Muchas veces al escribir estos «poyetes», me quedo en blanco porque la memoria no siempre da para tanto y recordar lo escrito a lo largo de estos años, es tarea bien ardua y algunas veces resulta que vas a escribir pensando que es una novedad pero no siempre es asi. Otras veces, buscando tema, dudo sobre la conveniencia de escribir sobre algo concreto y le voy dando vueltas y lo voy aparcando hasta que sea conveniente hablar de ello. En alguna ocasión, es una mera coincidencia, la que me permite hablar de algo que siempre me ha estado dando vuelta. En el caso del «poyete» de hoy, me vienen a la mano, dos viejas copias de documentos que unen el mundo de la política con el mundo de la religión; bueno casi es mejor denominarlos como autoridades municipales. En la fotos siguientes, de arriba a abajo, Edificio de antiguo Ayuntamiento. La siguiente se corresponde con la toma de posesión del Alcalde, Cayetano Garrido, en presencia del secretario municipal, en funciones, Juan Antonio Rodriguez y de testigo, uno de los concejales, Pablo Fernandez. La última de ellas es de toda la Corporación municipal con algún representante de organismos municipales (Los nombres, de izquierda a derecha Pedro, Ramón, Santos (Santillo), Baltasar, Juan Antonio, Cayetano, Pablo, Vicente, Jesús, Estanislao, Apolonio, Sagrario y -agachado- Faustino). No hay nada más que fijarse en las viejas y desgastada baldosas y en la estufa, a la izquierda de la foto de toma de posesión del Alcalde, Cayetano, cuyo tubo aparece a la izquierda de la foto).
La otra coincidencia era una fotocopia antigua de un escrito de un obispo de Ciudad Real, D. Rafael Torija de la Fuente, recogido en el año 2010, titulado «Bienaventuranzas para tiempos de Crisis» (Advierto que esta copia, en estos tiempos en que tanto se falsea y tanto se manipula, podría ser o no verdadera, pero mirando con calma el escrito, ¿por qué poner en duda estas «bienaventuranzas»?. Pues bien, y la causa de este «poyete» de hoy es la coincidencia de recordar a dos personas , a las que no trate uno de los concejales de Villarta de San Juan, Pedro Agudo era, según tengo entendido natural de Noez (Toledo), y «quinto», paisano y pariente próximo del obispo Rafael Torija, obispo de Ciudad Real, autor del texto que transcribimos.

Edificio del antiguo Ayuntamiento (Fuente: Villarta de San Juan. Historia de un pueblo y su gente.)
Toma de posesión del Alcalde Cayetano Garrido, ante el secretario en funciones, Juan Antonio Rodriguez y Pablo Fernández, uno de los concejales. (Fuente: Villarta de San Juan. Historia de un pueblo y su gente.)
Corporación Municipal. Año 1968 (Fuente: Villarta de San Juan. Historia de un pueblo y su gente).
Nada tuvo que ver uno con otro, Pedro no presumía de pariente importante y Rafael, obispo, hacía una visita corta a su paisano en las escasas visitas que por motivo eclesiásticos hacía a Villarta. Pero esta corta relación si me dio la oportunidad forzada de hablar un poco de lo que decimos o se dice de la Iglesia. ¿De su silencio? ¿ de no saber hablarnos con un lenguaje de estos tiempos? ¿De no hacernos llegar esas afirmaciones como algo necesario para los que somos o nos decimos ser católicos? Hay mucho de los que debemos hablar y alguna vez, algún proclamado ateo, nos lleva a un dialogo necesario entre creyentes y no creyentes en los que se busca conocernos y no imponer nuestros pensamientos, como verdad incuestionable, para los que nos escuchan o para aquellos con los que convivimos.(Hay un libro muy reciente que nos puede llenar de sorpresas, si tenemos paciencia para leerlo. Su autor Javier Cercas autodeclarado «..ateo, anticlerical, laicista militante, racionalista contumaz e impio riguroso..» abre caminos pocas veces recorridos por creyentes y ateos en su libro: El loco de Dios en el fin del mundo. Por otro lado, alguien ha definido o resumido las bienaventuranzas como fórmulas de felicidad espiritual que Cristo manifestó a sus seguidores como ideal de vida.. Tanto se puede hablar, antes que tanto callar… En este «poyete», donde no siempre se habló tomando el fresco de las noches de verano, de estas cosas de las que alguien hubiera dicho. «eso son cosas de la Iglesia..» vamos a dar paso a un escrito de Rafael Torija de la Fuente, obispo de Ciudad Real que dice así:

Don Rafael Torija de la Fuente, obispo de Ciudad Real (1976-2003)
Bienaventurados los que se empobrecen por invertir y crear puestos de trabajo, porque acumulan acciones del Reino.
Bienaventurados los que renuncian a tener más empleos, que no necesitan para vivir dignamente, porque tienen lugar asegurado en el Reino.
Bienaventurados los funcionarios públicos que trabajan como sise tratase de algo suyo y agilizan los trámites y estudian seriamente los problemas, porque su trabajo sera considerado santo.
Bienaventurados los profesionales que no se oponen a las reformas justas de sus funciones porque vale más quedar bien con Dios que con los compañeros.
Bienaventurados los obreros y empleados que prefieren que haya puesto de trabajo para todos antes de sus propias horas extras o pagos adicionales, porque saben donde radica su beneficio.
Bienaventurados los banqueros, los corredores, los comerciantes que no se aprovechan de su situación para aumentar sus ganancias, aunque fuera de manera legal, porque asi le hacen un gran servicio a la paz.
Bienaventurados los trabajadores que no estaban en el fondo de desempleo, simulando huelgas o enfermedades que no existen, porque no justifican el egoismo de los bien situados.
Bienaventurados los políticos y sindicalistas que se dan a la tarea de encontrar soluciones realistas a las carencias, mas allá de las estrategias y los intereses sectoriales porque ellos aceleran la venida del Reino.
Bienaventurados seremos todos cuando dejemos de decir: «Si yo no aprovecho la oportunidad otro la va a aprovechar» cuando dejemos de pensar: «si todos lo hacen, no debe ser malo».
Cuando dejemos de razonar: «mientras no se vaya contra la ley, todo está permitido» porque entonces la vida en sociedad será un anticipo de la felicidad del Reino.
Don Rafael perteneció a esa generación de obispos españoles que liderados por el Cardenal Vicente Enrique y Tarancón ( A estos obispos le tocó vivir años duros. Al propio Cardenal Tarancón, en una manifestación multitudinaria en Madrid, se le decía: «Tarancón, al paredón».) hizo que al mismo tiempo que en España se realizaba la transición política, la iglesia española tambien se acomodara a las directrices emanadas del Concilio Vaticano II. Murió en Ciudad Real, siendo obispo emérito, en la casa Sacerdotal de Ciudad Real, el año 2 de marzo de 2019. No siempre la Iglesia calla.
JOSÉ MUÑOZ TORRES, CRONISTA MUNICIPAL.