Cuando empecé a escribir este «poyete» iban a empezar las «Paces». Los que estábamos aquí, en Villarta de San Juan, esperábamos confiados y esperanzados, las noticias ilusionantes de que alguno de los nuestros, que están fuera, pudieran venir a las «fiestas» (que familiarmente también se les llaman así). Los móviles se nos empezaron a llenar de mensajes, «guasaps», llamadas, de ida y vuelta, para seguir los avatares y las miles de circunstancias que hablaban del venir o no poder venir. Afortunadamente, en muchos casos, la espera se confirmaba, para bien: «..al final he podido coger unos días, así que prepararnos sitio que nos vamos de «paces«. Desde ese momento, todo era «correr y correr» para tener todo dispuesto: habitaciones, camas, comidas,… incluso alguna cuna guardada, por si acaso, para el nuevo nieto, con el que celebrar sus primeras «paces» o parar celebrar mirándolo, la ausencia del otro, que este año no podía venir (este año las «paces» han caído muy mal, según el calendario, claro) y nos acordábamos de él como hace algunos años, entre el griterío y voces, en unos grandes almacenes, asoció esa situación con una de sus primeras «Paces» vividas y ante el asombro de la gente que estaba en el almacén y sobre todo de su madre su madre, gritó: ¡Viva la Virgen de la Paz! ( a veces, su madre y él recuerdan, entre risas, aquella anécdota de nuestras fiestas que será muy difícil que olvide). Entre el ajetreo de preparar unas cosas y otras, pensábamos en cómo asumiría, el pequeñín, tantos ruidos y tan estridentes; quizás debíamos haberles aconsejado que no viniesen, pero, a veces, nuestra intranquilidad ante el susto que pudiera llevar, se nos olvidaba, -o no queríamos tenerlo en cuenta- y nos dejábamos llevar diciendo: «bueno sus padres verán». Los días pasan volando y sin darnos cuenta, vamos viendo como todos vuelven a sus casas: los más pequeños cansados y sorprendidos, con los ojos abiertos, sin poder todavía entender tanto jaleo. Otros, un poco mayores, buscando la forma de explicar a sus amigos de otros lugares lo que habían vivido durante estos días, los padres quizás deseosos de llegar pronto a sus hogares para descansar, y algunos,… más mayores, con los ojos un poco enrojecidos, pensando en si será posible volver un nuevo año más, mientras en su interior le daban vueltas a esa oración breve y sencilla de «¡Ay, Virgen de la Paz rica..! que sin pedir nada define ese cariño y fe grande de muchos de los nuestros que llevan cerca de su corazón a esa Virgen sencilla a la que nunca han olvidado ( De esos que han dicho ¡ A mi Virgen de la Paz no me la toques ! ¡Hasta ahí podíamos llegar!. Podíamos estar escribiendo, quizás, con un mal escribir, durante mucho tiempo, pero el caso es que sin darnos cuenta, aunque con cansancio, se nos han pasado los días y ya ¡Han terminado las «Paces»!. Y ya estamos a 26 de enero. Ya los tiempos han cambiado mucho y la gente más joven tienen tiempo y día suficientes para seguir divirtiéndose pero hace ya muchos años solo podían poner en práctica lo que decía la pequeña copla de José Pérez, uno de los grandes poetas de «Paces»: «Apurad, mocicas, apurad, que ya no hay más bailes hasta carnaval».
Seguiremos hablando de «Paces» que hay mucho que hablar de ellas y ver si entre todos conseguimos ponerle un título más que a buen seguro merezcan: Son más de seiscientos cincuenta años en los que, a pesar de las guerras, hemos vivido las fiestas y hemos de luchar por ellas porque algún año cercano puedan llamárseles «Bien de interés cultural de carácter inmaterial»; ese debe ser un compromiso de nuestras autoridades, las que están o las que estén que bien se merece y que podrán conseguirse con ayuda de todos. Ojalá, vosotros, Nicolás y Diego, podáis así conocerlas. Se terminan esta noche las fiestas y quiero despedirlas con un poema de J. Pérez, titulado !Se acabó la fiesta¡
Como todo se acaba en la vida// en Villarta se acabó la fiesta/ y un trajín de gañanes y yuntas//levantó de los campos la niebla.//Periqueillo, el de Juan, caminaba/ cantandillo, montado en sus bestias,//hacía el corte en que dejó el arado/ en la tarde que empezó la fiesta:// Cabizbajo, mohino y sin ganas,// se dejó llevar a la huerta,// los recuerdos bullían en su frente// y su alma colmaba la pena.//¡Arre Generala! ¡Arre, Coronela!// ¡ Cachi en diez y que días mas güenos,// que partidas de truque y cerveza!// ¡Qué tarde de bailes!…// ¡Qué noches de juerga…// Periquillo pensaba… pensaba…/ que en su pecho llevaba una pena// ¡Arre, Generala! ¡Arre, Coronela!// ¡Qué bonita que estaba mi novia// la otra noche al calor de la hoguera, // sus mejillas paecían dos manzanas// y sus ojos paecían dos candelas; // y ahora que iba tomándole apego…// ¡Arre, Generales! ¡Arre, Coronela!// Cabizbajo, mohino y sin ganas// se apeó de la yunta en la huerta,//enganchó en el timón a las mulas,//dió un tirón del ramal de las bestias// y un suspiro escapo de su pecho:// ¡Todos los días tenían que ser fiestas!// ¡Arre, Generala! ¡Arre, Coronela!// José Pérez Archidona.