En los pequeños pueblos, como el nuestro, nunca ha habido (por decirlo de alguna manera) un inventario de las cosas importantes que ha tenido y, por tanto, es muy difícil saber cuántas cosas hemos perdido. ¿Esto tiene importancia? Pues supongo que como todo en la vida; para unos será algo importante y para otros será algo que ocurrió, algo que estaba y que algunos aún recuerda. El hecho de no haber existido ni inventario ni archivo hace que todo lo nuevo que vamos sabiendo es algo importante que nos hace pensar: ¿a dónde han ido a parar todas esas cosas? Luego mirando despacio, analizando con calma todo nuestra historia hemos de dar gracias a que aún siga existiendo Villarta de San Juan (Perdonad que reitere continuamente la utilización completa del nombre de nuestro pueblo pero es que el hecho de que existan o hayan existido tantos Villartas o Villahartas, hace que unos pueblos se hayan o nos hayamos apropiado de alguna parte de la historia de otros o lo que aún es peor que los expertos que deben conservar y catalogar debidamente los documentos históricos, «corten por la calle del medio» y asignen documentos de un pueblo a otro sin más requisitos, en muchos casos, el que en la actualidad solo exista un pueblo que conserva ese nombre que en alguna ocasión todos los pueblos utilizaron: Villaharta).
Restos de la «Motilla» del Gigüela en Villarta de San Juan, después de su demolición (Fuente: Archivo personal)
Decía, quizás exageradamente, que Villarta de San Juan, muy bien pudiera haber dejado de existir, porque su situación geográfica influyó mucho en su vida. En circunstancias normales era un lugar por el que había que pasar para viajar hacia Andalucia y así lo testificaron numerosos viajeros que de forma breve citaban a Villaharta de San Juan en su recorrido por España. Pero esa misma facilidad para viajar cómodamente también servía a los numerosos ejércitos que a través de su puente pasaron por nuestro pueblo sembrando temor, desastre, miedo y destrucción. Villaharta tuvo que empezar de nuevo en muchas ocasiones, sus habitantes cambiaron, no por gusto, sino por la necesidad de tener que marcharse por ser de distinta raza o religión. Iberos, romanos, visigodos, musulmanes y finalmente los descendientes de ellos, ya cristianizados, vivieron y dejaron su huella en nuestro entorno. Y de toda esa historia de tantos y tantos siglos ¿qué quedó?. Los primeros pobladores históricos de nuestra zona dejaron su primera huella en la vega del Gigüela, una Motilla, citada con mucha frecuencia, situada enmedio de lo que luego sería «tabla de Villarta» y que se valió para subsistir de su situación de privilegio totalmente protegida por la zona pantanosa del Gigüela cuyos caminos bien conocían sus habitantes, al abrigo de toda la elevación que dominaba la ribera izquierda del rio (dirección Este-Oeste, es decir Villarta-Arenas) y que ha sobrevivido hasta el momento en que el rio se iba desecando y la Motilla era un estorbo para la construcción de un filtro verde que serviría para.. ¡nada!. No hace tantos años que maquinaria pesada penetró en la zona extendió rápidamente la milenaría Motilla, sin siquiera analizar los antiguos vestigios que en ella se encontraba ( cercana a esa motilla de Villarta de San Juan se asentaba la antigua ermita de la Virgen de la Vega, erigida sobre una antigua villa romana, cuyos restos, han sido bien rebuscados por los buscadores de tesoros u objetos antiguos y más hacia el sur, lindando con el río Azuer, cerca de Daimiel, se encontraba otra motilla que gracias a unos locos que se empeñaron en su conservación ha sido restaurada y sirve de ejemplo de lo que fué la cultura manchega de hace miles de años). De este lugar, de la Virgen de la Vega, merece la pena recordar la figura de Juan de Dios que con muchas de sus poesias, hacía durante muchos años de pregonero improvisado el día de San Ildefonso y bien que le agradecíamos su esfuerzo pero tambien es cierto que pasados estos días cuando Villarta de San Juan terminaba sus «Paces», él volvía a su río y se esforzaba en hablar y en contar, al que le quería oír, todo lo que él sabía de ese lugar pero ya eso no merecía la pena y Juan de Dios vió como se perdieron los últimos restos de la Ermita de la Virgen de la Vega y de todo lo que había en sus alrededores todos procedentes de la antigua villa romana (Algún villartero poseerá entre sus recuerdos alguna moneda romana encontrada en su entorno, o restos de cerámica ibérica y romana aunque los que más poseerán son los buscadores profesionales que han ido dejando su huella de destructores de yacimientos no sólo en esta zona sino también en la zona de Falcón). De la antigua motilla solo queda, sin que nadie lo recuerde ya, un motón de piedras apiladas que se han ido cubriendo de carrizos y masiegas, aunque estas también van desapareciendo.
Por otro lado, cerca del camino o vía romana de Laminium a Consamburum, es decir de Allhambra a Consuegra, (aunque algún ilustrado investigador se haya esforzado por llevar la contraria y denunciar que esa idea de via romana y por tanto su puente es una ilusión de este pueblo pero que no es cierta), aunque afortunadamente esa idea ya no tiene cabida en nuestra historia y en este caso en la historia de la romanización. Hace unos cuarenta años o algo más, nuestro puente, que ya no servía ni como lugar de paseo de enamorados ni para que lo cruzasen los vehículos agrícolas que evitaban la circulación de la carretera, estuvo a punto correr la misma suerte que la ermita de la Virgen de la Vega. Los finales del puente que ya habían sido afectados por la nueva carretera y que parte de ella, al principio y final del puente romano, cubrió algunos de los primitivos arcos del puente, corrió el riesgo de desaparecer para convertirse en vertedero cómodo donde podíamos depositar todo lo que ya no nos era necesario. Es más algún organismo oficial como la confederación del Guadiana, que ya había permitido colocar palos de la luz sobre la calzada del puente, abrió uno de los ojos, de arriba a abajo, para que las aguas del Gigüela que habían inundado toda la vega, pudieran evitar destrozos, corriendo libres de ataduras. La idea podía haber sido ¿lógica? si después del peligro se hubiera reconstruido debidamente pero no fué así y hay fotografías que demuestran la desidia con que fue tratado. Y ahora después de tanto tiempo vemos esplendoroso al viejo puente al que habría que llamar el puente de la transición, de la democracia o más claramente: ¡El puente de los alcaldes!. Si, porque gracias a los alcaldes que surgieron con la democracia: JULIO, ANGEL ANTONIO, FELI e IRENE, el puente sigue vivo y es un claro esfuerzo de todo cuanto se puede hacer. Cada uno de estos alcaldes han hecho por el puente todo cuanto han podido: limpieza del entorno, declaración de monumento nacional, reconstrucción total del puente y mantenimiento del mismo y, para que no haya duda hemos de señalar, que fueron dos alcaldes de derechas y dos de izquierdas los que se esforzaron por conseguirlo y demostrar lo que puede hacerse cuando se tiene presente, por encima de todo, que lo que consiguieron era un bien para su pueblo. (Por cierto hubo gente como INO, que se metió tan a fondo en la reconstrucción del puente que muy pocos hubiesen hecho posible la obra de restauración).

Arco del puente «restaurado» tras haber sido destruido parcialmente por la Confederación Hidrográfica del Guadiana como consecuencia de una de las inundaciones del río Gigüela en la década de los setenta del siglo pasado.( La «reconstrucción» también fué realizada por la propia Confederación (Fuente: Archivo personal).
Villaharta de San Juan tuvo la mala suerte de todas las guerras que sufrió: La guerra de Sucesión, la guerra de la Independencia, las guerras carlistas y sobre todo el escaso apoyo que después de estas guerras tuvieron de las altas autoridades de la nación para paliar los daños que Villaharta de San Juan sufrió. En otro poyete continuaré los daños de estas guerras pero no quiero terminar este sin hacer cita el indecoroso escrito que remitió el Gobernador de partido de Alcazar de San Juan al gobierno central ante las ayudas que Villarta había recibido. (hemos de señalar que según el testimonio de historiadores de la época y de escritores extranjeros de visita por España, Villaharta de San Juan fué destruida en su totalidad). El escrito del Gobernador Andrés Castillo González decía: » Al rey. El corto tiempo de diez meses que hace que sirve este gobierno y la imposibilidad que me ha rodeado en ellos para visitar el pueblo de Villarta, uno de los catorce de que se compone este Gran Priorato de San Juan no me permiten inormar a V. A. en los términos que apetece y yo deseo. Sin embargo la Delegación de Rentas que desempeño y algunas noticias que he adquirido me han hecho conocer que Villarta no es de las poblaciones mas infelices, y que ya por la gracia debida a la beneficencia de S.A. en el año de mil ochocientos y catorce, ahora por sus cosechas, al menos medinas, ha logrado reponerse de la decadencia que sufrió en la desoladora guerra con las tropas de Napoleón. Asi es que habiendo pedido informes al intendente de esta provincia de la Mancha sobre igual solicitud con respecto a los años de abolida constitución, en que Villarta pagó contribuciones, oí esta Administración y Contaduria, según se me previno y sus jefes no pudieron dejar de convenir, en que si bien er justo se le completase el número de los diez años de gracia, podría adoptarse en se defecto el descuento de lo que se satisfizo entonces y creyendo ahora que sería muy conveniente oir a la Contaduría mediante la indisposición del Administrdor, ha expuesto lo que manifiesta su papel de este día que remito a V.A. para comprobación de lo que opina. Por de pronto el pueblo de Villarta no es lo que su Ayuntamiento, el Cura Párroco y el Comandante de los Realistas, y en su lugar puede considerarsele de una fortuna regular y tanto más apreciable cuando comparado con otros muchos del mismo Priorato y de este Partido, goza de unas conveniencias que no admiten paralelo en las actuales circunstancias. Los últimos se ven agobiados con apremios por parte de la Real Hacienda, cuando el primero no ha experimentado alguno y siendo las cargas del Estado muy atendibles y meritorias, es muy reparable para las villas limítrofes este accidente y el que Villarta no contribuya a levantarlas en una situación distinta que la que produjo la gracia con que quiere enriquecerse a influjo de su continuación por otros diez años. No obstante lo que llevo indicado V.A. hará el mérito que estime mas oportuno. Alcazar de San Juan, 19 de septiembre de 1825= M.V.S. Andrés Castillo González.
[El próximo poyete concluiré la exposición del presente]
José Muñoz Torres, Cronista Oficial