Hay veces que casi todo está hecho y trabajado, como cualquier cosa en Villarta de San Juan, cuando se habla de la Virgen de la Paz, pero lo importante de estos actos, como el celebrado el día 8 de este mes de diciembre, año de 2023 es que se ha asistido a algo muy profundo y sentido. Y es que hoy, cuando falta más de un mes para la celebración de su festividad hemos sentido muy cerca el Amor y el Respeto. Y es que hay momentos, para cualquier Villartero, -aunque no sea muy de misa-, en que la presencia tan cercana de la Virgen de la Paz hace que en nuestros corazones se agolpen recuerdos y vivencias que quizás no se puedan sentir sino es en silencio, ante Ella. Porque en momentos asi, todos los que se nos han ido nos vienen a recordar como lo que nos enseñaron, vivieron y compartieron junto a nosotros, sigue ahí, a los pies de la Virgen sencilla y querida. Porque, así, en silencio, en días como este lo que nos une es el Amor que nuestra madres y, -de una forma menos expresiva nuestros padres-, nos inculcaron. Pero, ademas, es que el cariño y respeto se haya visto arropado, durante siglos por una tradición multisecular que hemos heredado y queremos dejar en herencia. Hace muchos años, un buen y sencillo sacerdote de nuestro pueblo, que hoy estaría al lado de su Virgen de la Paz, nos echaba una reprimenda, a un grupo de amigos, que con su sencillez habitual, norma de toda su vida, hizo que alguno sacara del fondo de su corazón el más profundo acto de fe. Nos decía así, Don José María. «Mucha Virgen de la Paz durante unos día al año, pero luego el resto de los días dónde los dejáis ¿Donde la dejáis? y uno de ellos, como ofendido, le dijo: ¿Y dónde quiere que la dejemos? y señalándose, con la mano el corazón, le dijo: ¡Qué cosas dice usted ! . ¿Dónde quiere que la dejemos?: ¡Aqui en el corazón como todos los días!
En la parte inferior izquierda, ermita de Ntra. Sra. de la Paz, en Villarta de San Juan; en la parte superior casa J. David Serrano Muñoz, conocida como «Casa de las Davisas», aproximadamente sobre el año 1920. (Fuente: Archivo personal).
Han pasado cientos de años pero en este mismo lugar en el que ahora se encuentra la Virgen y nosotros, entonces fuera de Villarta de San Juan, a su salida, camino de las Andalucias, entre encinas y bordeada de un camino, que es el mismo que ahora, aunque entonces fuese estrecho y no muy apropiado para deambular por él, al menos con carruajes, pues en ese lugar, rodeada de encinas, había una pequeña ermita y en ella una imagen de una virgen pobre de la que cuidaba un viejo ermitaño. Nunca se supo cual fue su nombre, pero la tradición dice que los villarteros de entonce la llamaban «La Virgen», al igual que aún muchos aún la llamamos. De ahí, hacía Andalucia crecía esplendorosa la dehesa de Villacentenos y desde aquel momento, mediados del siglo XIV, estuvo en pie la sencilla ermita que ya a mediados del siglo XX, se caía a trozos (Una villartera, Conver, ya centenaria, en los pocos momentos en que las ausencias de su cabeza para recordar, se lo permiten, le hablaba a su hijo de esa pequeña ermita). Quizás la pequeñez de su ermita y la sencillez de la imagen sería uno de los motivos por los que se sintiera desde siempre un cariño especial. Pero quien sabe o puede hablar de las profundas razones que siempre (o casi siempre) hemos sentido. Uno de tantos poetas de «Paces» decía en uno de los programas de festejos: «No hay palabras que decir ni silencios que llenar. Es el sentir del sentir» (Alejandro Font). Otro poeta de «Paces», de Carnavales, de «Mayos», decía en otro programa de «Paces: Viene siendo costumbre en esta villa,/ escribir de su Virgen cuatro cosillas./ Y, de la Virgen, vengo hoy recordando,/ que la fe que le tengo será por algo./Es corriente y probable que, esto que cuento,/ se repita en Villarta de veces, cientos./En mi casa ya oía, desde la cuna,/¡»Virgen de la Paz, mía que sólo hay una»!./ Cada año en las «Paces», a procesiones/ me llevaba mi padre las dos sesiones./Cogidito a su mano me aproximaba/ a mirarla de cerca cuando pasaba./ Él, sereno y seguro, sin miedo a nada,/ temblaba al acercarme y hasta lloraba./ Con el tiempo he sabido lo que sentía,/ cuando hice con mis hijos lo que él hacía./ Sólo dos santos nombres él invocaba:/ a la Paz, nuestra Virgen, y a Dios llamaba./Con el paso del tiempo mi fe perdura,/ la llevo muy adentro y está segura./ Cada año pasado, y son bastantes,/ en las «Paces», me digo: ¡hoy más que antes! [ ANGEL RODRIGUEZ GARCÍA. Programa de Festejos de «Paces»].
Ya hemos hablado en muchas ocasiones sobre como surgió la festividad de la Virgen de la Paz, por eso no creo que sea el momento para detenernos en historias complicadas sobre » nuestra Virgen» o mejor dicho «Nuestra Madre» aunque es una alegría para todos nosotros que desde hace dos años, el grupo de teatro de Villarta de San Juan, «Telón de Aquiles», esté trabajando por darnos a conocer un momento del inicio de nuestra fiesta en una trabajosa representación «in situ» que esperamos que con ayuda de todos pueda mantenerse para siempre. Y decía más arriba que no es momento de rebuscar historias. En muchas ocasiones hablando de nuestra festividad y resumiendo su origen, decía que cuando una guerra termina y sobre todo cuando es entre hermanos, se hacen «las paces». Pues asi de lógica fue el origen de las fiestas de nuestro pueblo. Hace ya mas de 655 años, dos hijos del rey Alfonso XI de Castilla, -hermanastros-, se enfrentaron en cruel guerra por ser los herederos del citado rey. Uno era Pedro (denominado el Cruel, por sus enemigos y el Justiciero, por sus seguidores), el otro era Enrique de Trastámara. Los últimos y decisivos momentos de esta guerra tuvieron lugar en el Campo de Montiel, cerca de su antiguo Castillo. Y como hemos comentado muchas veces, en esa batalla, Enrique mató a su hermano Pedro I de castilla y pasó a ser Enrique II de Castilla. Era el año de 1369 y las gentes de los pueblos, entre ellos Villarta de San Juan ( entonces Villaharta), sufrían muy de cerca los efectos continuados de esta guerra, con la muerte, incluso de algunos de sus jóvenes que buscaban en ella honor y reconocimiento. El relato es conocido y al conocer la noticia del fin de la guerra, nuestros antepasados decidieron ir a dar gracias a la Virgen y como era una decisión precipitada y en la vieja iglesia parroquial solo existía una vieja imagen de la Virgen del Rosario, de no muy especial devoción, razón por la cual decidieron acercarse a la vieja ermita que había a la salida de Villarta entre los encinares de la gran dehesa de Villacentenos y al lado del camino hacía Andalucia. El emisario que, al pasar por Villarta camino de Toledo, dio la noticia del fin de la guerra, comunicó la misma noticia al Arzobispo de Toledo Don Gómez Manrique que habiendo sido seguidor del fallecido rey Pedro I, pensó que alago habría que hacer para congraciarse con el nuevo rey Enrique II (así eran las cosas antes y al parecer aún no se ha perdido la costumbre) y lo mejor era quedar bien con el ganador. En un documento, cuyo original se encuentra en el Archivo Real de Simancas, decía y ordenaba el Arzobispo: «..Por ende Nos y los que aquí seremos nombrados, a honra y servicio de la Virgen Bienaventura Sta. María, la cual por su acostumbrada piedad y misericordia quiso honrar y guardar esta ciudad, porque la paz e la concordia son dos cosas que los hombres deben mucho desear, por razón de que los pueblos con la paz y aseguranza hacen mucho de su provecho, Ordenamos que esta fiesta, solemnidad llamen y sea llamada Sta. María de la Paz, porque Ella por su misericordiae piedad nos quiere ganar siempre paz de su hijo Jesucristo y Piadoso….. que se haga otro día después de Santo Alifonso, que es veinticuatro de enero..» [JOSE MUÑOZ TORRES. Nuestra Señora de la Paz. Una vocación venerada en todo el mundo (1369-2009). A propósito de una exposición. Imprenta de la Diputación Provincial de Ciudad Real] .
Y esta disposición llegó de vuelta a todos los pueblos, entre ellos a Villarta de San Juan, cuyos habitantes fueron a la vieja y pequeña ermita para volver a dar las gracias, de forma oficial el 24 de enero de 1370, aunque como era normal en aquellas fechas, el día anterior, el de San Ildefonso (Todavía hay muchos que le llaman Alifonso), fueron a celebrar las vísperas de la festividad de la Virgen de la Paz que así, aquella antigua y olvidada imagen conocida como la Virgen, tomó nombre para siempre como Nuestra Señora la Virgen de la Paz. Y aliviaron el frio de la noche de enero con una pequeña hoguera con cuatro ramas de los encinares de su alrededor….
Si los datos referentes al culto de Nuestra Señora de la Paz son, en lo que se refiere a documentos escritos, relativamente escasos, los datos gráficos acerca de la imagen son muy recientes; hasta ahora el testimonio gráfico más antiguo del que tenemos constancia es una fotografía de Ricardo Sánchez, publicada en la revista Vida Manchega, en el número 96 del 5 de febrero de 1914, aunque muy posiblemente exista algún otro testimonio gráfico, olvidado en algún baúl antiguo donde algunas familias de nuestros antepasados guardaron parte gráfica de la historia de nuestro pueblo. El hecho concreto de la falta de documentación, al menos de tallas antiguas de la Virgen, se debe a dos aspectos. El primero es el hecho de que una vez que se instaura de forma canónica la festividad de la Virgen de la Paz, la misma pasa a un culto popular en el cual la Iglesia no quiere inmiscuirse, de tal forma que aparece como una imagen de culto no oficial acogido y sufragado por una mayordomía que va a ser la que se encargue de su culto y mantenimiento. Creada la festividad de Nuestra Señora de la Paz, en 1369, por el Arzobispo de Toledo Gómez Manrique, se impone la creación de una hermandad o cofradía que mantenga el culto y es así como, conjuntamente, con el Ayuntamiento de Toledo se crea la Cofradía de Nuestra Señora de la Paz que aún se mantiene en la capital toledana, convirtiéndose dicha cofradía en la primera y matriz de todas las demás. Las razones para crear una hermandad, se complementan también con el empeño y deseo para que esa festividad, en «competencia» con otras muchas festividades marianas, se mantenga. Estas razones, sin embargo, no eran necesarias en pequeños pueblos, como el nuestro, en los que la nueva festividad mariana no tienen que competir con otras. Y es asi, como empieza a surgir una especial devoción a la Virgen de la Paz que origina que, poco a poco, se vaya creando un pequeño patrimonio que va a servir para el mantenimiento de su culto y de su pequeña ermita. Patrimonio, por otro lado, que va a tener siempre un administrador que lo cuide.
La Iglesia, las parroquias, imponían un testamento religioso donde se recogía, no sólo las mandas forzosas sino tambien una serie de disposiciones o «encargos» de misas que el testamentario o sus familiares ofrecían por el «eterno descanso de su alma» especificando el nombre de la advocación que designaban como intemediarias para asegurar ese eterno descanso. Naturalmente, estas misas conllevaban unos ingresos para la iglesia parroquial respectiva y otra parte considerable para el clero, en especial para los frailes de los conventos próximos que, de alguna forma, recorrían pueblos para «decir y cobrar» estas misas que dado su elevado numero, no podía celebrar el prior del lugar. Este desarrollo de los testamentos, aquí en Villarta, se comienza a seguir de forma obligada a partir del año 1748, fecha en que se inicia el registro de defunciones que va a llevar un registro anexo de colecturia, es decir de registro de ingresos por celebración de actos religiosos en el que se va a introducir la Cofradía de las Almas Benditas del Purgatorio. En este libro de colecturía se especificaba la advocación que designaban como intemediarias para asegurar ese eterno descanso. Naturalmente, estas misas conllevaban unos ingresos para la iglesia parroquial respectiva y otra parte considerable para el clero, en especial para los frailes de los conventos próximos que, de alguna forma, recorrían pueblos para «decir y cobrar» estas misas que dado su elevado numero, no podía celebrar el prior del lugar. Pero tambien aparecen las misas en honor de la Virgen de la Paz, que en cualquier caso no suponían ingresos para la mayordomía de la Virgen, salvo en el caso expresamente indicado de que se celebrase la misa «en el altar de su ermita». Siendo el caso de que si la misa se celebraba en la ermita de la Virgen, en cuyo caso la parroquia no ingresaba dinero alguno, parece lógico pensar el que los respectivos no tuvieran mucho interés en aconsejar a los familiares la celebración en la ermita. En el caso de la defunción de Matías Garcia muerto el 13 de octubre de 1654, Frey Diego Zarco Ortiz. prior de la villa de Villaharta enterró el cadáver del citado Matias Garcia después de que este hubiese hecho su testamento donde señalaba las mandas que debían cumplirse: Una misa de entierro /Una misa de novenario/Una misa de cabo de año/50 misas de oficio/Tres misas a su Angel de la Guarda/Tres misas por cargos y obligaciones y penitencias mal cumplidas./Una misa en el altar de Alma en Herencia/Una misa en el altar de Nra. Sra.del Rosario.//Una misa a Santa Verónica de esta villa/Una misa al Santo Cristo del Valle/Una misa a devoción del Espíritu Santo/Una misa a devoción de Nra. Sra. de la Guia/Otra a Ntra. Sra. del Sagrario de Toledo. Lo que el Prior no podía evitar es que para que se pudiera cumplir esa celebración el difunto o sus familiares dejaban en donación a alguna entidad, capellania, particular, imágenes, etc. alguna tierra para que los productos que se recogiesen de esas tierras se hiciera el pago de las misas señaladas por el fallecido en su testamento. En total las tierras propiedad a título de Nuestra Señora de la Paz en el año 1752, según los datos aplicados a las mismas por el sistema de Contribución única podía producir una renta total de 4.158 reales de vellón anuales, cantidad equivalente a la renta de un agricultor medio de la época. Estos ingresos son los que podían hacer pensar que el ayuntamiento no pusiera medios económicos algunos para la celebración de la festividad de Nuestra Señora de la Paz y si en cambio «..por la fiesta votiva que en el día de la Ascensión se celebra a Nuestra Señora de la Vega en cada un año 89 reales de vellón», o por las fiestas de Minerva, procesión del Santísimo Sacramento por el interior de la iglesia todos los terceros domingos de cada mes, 150 reales». La imagen de la Virgen recibía tambien, igual que ahora, bienes de adorno, ropas o alhajas; así por ejemplo vemos como la mujer de Antonio Huertas en su testamento deja a la Virgen de la Paz unas enaguas de damasco a cual tengo de seda bordada en oro. Y mando una colgadura de tafetanes para que se le haga un frontal de las dichas enaguas para el altar de la Virgen de la Paz y si faltase tela para su cumplimiento se compre y cumpla de mis bienes». Otros bienes que se donaban a la Virgen de la Paz era el importe de pasar los brazos de las andas de la Virgen. El importe de esta «puja» (denominación actual) estuvo en posesión de los caudales de la Virgen hasta el momento en que sus propiedades fueron desamortizadas -pasando a poder del estado todas sus tierras-, que luego fueron vendidas a particulares. A partir de ese momento el ayuntamiento subvenciona parte de los gastos de mantenimiento de la ermita y gastos para la celebración, pasando el importe de la puja a ser un ingreso municipal, hasta 1944 en que el importe de la puja, por acuerdo entre Ayuntamiento y Hermandad, revierte nuevamente a manos de la Imagen de la Virgen a través de su Hermandad. Un hecho curioso de estas donaciones es el caso registrado en el libro de defunciones de la Iglesia de Arenas: «En la iglesia parroquial de Santa María de las Angustias de esta villa de Arenas de San Juan en cinco días del mes de noviembre de este presente año de mil setecientos noventa y tres se dio sepultura eclesiástica a Antonia García Serrano, casada que fue con Gregorio Moreno. Natural este de esta dicha villa y aquella de la de Villarta y ambos vecinos de esta referida de Arenas; y por un testimonio de Pedro Romero Mayorga escribano de esta dicha villa consta que en el día cuatro del expresado mes de noviembre y año dicho, la citada Antonia García Serrano otorgo poder a favor de Gregorio Moreno su marido para que este después del fallecimiento de ella en su nombre hiciere y ordenase su testamento…A Nra. Señora de la Paz, que se venera en la de Villarta entrar andas de un brazo de las andas, y más dar a dicha imagen una gallina.=
En cuanto a las imágenes irán apareciendo nuevos datos pero mientras tanto y de forma breve aquí va una avanzadilla

Antiguo estardante (anterior a la guerra civil) que conserva la Hermandad de la Virgen de la Paz. (Fuente: Hermandad de la Virgen de la Paz)
Procesión de la Virgen de la Paz en el año 1914 a su paso por la plaza del Ayuntamiento /Fuente: Vida Manchega)

Imagen desaparecida durante la guerra civil (No hay datos ciertos sobre su destrucción. Los informes emitidos por el Párroco de Villarta, Don Rogelio, no hablan de ninguna destrucción y en los datos dados por el obispado de Ciudad Real tampoco figura nada. Hay que recordar que el citado párroco, se mantuvo en Villarta de San Juan durante toda la guerra. Contaban algunos vecinos que, a veces, cuando salían por las noches «a tomar el fresco», en la calle Postas, si pasaban algunos que no eran del pueblo, al pasar por el «corro» de gente, decían: «por aquí creo que vivía el cura» y los vecinos del corro veían como Don Rogelio, cambiaba de color. Posiblemente el pudo contar más cosas de lo que pasase con aquella imagen que posiblemente se comprasen en el año 1819. (Fuente de la fotografía: Lucas Muñoz).
Por esa fecha y con motivo de la reparación de la iglesia parroquial medio destrozada durante la guerra de la Independencia, se hizo uso de la pequeña ermita para cubrir las necesidades de la parroquia.

Plano de las obras a realizar en la ermita antigua y que resistió hasta el año 1934, aproximadamente. (Elaboración propia siguiendo las indicaciones que figuran en el legajo 293 del Archivo General de Palacio)
Es así como el teniente de cura, suplente del párroco de Villarta de San Juan, D. Josef Díaz Pavón, presbítero de Herencia, insistió para que al menos se ampliase la pequeña ermita y es asi como el Secretario de Cámara del Gran Prior, Don Antonio Maria de Izquierdo, se pone en contacto con el aparejador oficial del Priorato, Don Joaquín Francisco Perez, para que pasara a Villarta para ver las posibilidades mas convenientes para acometer unas pequeñas obras de ampliación de la pequeña ermita. El 4 de marzo de 1816 el citado aparejador contesta al Secretario del Gran Prior, diciéndole: «Cumpliendo con la superior orden que Vuestra Señoría me ha remitido de fecha de 13 de febrero de 1816, por la cual veo que el Serenísimo Señor Infante Don Carlos María, mi venerado amo, ha condescendido con los buenos deseos del Pavón [Frey D. Josef Diaz Pavón, teniente de cura] de la villa de Villarta, y por tanto S.A. manda, a fin de que en los días festivos no quede privado aquel vecindario del Santo Precepto de la misa por lo pequeña que es la ermita que sirve de Parroquia, se haga en su pórtico una ampliación con cuatro pies derechos de madera y tejado correspondiente; todo lo cual me comunica Vuestra Señoría de real Orden para que pase a la referida villa de Villarta, donde arreglándome a lo dispuesto por Su Alteza regule su coste a lo menos posible, remitiendo enseguida a manos de Vuestra Señoría la correspondiente certificación y en cumplimiento de cuanto se me manda, he pasado a la antedicha Villa en donde he practicado el debido reconocimiento en la antedicha hermita que sirve de parroquia».[ARCHIVO DE PALACIO. SECRETARIA. Legajo 293]. Este fue el proyecto presentado para la mejora de la antigua ermita, hasta que se reparase la Iglesia de Santa María. El importe de las obras fué autorizado por el anteriormente citado Secretario de Cámara del Gran Prior Don Antonio Maria de Izquierdo quien escribió al aparejador del Priorato, Joaquín Francisco Pérez, en la siguiente forma: «En vista de la certificación que Vm. me ha remitido con fecha 4 del corriente expresando los gastos que considera precisos para la ampliación de la Hermita que sirve de parroquia se ha dignado el Serenísimo Señor Infante Don Carlos, mi augusto amo, por su real decreto del 18 de este mes se haga la citada ampliación en los términos que Vm. propone procurando no exceda de los 4150 reales que ha regulado Vm. En su consecuencia devuelvo a Vm. original de la relación citada y diseño incluido de 4 de este mes. Madrid 23 de marzo de 1816″. [Archivo y legajo citado].
La ermita de la Virgen de la Paz sirvió de parroquia hasta el 20 de febrero de 1819, día en que en una solemne procesión, fue trasladado el Santísimo desde la citada ermita hasta la Iglesia Parroquial, una vez que habían terminado las obras de restauración. Con toda seguridad, las obras de ampliación de la ermita quedarían terminadas en ese año de 1816 o principios del 1819, es decir, hace doscientos años. Son muy pocos los datos que disponemos sobre la actividad de esta ermita, pues su no pertenencia a la jurisdicción eclesiástica, hacía que la misma no figurase para nada en la actividad parroquial, exceptuando la función religiosa del 24 de enero y la celebración de novenas y vísperas. Curiosamente no se cita para nada ni a la Virgen de la Paz ni a la imagen, con lo cual quedan dos dudas: una que la imagen fuese la misma que la anterior a la guerra de la independencia y que se llevase con él, el Prior Frey Blas de Olmedilla, en su huida precipitada a su pueblo ante la presencia de las tropas francesas en el año 1809, retornándola a su ermita de Villarta de San Juan, una vez terminada esa guerra. La otra posibilidad es que la mayordomía de los bienes de la imágen de la Virgen adquiriese una nueva imágen, aunque lo dudamos dadas las pocas posibilidades que a partir de ese momento tenía al ser desamortizado los bienes.

La escasez de medios de la Hermandad, establecida y creada según reglamento presentado ante el Secretario de Cámara y Gobierno del Obispado de Ciudad Real, el 15 de diciembre de 1921, Dr. Anastasio de Simón. Se aprobó el 12 de abril de 1921 siendo cura párroco D. Juan José García Escribanoy firmaron junto a él: El alcalde Juan Ligero, los concejales: Francisco Muñoz, Ignacio Muñoz, Felix Muñoz, Macario Doral, JUan José Muñoz y Vicente Doral y las siguientes personas: Santos Marchante, Patrocinio Marchante, Elicio Moreno, Aureliano Recuero, Exuperio Muñoz, Francisco Rodriguez, Antonio Dotor, Tomás Serrano y Angel Lara.
Por esas fechas, anteriores a la guerra civil, aparecen en las actas de plenos del ayuntamiento las siguientes notas: 20-01-1918.- Acuerdo para designar a D. Especioso Perucho Granero, presbítero y vecino de Campo Criptana para que presida la función votiva de Nuestra Señora Excelsa Patrona que ha de tner lugar el día 24 con un importe de 50 pesetas. También se acuerda entregar 25 pesetas al cura párroco D. Teodosio Cañizares para las funciones religiosas del citado año; 15-12-1918: Por suscripción iniciada por D. Sebastián Solano Navas para la adquisición de una andas con destino a la imágen de Nuestra Señora de la Paz se entregan 50 pesetas. 12-01-1919. Se entregan 125 pesetas al alcalde de Gobernación Doroteo Isla Serrano para que atienda gastos de los gastos por la función votiva de la Patrona de la Villa Nra. Sra. de la Paz. 01-01-1922 . Vista la nota dirigida a este ayuntamiento por el Presidente de la Hermandad de Nuestra Señora de la Paz en la que se pide que el importe de los donativos hechos a la misma para las fiestas próximas se pase a dicha Hermandad, los señores concejales acuerdan que tan pronto como se recauden las 820 pesetas se hagan entrega por la alcaldía al Señor Presidente de la Hermandad. En el mismo pleno y a la vista de otra petición de la Hermandad, por la que se pide que un concejal forme parte de la Comisión de festejos, se acuerda nombrar al segundo teniente de alcalde Don Francisco Muñoz Patiño. 15-01-1922: Se entregan 200 pesetas al Presidente de la Hermandad de Nuestra Señora de la Paz para que atienda, en parte, los gastos que se originen en la función votiva de dicha patrona en el año actual. En el pleno de 31-10-1926 Se lee petición de Teodoro Rincón Tabasco, presidente de la Hermandad de Nuestra Señora de la Paz solicitando el sobrante de via pública enclavado en la Plaza de la Ermita, lado izquierdo del edificio donde se halla situada Nuestra Santa Patrona con el fin de incorporar a la mencionada ermita dicho terreno. Considerando beneficioso para la estética del lugar que ocupa se acuerda conceder dicho terreno a la mencionada Hermandad. 07-12-1930 … Seguidamente y por la presidencia, se manifestó a los señores concurrentes que según manifestación verbal hecha por varios vecinos ante esta alcaldía, juntamente con el Sr. Cura Párroco Don José Maria Mayor Macias, el edificio destinado a culto de Nuestra Excelsa Patrona la Santísima Virgen de la Paz, se hallaba en estado ruinoso, al extremo de haber tenido que desalojar mentado servicio de cuantas imágenes había por cuya razón se pedía la colaboración de este ayuntamiento para poder proceder a la reparación. Enterados los señores asistentes de lo manifestado por la Presidencia y de lo que tenían conocimiento por ser público y previa discusión y teniendo en cuenta las atribuciones que conceden a las Corporaciones Municipales el articulo 150 del vigente estatuto por unanimidad se acuerda subvencionar con 1000 pesetas que serán satisfechas por mitad por mitad con cargo al capítulo 18 en el presupuesto corriente y en el del próximo de 1931. Asistieron Gerardo Gómez-Calcerrada, Benjamin Archidona, Jesús Isla, Antonio Sánchez, Julio Isla, José Mascaraque, Julio Ligero y el secretario J. Costa. La ermita fué reedificada y en ella, en su altar mayor, fué colocada la imágen de la Virgen de la Paz, aunque se terminó después del 1939. El siguiente cura párroco, D. Matías Fabián Alvarez de Rivera (1903-1936), natural de Daimiel fué el promotor de la edificación de la nueva ermita que no pudo ver terminada con motivo de la Guerra Civil. Por motivo de seguridad marchó a su localidad de origen donde fue asesinado.

D. Matías Fabián Alvarez de Rivera (1903-1936) [Fuente: 464 mártires

Antigua ermita en 1943, antes de terminar su construcción (Si alguien reconoce a alguna de las personas, podéis indicarnos su nombre y lo pondremos en sucesivos poyeste)
Ultima ermita, antes de 1950), antes de su derribo, para edificar la actual iglesia.
Terminada la Guerra civil y puesto que el edificio de la Ermita había sido reedificado, convirtiéndose en la ermita que muchos hemos conocido se comenzó a su decoración con un retablo y altar mayor, en cuyo centro figuraba la nueva imagen de la Virgen de la paz y a su derecha e izquierda imágenes delos Sagrados Corazones de Jesús y María.
Terminada la Guerra Civil, se encargó una nueva imagen.Era el día de nochebuena del año 1939 y se iba a sacar en procesión a la Virgen de la Paz. Era domingo, al igual que este año que ha pasado y posiblemente, en silencio y mucho llanto por dentro y por fuera, y con muchas ausencias, -lloradas, sentidas-, de jóvenes que regaron de sangre los campos y pueblos de España, muchos villarteros acompañaron a la Virgen de la Paz en una procesión insólita y quizás irrepetible. Faltaban muchos, como diría José Pérez Archidona en una de sus poesías, que no volverían después de la cruel y fratricida guerra civil: «…no volverán al barbecho/para tirar la simiente./no segarán el trigal/ni harán de la oliva aceite,/no vendrán a vendimiar/la viña verde…/La guitarra muda y triste/en un rincón calla y duerme,/la garrota de las rondas/en el camarón se muere/y el sombrero del verano/en una escarpía fenece./Madres corazón de luto/lloran angustias de muerte,/que nadie como una madre/sabe lo que un hijo duele./Padres que rumían su pena/sin traslucir lo que sienten,/porque el hecho de ser hombres/les obliga a ser fuertes…» [JOSÉ PÉREZ ARCHIDONA. Mozos para una quinta. 1980]
Los pueblos, villarta de San Juan, entre ellos, empezaron a rellenar ausencias, -con dolor, sin posibilidad de olvido-, irreparables en la mayoría de los casos. Y empezaron un largo camino que aún no se ha terminado de recorrer. Había cosas que si se podían recobrar, y que en aquellos momentos, había necesidad de recobrar, aunque solo fuese como cobijo y consuelo. No hay testimonios de como surgió. pero el hecho es que, como ya era costumbre en Villarta, después de las guerras (esta no había sido la primera, habían ocurrido otras, guerra de la Independencia, guerras carlistas, que asolaron nuestro pueblo), empezaba la lenta recuperación. La talla de la Virgen de la Paz era la segunda vez que desaparecía, pero esta iba a ser la primera vez que la recuperación de todo iba a corresponder al esfuerzo, exclusivo, de los Villarteros. Hasta entonces se había acudido a las autoridades para que solucionasen el problema pero esta vez y desde entonces, siempre, los villarteros asumieron el gasto de todas las reparaciones o restauraciones.
Suponemos que la Hermandad de la Virgen de la Paz [existía un estatuto de la Hermandad aprobado el 23 de marzo de 1923 por el Obispado-Priorato de las Ordenes Militares] nombró una comisión para ver la forma de adquirir una nueva imagen y los miembros de esta comisión, Manuel Rodriguez y Eladio Garrido, se desplazaron a Valencia para contratar la adquisición de una nueva imagen de la Virgen de la Paz [En los registros de la Hermandad figura un importe de 212,20 pesetas como gastos realizados para este fin el día 10 de octubre de 1939].

Don José María Bayarri i Hurtado (1886-1970) [Fuente: memoriavalencianista.cat]
El encargo se hizo al prestigioso escultor valenciano Josep María Bayarri i Hurtado [Nacido en 1886 en Valencia se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, entrando posteiormente a trabajar en el taller de Romero Tena, donde tendrá como maestros a Capuz, Ballester, Palacios y Coret, aunque su verdadero maestro fue Alfredo Badenes. Su actividad como poeta ocultó, en cierta forma, su importancia dentro del campo de la imagineria, a pesar de haber esculpido muchas tallas para distintos templos de Valencia y del resto de España, como es el caso de Villarta. En 1948 fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos]. El precio de la talla incluidas las andas fue de 5400 pesetas. La obra fue entregada por el propio escultor en Villarta, el 23 de diciembre, vispera del día en que se celebraría la procesión y a la que asistió el escultor.
En 1970 fué proclamada Alcaldesa Perpetua de Villarta de San Juan, pasando su imagen a presidir la entrada de la actual Casa Consistorial. Previamente, sin que conozca cuales fueron los motivos se había adquirido en el año 1956 una nueva talla de la Virgen de la Paz.
Desconocemos las razones pero en 1956 la Hermandad encarga una nueva talla de la Virgen de Paz , a los talleres Santarrufina de Madrid, sin que a pesar de nuestras reiteradas peticiones a la citada empresa se nos hayan dado los datos del autor de la talla. Seguiremos insistiendo.
La Hermandad aprovechando el nombramiento de la Virgen como Alcaldesa Perpetua de Villarta de San Juan, entregó dicha imagen al Ayuntamiento, procesionándola, en algunas ocasiones como motivo del rosario de antorchas y como motivo de la puesta en culto, nuevamente de la antigua iglesia de Santa María (y no podemos pasar sin recordar al impulsor de esa restauración, al frente de tantos vilarteros y villarteras. Un abrazo en la distancia, Juan Carlos) … y vamos terminando, de momento, que para hablar de la Virgen de la Paz, siempre habrá tiempo y momento, puso la siguiente nota en las redes sociales: » El caso es que este pasado 8 de diciembre. La Hermandad de Ntra. Sra. la Vigen de la paz Tras varios meses de ausencia, nuestra Virgen de la Paz ha sido repuesta en el día de hoy al Culto de fieles, devotos e hij@s de Villarta, en un acto sencillo pero lleno de emoción y sentimiento por parte de todos los asistentes.Al acto, nos han acompañado Pepe Muñoz, cronista de nuestro pueblo y Francisco Javier Muñoz Boluda, restaurador de la imagen de la Virgen, así como también Irene Ruiz Camacho Alcaldesa de Villarta junto a su corporación Municipal, Hermandades Locales, Archicofradía Virgen de la Sierra de Villarrubia de los Ojos y la Hermandad de San Bernabé Apostol de Arenas de San Juan«. [Las imágenes siguientes fueron tomadas el citado día y fueron realizadas por Mª Carmen Romero Camacho y la fuente se corresponde con el archivo de la Hermandad de Nuestra Señora de la Paz].

El autor de la restauración ha sido Francisco Javier Muñoz Boluda nacido en 1987 en la villa de Campo de Criptana, un pequeño oasis cultural dentro de la comarca de La Mancha, entre Castilla y Andalucía donde ejerce su actividad de escultor, imaginero y restaurador. [Fuente: Página del restaurador].
Aspecto de nuestra Patrona en el acto de presentación después de la restauración efectuada
Fotografía tomada después de la ceremonia. De izquierda a derecha: D. Oscar Martín Biezma, (Párroco de Villarta de San Juan y Consiliario de la Hermandad); Cristina Moreno Barranco (Vocal de la Hermandad), María Jesús Calcerrada Mayorga (Secretaria de la Hermandad) Antonio Jiménez Martín (Vicepresidente de la Hermandad), Jesús Flores Alcázar (Presidente de la Hermandad), Beatriz Mateos Ochovo (Vocal de la Hermandad), Iván Palancas García-Carpintero (Tesorero de la Hermandad), Carmen Patiño Muñoz (Vocal de la Hermandad) y Fernando Antonio Romero Asenjo (Vocal de la Hermandad).
El restaurador Francisco Javier Muñoz Boluda, junto a todos los miembros de la Hermandad

¡¡VIVA LA VIRGEN DE LA PAZ!!
José Muñoz Torres, cronista oficial