Hace algunos días en un programa de RTVE salió a relucir una curiosa anécdota del año 1773, a cuenta de un regalo que el gobernador de Filipinas, don Simón de Anda, había remitido en esa época al rey de España Carlos III. No llegaría a ser ni siquiera anécdota pero el caso es que el citado regalo se encuentra expuesto en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid… Bueno vayamos al meollo de la anécdota: ¡el regalo era un elefante!

El elefante de 1977, disecado por Bru que se encuentra en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid [Fuente: Un episodio en la recepción cultural la llegada del elefante a Madrid en 1773. Artículo de Gabriel Sánchez Espinosa]
Como es lógico si nadie recuerda cosas más recientes de nuestra historia, sería ya demasiado que esta anécdota hubiese llegado a nosotros contada de padres a hijos. Ya conocíamos la historia de este regalo y en ese momento tampoco me pareció algo reseñable. Pero… siempre estoy un poco a la que salta y en este caso observé que el largo camino que tuvo que recorrer el dichoso regalo si parecía no escatimar ni un detalle, por mínimo que pareciese. Aunque aquel viaje y en aquellos tiempos si parece que levantase cierta expectación. El elefante había sido traído a España a bordo de la fragata Venus, al mando del teniente de Navio, que después sería un importante almirante de la Armada Española, José de Mazarredo ( aunque estaba bajo las órdenes de Juan de Lángara y Huarte que además de ser marino y militar era científico) y en el mismo, para cuidar al elefante, viajaban ademas del citado Mazarredo, un sargento y ocho soldados de los batallones de Marina, un patrón de bote, dos artilleros de mar y dos cornacas( hombres que en la India y otras regiones de Asia eran los encargados de domar, guiar y cuidar un elefante). Durante la travesía, desde Manila a la Isla de León en Cádiz, el elefante recibía diariamente 85 cuartillos de agua, 24 libras de arroz, seis libras de azúcar, dos raciones y media de pan y cuatro tronchos ( o tronco de donde cuelgan los plátanos de la palmera) de plátanos, así como hierba fresca mientras el largo viaje lo permitiera. Al llegar a la isla de León, actual isla de San Fernando ( Cádiz) se preparó el viaje que desde la citada Isla había que emprender hasta hasta la Granja de San Ildefonso ( Real Palacio de la Granja en San Ildefonso en la provincia de Segovia), donde residía el rey. El viaje tenía prevista una duración de más de 40 días y para ello tuvieron que preparar tiendas de campaña para los hombres de la tropa, asi como otra para el elefante, paja y una caja de «medicinas» que en realidad era un conjunto de 32 especies diferentes, así como su correspondiente arroz en cuartillo y medio de aguardiente. Gabriel Sánchez Espinosa en un artículo publicado en la revista de Arte Goya, nº 295-296 explica las circunstancias de este viajes que tardó en realidad 41 días desde la Isla de León (Isla de San Fernando hasta el Palacio de la Granja, aprovechando las madrugadas y las primeras horas de la mañana para evitar las de mayor calor. Y el camino seguido fué el antiguo camino de Andalucía que posteriormente se empezaría a modificar a principio del siglo XIX (Al menos por Villarta y su puente en construcción que no se llegó nunca a terminar aunque aún permanecen sus ruinas).
Al oir la noticia no me extrañó el recorrido que citaban, sino las omisiones en el mismo. El recorrido que se citaba era ( ya en la actual provincia de Ciudad Real) el paso por el Puerto del Rey (actual zona de Despeñaperros), siguiendo El Viso del Marqués, Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas, Manzanares, y a partir de aquí, …. Tembleque , La Guardia, Dos Barrios, Ocaña, Aranjuez, Valdemoro, Carabanchel Bajo, Pozuelo, Las Rozas, Guadarrama y la Fuenfria en dirección a San Ildefonso. Obviamente, en RTVE, se olvidaban de su paso por Villarta, Puerto Lápice y Camuñas ( El camino de Andalucía pasaba en aquellos momentos por Camuñas y no por Madridejos).
José Domingo Mazarredo-Salazar Moñitones y Gortazar, Almirante de la Armada Española [Fuente Real Academia de la Historia]
A estos olvidos de la historia, aunque sean anécdotas, estamos acostumbrados, no tanto ya el olvido de Puerto Lápice, pero la verdad es que en el mencionado viaje y un su descripción original, se citaban a continuación de Manzanares: Villarta, Puerto Lápice y Camuñas. Es decir el paso obligado y además cómodo del río Gigüela, Záncara o Guadiana, por Villarta, que por los tres nombres era conocido las posteriormente conocidas como Tablas de Villarta/Arenas. Es decir el paso de la zona pantanosa o de vega de nuestro pueblo, sobre la que se sentaba en buenas condiciones, el puente romano. El viaje fue accidentado y al elefante hubo de fabricarle, en Ecija, unos zapatos de tres suelas para guarnecerle las pezuñas y que se le bañasen con vino cocido en piedra de alumbre ( El diccionario de la RAE dice de esta piedra que es una mezcla de sulfato doble de alúmina y potasa; sal blanca y asrtigente que se halla en varias rocas y tierras, Sirve para aclarar aguas turbias y de mordiente en tintorería y de caústico en tintorería después de calcinado).
Es, o al menos parece evidente, el revuelo que se formase por los todos los pueblos que se han citado y cuya noticia llegaba a otros lugares algo mas alejados, debido a las noticia que iban haciendo llegar, los arrieros, muleros o pequeños comerciantes que iban de pueblo en pueblo, provocando que la gente abandonase sus trabajos, para verlo y a veces tocarlo, a pesar del control que tenían los guardas para que nadie le llegase y a pesar de que se pasaba aviso a los vecinos de las poblaciónes por las que pasaba, para que se mantuviesen cuarenta pasos alejados de los caminos por donde pasaba para evitar incidentes.
Al final en la tarde del 26 de septiembre, la comitiva llegó al Real Sitio de San Ildefonso, donde el elefante fue puesto en presencia del Rey y la corte con su vestido nuevo de color grana, galoneado de oro y lleno de colgantes y campanillas. Desde el Palacio de la Granja, el elefante fue trasladado a Madrid y fue paseado por sus calles encerrándolo en la casa de Vacas, de Aranjuez, a donde fue llevado con otros animales. El fabulista Tomás de Iriarte escribió un poema satírico sobre este evento en el que decía el 17 de enero de 1774: Sacáronle tonadas y cuartetas/en delantales, coñas, manteletas/ elefantes pintados se veían; y en las mesas por moda se servían/ animales de carne, dule y masa/ elefantes sin tasa/ tuvimos que sufrir por varios modos:/en la conversación, en los apodos/ en cartas, en escritos publicados,/ en sermones, sainetes y plagados/ nos vimos al segundo o tercer día/ de enfemedad llamada elefancia./
La cuenta de gastos producidos por este viajes , presentado por José Mazarrero ascendió a 32.576 reales y cinco maravedies de vellón. El elefante falleció cuatro años más tarde, en 1777 y a su muerte, El Conde de Floridablanca ordenó a Pedro Franco Dávila, directos del Real Gabinete de Historia Natural, que fuera disecado. De la labor se encargó el taxidermista Juan Bautista Bru y en la actualidad se encuentra en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, por un lado el esqueleto, y por otr, un ejemplar que se considera el elefante disecado más antiguo en el mundo aprovechando su piel [Nos hemos basado para recordar esta historia en el informe de RTVE, en Jorge de Ordaz en su blog Obiter Dicta, en el escrito publicado en la Revista Goya, Historia de Arta nº 295-296 de Gabriel Sánchez Espinosa , así como la noticia publicada en el Español.]
Aunque sea parte de los acontecimientos que ya en esos tiempos no era muy buenos para Villarta, si hay noticias de la leyenda de de la mujer de Stoppani, Ayundante de Caminos y encargado primero de la construcción del puente ( «los Malecones») que quedó sin terminar sobre el Gigüela. Sin embargo la noticia de un elefante ayudado por un buen séquito , procedente de la Isla de San Fernando, a donde había llegado desde Manila (Filipinas) como regalo para el rey Carlos III, no llegó… pero pasar, pasó el elefante por Villarta de San Juan, por el puente romano. ¡Menuda impresión para los Villarteros ver un elefante por la «colá».. !
José Muñoz Torres, cronista oficial.