LA HISTORIA NUESTRA DE CADA DIA, por José Muñoz Torres

Villarta de San Juan, algo después de 1930 ( Fuente: Villarta de San Juan. Historia de un pueblo y su gente)

Hay muchas formas de escribir la historia porque existe una historia personal, única de cada villartero, sin cuyo conocimiento la historia de nuestro pueblo no queda completa. Se trata de esa historia íntima que se va transmitiendo en largas conversaciones que siempre empiezan: ¿Os acordáis de aquella vez…?. Por eso, en este «poyete», quiero comenzar dando las gracias a todos los que habéis ido recogiendo nuestra historia, esa de cada día pasado, esa historia siempre distinta,según quien la cuente, pero esencial para todos los villarteros. Algunos os fuisteis a lugares lejanos y casi fue nuestra historia, vuestra historia, lo único importante que pudisteis guardar entre vuestro equipaje. Os la llevasteis a lugares ajenos donde nunca, quizás, oyeron hablar de nuestro pueblo pero donde, con toda seguridad, sentirán envidia de que, después de tanto tiempo, sigáis contando la misma historia pero siempre con sentimientos distintos. Los años nos van haciendo ver las cosas mas sentidas, más queridas, mas añoradas… y no os preocupéis vuestra historia la irá conociendo más gente, la irán envidiando más gente porque, muchos de los que la oigan, quizás, no hayan tenido necesidad de guardarla porque no tuvieron oportunidad de vivirla.

Hasta ahora, en todos los años que llevamos sentándonos en aquel ya tan lejano poyete, ese poyete, para mi, de mi abuela Josefa y, para todos vosotros, el de todas las abuelas entrañables que han sido en nuestro pueblo, hemos hablado de muchas cosas que, gentes de otros lugares, que se hayan sentado de vez en cuando a leer nuestras cosas, habrán comprendido o, incluso, alguno para si haya pensado que no es para tanto. Y mirad por donde he vuelto a releer y mirar con detenimiento ese libro que ya tiene veinticuatro años y todavía nos sirve para ir conociendo nuestro pueblo. Así que hoy, en este viernes tan caluroso ( parece ser que mas que nunca), es bueno recordar todo cuanto está a nuestro lado. Ese pueblo, como decíamos en el prólogo, humilde pero bien vestido con las calles antiguas serpenteantes y estrechas. Un pueblo metido en un palmo de tierra y que le costaba alejarse del río hasta que alguien, mirando otros intereses y no lo que significaba para nosotros, decidió que «para poca salud, ninguna» y poco a poco nos lo fueron ocultando. Ese río fue testigo de paseos y amores, de trabajo y algunas tragedias, de aguas a trechos empantanadas y a ratos limpias y claras, de ese río cubierto de aneas y carrizos tras los cuales ocultaban sus nidos los patos, azulones, cercetas, fochas, gallinetas, etc. Un río cruzado largamente por un increible puente romano, un «puente viejo de piedra» que poco a poso se fue cansando y nosotros casi también de él, hasta el momento en que los nuevos aires se dieron cuenta de su valor y fue declarado monumento artístico de carácter nacional, encontrándose hoya perfectamente recuperado dado el compromiso de todos los alcaldes de la transición (Julio Isla, Angel Antonio Ruiz, Felicidad Bascuñana e Irene Ruiz) [Por cierto, alguien teniendo cariño por lo romano, comenzó a difundir la romanidad del puente de Arenas. Aunque en este caso los vecinos de Arenas de San Juan se había encargado de desmentirlo el día 3 de diciembre de 1575 cuando en las relaciones de Felipe II, contestaban a la pregunta 22 «que en el dicho río Gigüela no hay paso con puente señalada de que se pueda tener memoria porque las que hay son de madera de encina que cada un año tienen necesidad de muchos para poderse servir de ellas…». El 13 de febrero de 2024, Julio Chocano, delegado de Hispania Nostra en Castilla la Mancha publica el siguiente comentario: «En 1582, por mandato del monarca Felipe II se ordenó su construcción, que fue llevada a cabo, por canteros de Ciudad Real capital, en 1583. En 1776 se proyectó su remodelación, por el arquitecto José de Palacios San Martín, según consta en el Archivo Histórico Nacional. Se llevó a cabo una profunda restauración, en 1883, por D. Cirilo Vara y Soria, famoso arquitecto de la Diputación Provincial de Ciudad Real, como describen los planos y presupuestos del Archivo General de dicha Diputación«. Aunque parezca muy precipitado el encargo y la construcción del puente por parte del Rey Felipe II, no hay datos para negarlo aunque lo que si es evidente es el proyecto de José Palacios publicado en la tesis doctoral de Ana Cagigas Aberasturi. Los Maestros canteros de Trasmiera. Santander 2015 y que recogimos y ampliados en nuestro «poyete»: Algo no cuadra. 14 de junio de 2015.]

Y volvemos a lo que decíamos en aquel libro. Y en ese pueblo no tan distinto del de hoy, había que colocar todo para darle vida. Llenar sus calles tranquilas de chiquillos; buscar un lugar donde unos maestros (un maestro y una maestra), con escasos medios, poco mas que sus personas y conocimientos, pudieran iniciar, aunque muy brevemente, a una multitud de niños que junto a ellos se hacen una foto que quedará para la historia de nuestro pueblo.

En ella niños calzados o descalzos, mal o bien vestidos, peinados o mal rapados, de los cuales no sabemos su nombre pero si que son parte de nuestro origen. Esa escuela fugaz y, a pesar de todo acogedora para muchos de los niños, sería la indispensable academia donde enseñar un poco el mal leer o escribir y a veces solo dibujar una linea que será lo único que conserven de su paso por la escuela, esas cortas vacaciones, en toda su vida, que muchos tuvieron. Lo que si aprendieron muchos, aunque fuese de memoria fueron las necesarias cuentas. Desde luego por no haber no «había ni monotonía de lluvias tras los cristales».

Un pueblo religioso a su manera que utilizaba la iglesia vieja (hoy salvada de la ruina gracias a la ilusión que puso en ello un cura joven, Juan Carlos Pérez Troya acompañado de un buen número de jóvenes) para el cumplimiento religioso, a veces «a regañadientes» y una pequeña ermita que, al parecer se quedó pequeña, donde la devoción y el amor llevaba «en volandas» a los villarteros para postrarse ante su Virgen de la Paz.

Un pueblo…, casi mejor diríamos una familia, con sus lógicas desaveniencias que al comenzar el siglo XX, apenas llegaba a los mil habitantes que veían como sus mas pequeños crecían, a pesar de las enfermedades, a pesar del «trailón» de las campanas de la iglesia, casi constante,… y a pesar de las penurias y de los duros trabajos. Y poco a poco, después de esa Primera comunión, que todos recibían pero muy pocos podían festejar y que «presumidillos», dentro de lo que se podía presumir, iban esos niños y niñas cubriendo a todo lo ancho, -que entonces si se podía-, el paseo dominguero o festivo de la carretera. Con el tiempo, ellas harían este paseo todos los domingos contempladas y ellos al «roce» (que así le llamaban ellos a ese paseo de la carretera) «remoloneando» delante de ellas, haciéndose los interesantes, con esa torpe intención de conseguir que una de ellas, -que se notaba cual querían que fuese-, le riese las gracias o las «tontás» que hacían. Asi era toda la tarde del domingo: paseo arriba, paseo abajo; desde la plaza de la Ermita hasta el «pasto«.

Eran las pandillas de chicos y de chicas. De pronto a una sonrisa o una mirada de un chico, respondía con el mismo gesto una chica hasta que las pandillas comenzaban a deshacerse. Primero era un joven al lado de muchas chicas, después, poco a poco, se iban quedando solos o en grupo de parejas que solían durar durante mucho tiempo. En verano este paseo, en el buen tiempo, se prolongaba hasta el puente viejo y sentados sobre las, ya destruidas «paredillas»(ahora que ya están reconstruidas, son los mayores, sobre todo, en las agradables mañanas de primavera u otoño los que las ocupan recordando otros años, otras ilusiones ya pasadas, algunas que llegaron a cumplirse y otras que no pudieron ver cumplidas) las parejas pensaban o soñaban con su futuro. Pero antes quedaba algo importante: Para él «la mili», para ella la «espera», que utilizaba, arañando tiempo al tiempo, para preparar el ajuar. La primera mitad del siglo XX, fue una época muy díficil para los jóvenes, ciertamente la «mili» era la puesta de largo del hombre, su mayoría de edad. El simbólico cigarro o puro que el padre les daba el día en que eran «tallados«; era el momento soñado, en que el padre les daba libertad para intentar seguir cada uno su vida, bueno casi, porque eran otros tiempos y aún le quedaban muchos años de seguir obedeciendo las órdenes de los mayores. Pero fueron muchos años tristes y duros: el final de las guerras coloniales, los cambios de regímenes, la guerra de Marruecos, la Guerra Civil, …. que aún a sabiendas que el que estaba enfrente podía ser su mejor amigo o incluso su hermano, tuvieron que disparar sus fusiles como si en ello les fuera la vida y en realidad así fue….. ¿Y las mujeres?. Fueron muchas las circunstancias que hicieron que esa «mili» añorada fuera un punto final de sus vidas y fueron muchas las mujeres que dejaron sus ajuares, a medio terminar, escondidos en el fondo de algún baúl. Algunas rehicieron sus vidas, otras quedaron como viudas antes de tiempo.Otras muchas quedaron con la pérdida de un hijo, sin saber dónde ni por qué…. El pequeño pueblo se quedó triste, fueron muchas las cosas que hubo que aceptar a desganas. Los chicos nunca llegamos a comprender como habían desaparecido hasta el nombre de algunos colores. Dejó de existir el color rojo y tuvimos que llamarlo encarnado, colorado, … Quizás para algunos que viven otras ilusiones, otros mejores tiempos, quizás no tan buenos como desearíamos, les parecerá una tontería pero fue así y esas cosas que en ese libro que comento se ven, sus fotografías sin nombres, deberían servir para contar nuestra verdadera historia, con sus cosas buenas y sus cosas malas.

Terminada la mili, comenzó una nueva época, para cada cual fue buena. Lo primero, los cohetes a la Virgen de la Paz para darle las gracias por todo, otros buscando «amo» para asegurar un jornal y al mismo tiempo pensar, enseguida en todo lo de la boda: el «reconocimiento«, la compra de muebles, el dormitorio, que luego el resto ya lo irían comprando poco a poco, mientras se iban levantando las escasas habitaciones de sus humilde casas; la vergüenza de las amonestaciones que el cura decía antes de las bodas en las misas de los domingos; la boda, un acontecimiento del años, -que había muy pocas,- el pueblo asomado a las esquinas para ver el ir y venir del novio y padrinos, a la casa de la novia y, así, separados ir a la iglesia y volver desde ella, ya marido y mujer; y ahora al banquete, bueno la invitación, «el puñao«, como decían en otros pueblos, unas avellanas, unas pastas, algún pastes y vino y gaseosa, poca cosa en general…. En algunas ocasiones la foto de novios: en las más antiguas se veía al hombre, al marido, sentado y la novia, la mujer, de pie, tras de la silla en lo que parecía un ritual significando no sé que cosa pero algo y no muy bueno para la mujer….

… y vuelta a empezar. Quizás algún día sin ir al campo y, a partir de ese momento, un sinvivir para poder seguir viviendo, un sostener las ilusiones y la alegría; mucho trabajo (hasta que lo hubo) y alguna fiesta: «De Paces a Paces» y después «apurad que ya no hay más fiestas hasta carnaval»…

Y el pueblo vivía y trabajaba; soñaba con la esperanza y muchas veces despertaba con la desilusión, pero el pueblo vivía y crecía.. Hasta que.. Por los años sesenta aparecieron máquinas que quitaba trabajo a los villarteros. En un sentido, porque, aparentemente, iban a vivir mejor, con un trabajo menos duro; aunque poco a poco se dieron cuenta de que ese mejor trabajo solo iba a ser mejor para el que lo conservaba porque muchos de ellos se quedaron sin trabajo. Y con lo puesto tuvieron que salir de su casa, dejar la familia, ir a tierras extrañas a buscar trabajo, dormir en algún mal lugar cubierto; algunos en el extranjero: Alemania, Francia, Suiza,.. Otros donde pudieron: Cataluña, Madrid, Valencia… Y Villarta fue llenandose de tristeza y vaciándose de ilusiones… Dspués de algún tiempo recuperándose, los que quedaron aquí fueron recibiendo noticias, buenas noticias ( o al menos asi lo contaban) desde sus nuevas casas, desde sus nuevos pueblos o ciudades. Hoy solo lo que vivieron directamente aquellos momentos saben la verdad y quizás se duelan cuando leen en la prensa o ven en la televisión lo que dice los políticos (algunos o muchos de ellos, hijos o nietos de los que marcharon desde Extremadura, desde las Castillas, desde León, Galicia o Andalucía,… los mil que partieron desde Villarta…), unos de forma clara y otros medio a escondidas: ¡que no quieren emigrantes en sus pueblos, en sus ciudades!. ¿ Que hubiera pasado si en aquellos momentos, nuestros villarteros, por ejemplo, que se tuvieron que ir a otros lugares, hubieran visto las puertas cerradas? Posiblemente en aquellos tiempos las cosas eran de otra forma. Los que tenía que abrir la puerta a la emigración no tenían problemas porque era mano de trabajo facil y sin problemas. Salvo en algunos lugares, como en Vallecas, donde la Iglesia puso su doctrina en boca del Padre Llanos, hoy ni la iglesia alza la voz para decir: dejad que venga en buenas condiciones, con garantías humanas, que ellos, tambien, como pudieron nuestros villarteros puedan hacer posible sus ilusiones, sus sueños… ¡ Dejad que se acerquen a vosotros! (Creo haber leido en algún sitio: «Dejad que se acerquen a Mi»).

Viendo las fotos, sin nombre de ese libro: Villarta de San Juan. Historia de un pueblo y su gente, nos demos cuenta de que nos quedan muchas historias que contar y muchas ilusiones que hacer realidad. Ojalá sea así. [No me daba para más fotos pero si veis con detenimiento el libro, notaréis que faltan muchas historias. Pero en ello estamos. Por cierto tengo una relación de más de 200 motes de villarteros. Dándole vueltas, creo que en algún momento los relacionaré todos, aunque d emomento el nombre deberéis ir poniéndolo vosotros. Gracias].

José Muñoz Torres, Cronista oficial


Deja un comentario