esas preguntas, dentro del apartado personal es, simplemente, cual es su religión, pregunta a la que muchos responden y otros muchos callan. Y, ante su respuesta, nos vemos sorprendidos, a veces, cuando vemos, como el personaje dice, sin ambigüedad alguna, cual es su religión y sabemos, por otro lado, lo que hace o dice, bien divulgado por los medios de información. Y ante esa disparidad, quizás deberíamos preguntarnos cuales son sus actividades publicas y que dice su religión, es decir ( por seguir con el ejemplo) el catolicismo. Quizás sería un ejercicio interesante evaluar, claramente, lo que dice su biografía y sus creencias manifestadas y la fiabilidad de lo que dice o hace el personaje. Viene esto a cuento de que, quizás, no es la Iglesia, como conjunto, la que calla, sino que seamos los miembros de nuestra religión ( en este caso los católicos) los que no leemos, ni explicamos, ni difundimos, lo que la Iglesia dice, sobre lo que pasa en el mundo. [A una mujer, hace mucho tiempo, le preguntaron algunos que seguían las enseñanzas de su hijo, que es lo que debían hacer ellos y ella desde su sencillez y la de su hijo, contestaba: «Haced lo que Él os diga». Esa mujer era María y su hijo, Jesús].
Ahora no está María tan presente como para hacerle una pregunta y esperar su consejo, pero debería bastar con el que dio entonces. Pero en estos momentos es muy distinto ¿A quien preguntamos? Ha sido ya tanto el tiempo transcurrido desde aquella pregunta hasta ahora que en muchas ocasiones en que los pueblos han hecho esta pregunta que, aun siendo en el fondo la misma, siempre encuentran muchas dificultades para que la respuesta llegue a todos. Siempre, en cualquier caso, llega una respuesta que sirve para olvidar nuestros problemas. Decía Juan XXIIII en su encíclica Pacem in terris, tan citada por todos y solo leída por pocos. » 6.Pero una opinión equivocada induce al error de pensar que las relaciones de los individuos con sus respectivas comunidades políticas pueden regularse por las mismas leyes que rigen las fuerzas y los elementos irracionales del Universo, siendo asi que tales leyes son de otro género y hay que buscarlas solamente allí donde las ha grabado el Creador de todo, esto es, en la naturaleza del hombre.» 7. Son, efecto estas leyes las que enseñan claramente a los hombres, primero, cómo deben regular sus mutuas relaciones, en la convivencia humana; segundo, cómo deben ordenarse las relaciones de los ciudadanos con las autoridades públicas de cada estado; tercero, cómo deben relacionarse entre si los Estados; finalmente, como deben coordinarse, de una parte, los individuos y los Estados, y de otra, la comunidad mundial de todos los pueblos, cuya constitución es una exigencia urgente del bien común universal. [Juan XXIII, Pacem in terris, 6, 7]
La encíclica que estamos citando fue publicada el 11 de abril de 1963, época en que la tranquilidad mundial estuvo sujeta a una serie de acontecimientos que eran percibidos como el origen de una guerra mundial o nuclear: la Guerra fría, la construcción del muro de Berlin, la crisis de los misiles en Cuba, la guerra de Vietnán,.. En este ambiente surge la encíclica «Pacem in terris» del Para Juan XXIII, poco antes de su muerte. La citada encíclica llevaba por título: «Sobre la Paz entre todos los pueblos que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad». Esta encíclica iba dirigida «a todos los hombres de buena voluntad» y no exclusivamente a los católicos porque la paz debía conseguirse por medio de la comprensión, la ayuda mutua y el respeto de los derechos de los demás. Como origen del cambio que se estaba produciendo en el mundo y en la iglesia, la Encíclica abría cinco partes: «Ordenación de las ordenaciones civiles y matrimoniales», Ordenación de las relaciones públicas», Ordenación de las Relaciones internacionales», Ordenación de las relaciones mundiales» y «Normas para la acción temporal del cristiano». Aún quedan pendiente de resolver muchas de las indicaciones que el Papa Juan XXIIII enumeraba en su encíclica. Si bien en el aspecto de relaciones internacionales fué fundamental para poner acuerdo en parar los desencuentros entre los grande bloques, fundamentalmente ente EE.UU y Rusia y sus teóricos aliados paralizando los temores a una guerra nuclear, aunque el mundo contempló con resignación como el muro de Berlin se mantenía erguido o como la guerra de Vietnan, dejaba un rastro de desgracias y sangre. Sin embargo una lectura actual de la encíclica, nos deja ver que situaciones más internas de las naciones, eran vistas como un cierto avance, sobre todo las que se citan como: elevación del mundo laboral, la presencia de la mujer en la vida pública, la emancipación de los pueblos. Sin embargo las inquietudes sociales de muchas naciones, incluidas la nuestra no parece que fueran muy exigentes ni que la iglesia en aquellos momentos estuviera muy dispuesta a avalar los cambios que Juan XXXIII indicaba en su encíclica. Concretamente decía el Papa: «En la actualidad los trabajadores de todo el mundo relaman con energía que no se les considere nunca simples objetos carentes de razón y libertad, sometidos al uso arbitrario de los demás, sino como hombres en todos los sectores de la sociedad; esto es, en el orden económico y social, en el político y en el campo de la cultura» [Pacem in terris, 40]; En cuanto a la presencia de la mujer en la vida pública, decía: «..es un hecho evidente la presencia de la mujer en la vida pública. Este fenómeno se registra con mayor rapidez en los pueblos que profesan la fe cristiana, y con más lentitud, pero siempre en gran escala en paises de tradición y civilización distintas. La mujer ha adquirido una conciencia cada vez mas clara de su propia dignidad humana…»[Pacem in terris, 41]. En cuanto a la emancipación de los pueblos, se decía: «… en la actualidad, la convivencia humana una total transformación en lo social y político. Todos los pueblos, en efecto, han adquirido ya su libertad o están a punto de adquirirla…» [Pacem in terris, 42]. En cuanto al derecho de residencia y emigración, Juan XXIII, decía: «Ha de respetarse íntegramente también el derecho de cada hombre a conservar o cambiar su residencia dentro de los límites geográficos del país; más aún, es necesario que le sea licito, cuando lo aconsejen justos motivos, emigrar a otros países y fijar allí su domicilio..» [Pacem in terris, 25].
Parece, estamos seguros, que la interpretación de muchos escritos no está al alcance de la mayoria de los seres humanos. El conocimiento de los mensajes que nos dirigen el Papa, obispos o sacerdotes, en la mayoría de los casos, no sabemos interpretarlos, y necesitamos que esos mensajes nos sean explicados, que sean discutidos con la paciencia del que enseña y con la necesidad de saber del que escucha, del que recibe el escrito. Y además debemos tener confianza en quien nos lo explica, de su buena fe… y no siempre ha pasado esto. Es cierto que si el hecho de conocer nos interesa no podemos permanecer ajenos a otros conocimientos. Estamos en una época con muchos problemas difíciles, con muchas personas interesadas en demostrarnos que lo que ellos dicen es lo verdadero, lo que deberíamos hacer, sin darnos cuenta de que son muchos los que quieren vendernos la moto… y son muchos los que la venden barata, asequible. Demos un repaso rápido a lo que está en venta: los inmigrantes (la emigración en su totalidad), gente de otros países, de otras culturas aunque con las mismas necesidades, que en muchísimos momentos van a recibir nuestro apoyo pero que en otras ocasiones van a ser el blanco a quien echar la culpa de todo lo malo que pueda suceder. No hace falta nada mas que encender un televisor, conectar nuestros móviles con redes en las que van a aparecer, calumnias, bulos, ofensas, mentiras, sin más fin que crear una sociedad cada vez menos humana y con menos confianza en el ser humano y… cada vez nos apartamos más de las necesidades de otros enzarzados en una discusión tonta de quienes son los culpables mientras que miles de niños son asesinados sin saber cuales son las verdaderas razones para ello y ante la mirada angustiada de unos padres que, a veces, solo por el simple hecho de recoger algún alimento que les ha caído desde una avión (vamos a suponer que como como ayuda para seguir viviendo), reciben un balazo que acaba con su vida… Mientras otros, ante una mesa bien repleta de alimentos, seguimos discutiendo si debemos decir genocidio o masacre y la televisión encendida como testigo mudo de que está desapareciendo la dignidad de los que tenemos suficiente o de sobra para vivir.
Eso si , los sábados o domingos, o cualquier otro día, acudimos a nuestros templos para rezar y pedir a nuestro Dios que no permita la locura de muerte e injusticia que estamos viviendo. En el caso de nuestra religión deberíamos llevar siempre con nosotros aquel viejo refrán que dice: «A Dios rogando y con el mazo dando» ( El significado está muy claro y hay que tenerlo en cuenta). Dicen los antiguos libros que una vez un carrero que iba con su carro camino de casa, atascó una de sus ruedas en un gran bache del camino. Bajo del carro y se lamentaba de su desgracia, con gran dolor. ¿Que iba a ser de él?. En eso San Bernardo, dice la tradición, se le apareció y el carrero se dirigió a él para pedirle que por su intercesión le pidiese a Dios que le arreglase el carro. Y San Bernardo le dijo: estoy seguro que Dios va a ayudarte pero mientras tanto tu coge el mazo y ayuda en todo lo que puedas. y de ahí esa antiguo refrán de «A Dios rogando y tú mientras con el mazo dando»)
JOSÉ MUÑOZ TORRES, CRONISTA OFICIAL.