Cuando empezamos a escribir este nuevo «poyete» son las visperas de San Juan Bautista, titular de nuestra Parroquia y cuya fiesta fue posible gracias al esfuerzo de un grupo de personas, a las que a veces, solo a veces, en rápidas conversaciones, sacamos a relucir. Pero, en Villarta hemos tenido la suerte de tener programas de festejos, donde tantos villarteros, de nacimiento o de sentimiento, han escrito. La mayoría de esas personas lo han hecho porque era un deseo o una ilusión, o quizás, lo mas importante, porque era la forma de guardar un recuerdo para siempre y también por el deseo de que quizás en algún momento ese escrito que aparece en un recobrado y ya amarillento programa, sirva, ya pasado el tiempo, para ser recordado por aquellos que convivió, y que a buen seguro podrá seguir conviviendo en la memoria de todos nosotros. Escritos de alcaldes, curas, gente sencilla de Villarta que de pronto vuelven a nuestra memoria, sin que de ella se hayan ido porque siempre han tenido un lugar reservado.Y no sé porqué, pero hoy he dejado de escribir historias de tiempos pasados para recoger, palabra a palabra, los escritos o historias de tiempos más próximos. Así que en estos tiempos tan convulsos de palabras fáciles pero ofensivas, , sea necesario sacar a la luz palabras honestas, sinceras y entrañables que están ahí en nuestros programas.En el programa de festejos de San Juan del año 2011, cuando aún eran pocos años los que llevaba en Villarta, un cura joven, escribió la página que para el párroco estaba reservada en en el programa de festejos y que creo que sea momento para ser recordada. El párroco ( o mejor, nuestro cura de entonces) era Juan Carlos Pérez Troya y el escrito decía así:
«Querido pueblo de Villarta. Parece mentira que ya tengamos encima las fiestas de San Juan. El tiempo corre tan deprisa que a veces no nos queda tiempo para pararnos y considerar siquiera lo que sucede a nuestro alrededor, por eso aunque se agradece el descanso de estos días de fiesta, es tambien importante mirar y ver lo que ha cambiado nuestra vida y nuestro pueblo en este año y ver también en que es necesario cambiar.
Es un ejercicio que recomiendo porque nos ayuda a darnos cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor y ser conscientes de lo que estamos haciendo con nuestras vidas.
Cuando llegué a este pueblo, D. Antonio, el Obispo me encomendó que cuidara de sus gentes como un buen «padre de familia», y por eso me veo en la obligación de comentar ciertas actitudes y comportamientos que me han asombrado y preocupado en estas última semanas.
Como persona al margen de cualquier partidismo y con la mirada benévola del respeto mas profundo, asisto atónito a un descabalado enfrentamiento entre ideas y opiniones que se traduce en una sarta de comentarios despectivos, crueles, intolerantes y sobre todo aparentemente malintencionados.
En la calle, en los comercios, via tuente, facebook o en blog. Mire hacia donde mire, las opiniones están en boca de todos convertidas en armas arrojadizas utilizadas para herir y desprestigiar sin importar quien se ponga por delante. Con el agravante de que además se utiliza el anonimato que encubre las redes sociales para lanzar las peoras infamias y herirse con palabras de toda índole. Comentarios estos que sin duda desdibujan el sentido de la democracia y de la participación política.
Sin lugar a dudas que ganar o perder unas elecciones no es una cuestión baladí. Pero ¿verdaderamente el ansia de la victoria justifica tal retahila de comentarios y opiniones? Sinceramente creo que no y que las personas siempre están por encima de todo, incluso por encima de ideologías, creencias o razones. Creo que gobernar es servir, pero la exageración del triunfo y la desesperanza de la derrota, me dicen que esto no lo entiende asi mucha gente.
La gravedad de estos hechos no hace sino plantearme que se entiende por «ganar unas elecciones», que se entiende por democracia y libertad. A mi entender siempre he creído que la función de un alcalde y de un Consistorio Municipal era un servicio al pueblo, un trabajo por y para los demás, y una fuente inagotable de conflictos. Hay que estar muy convencido de esto para dirigir un Ayuntamiento, porque no creo que haya dinero en el mundo para pagar una tarea tan dificultosa y amarga muchas veces. Uno tiene que querer mucho a su pueblo para formar parte de unas listas que concurren a unas elecciones, de exponer su vida y por añadidura la de toda su familia, a la opinión de unos y de otros. Por eso, que se descalifique y se juzgue a esas personas no habla demasiado bien de los autores de esos comentarios.
Duele, ver como las ideologías echan por tierra la reputación, el trbajo o el servicio que se ha prestado a un pueblo durante veinte años. Que se dice pronto, pero que hay que vivirlos para saber el trabajo que llevan detrás. Duele ver como se descalifica a las personas por lo que llevan puesto, los estudios que se tienen o la forma de decir lo que se piensa. Duele ver como incluso se llega a utilizar a la iglesia y el servicio que una persona pueda prestar en ella, para atacar y hacer daño. ¡Hasta ese punto hemos llegado!
Sin lugar a dudas habrá quien diga que estos no son temas de los que tenga que hablar «el cura del pueblo», como si en estos temas, no hubiera mas derecho a hablar que el que asiste a las partes, o como si el «cura del pueblo» no formara parte del mismo. Y yo, hablo, en primer lugar porque es mi obligación cuidar, atender y servir a las gentes de este pueblo, en segundo lugar porque se está haciendo daño a las personas y a las instituciones y eso es intolerable y en tercer lugar porque a todos nos asiste el derecho de manifestar nuestra opinión dentro del respeto y las formas que marcan la educación y la moral y por lo visto eso hay personas que no acaban de entenderlo.
Sirvan estas fiestas de San Juan para sembrar la armonía entre nosotros. Sirvan para descansar, divertirse y estar con la familia. Pero sirvan también para hacernos ver que el bien del pueblo está por encima de intereses particulares o partidistas y que las personas estamos por encima de todo. Como cambiaría el mundo, cómo cambiaría nuestra forma de ver y pensar si miráramos con ojos de servicio y de entrega. Trabajar por los demás no siempre es agradable, servir a los demás, a veces, es causa de conflicto y de sufrimiento. Pero no estaríamos hoy celebrando San Juan si no hubiera personas que han trabajado y trabajan por los demás y que han puesto mucho tiempo y esfuerzo para que estemos donde hoy estamos. A todos los que trabajan en Villarta en una u otra labor, los que han estado y los que están, muchas gracias por vuestro trabajo y y no perdais nunca la ilusión por seguir trabajando por el bien de este pueblo. [PROGRAMA DE FESTEJOS. FERIAS Y FIESTAS EN HONOR DE SU SANTO PATRON SAN JUAN BAUTISTA. VILLARTA DE SAN JUAN, 23 AL 25 DE JUNIO DE 2011. JUAN CARLOS PEREZ TROYA, Vuestro Sacerdote] . Quizás haya muchos escrito en nuestros programas que merezcan la pena que volvamos a leer o tal vez que, al final, leamos por primera vez porque la mitad de las cosas que en los programas se escriben no da tiempo a leerlas y cuando quizás lo hubiese ya no sería el momento.
JOSE MUÑOZ TORRES, CRONISTA OFICIAL.