Hay dos expresiones, cada vez menos utilizadas, que desde hace mucho tiempo se han utilizado para rectificar algo no muy meditado o incluso, según el tono en que se digan, pueden ser interpretadas como una forma cómoda de pedir perdón aunque últimamente se utilizan para decir lo que se ha dicho y sólo, si alguien se siente ofendido, entonces utilizar una de estas expresiones: «¡Perdón, te interpreté mal, pensé que te referías a otras cosa». La Real Academia de la Lengua, al definir la palabra «penseque», dice: (de la frase pensé que) Error nacido de ligereza, descuido o falta de meditación.) Esta palabra puede equipararse a la utilización que algunos periodistas o historiadores hacían y siguen haciendo de unas frases a modo de: «Fulanico, al hacer tal cosa, pensaba que ….» (Joaquín Camacho, mi suegro, decía con mucha razón: «Y qué saben ellos, lo que fulanico pensaba…»). Pero algunas veces no es que se utilice la expresión «penseque» para tapar algo que se ha dicho como si fuese una ligereza o descuido, si no, simplemente como excusa para tapar algo ofensivo o equívoco que hemos dicho de una persona.
Desde que se empieza a hablar de las nuevas elecciones, vemos a todos nuestros vecinos de distinta manera y no digamos nada, si sabemos que se van a presentar en las elecciones. Sus pasos, sus actuaciones, con independencia del partido del que vayan a formar parte, van a ser analizados, pesados y medidos por el resto del vecindario: “Pues parece buena persona”, “Anda que no tiene valor con todos los problemas que le van a caer encima”, “él verá donde se mete”, “ pues esa chica está siempre dispuesta a echar una mano a quien sea”, “. Pues ….” Y otros comentarios con peores intenciones. El pueblo se va moviendo día a día con noticias que alguien va levantando contra unos u otros. Alguna pintada en la pared de algún corral comienza a sembrar malestar pero en estos pueblos nuestros, la campaña electoral es rápida y como mucho, cuando ya ha terminado el recuento de las papeletas, algunos cohetes anuncian que ya hay ganador; los móviles no dejan de funcionar dando noticias. Bueno ya ha terminado. ¿Seguro? Para los electores su mayor deber está cumplido y hay que dejar bien claro que se trata de un deber ciudadano porque en España, al contrario que en algunos países, el hecho de votar no es obligatorio. Hasta aquí directamente llega la intervención de los que votamos, aunque habría que hablar mucho de todo cuanto deberíamos hacer, que no se trata, solo, de votar cada cuatro años y ya está; pero este es otro cantar y para resolver los problemas tenemos a las autoridades que para eso los votamos. ¡Y nos quedamos tan tranquilicos!
¿Y los candidatos? Algunos han gastado todas sus energías en «echar pestes» de sus adversarios durante la campaña electoral. Bueno, algunos no, casi todos; unos con palabras más fuertes y duras y otros con palabras más suaves pero no menos insultantes, pasan toda la campaña echando en cara lo que los anteriores no han hecho, prometiendo en cambio “el oro y el moro”. [La expresión ‘prometer el oro y el moro’ tiene su origen en un hecho histórico que tuvo lugar durante las guerras de la Reconquista en España. Un grupo de caballeros jerezanos capturó a unos cincuenta moros notables, entre los que se encontraban Abdalá, el alcaide de la ciudad malagueña de Ronda, y su sobrino Hamet. El alcaide logró su rescate mediante el pago de una fuerte suma de dinero, pero los demás cautivos no fueron liberados, a pesar de los requerimientos del rey Juan II de Castilla. Los caballeros exigían una gran cantidad de oro a cambio de la liberación de los prisioneros, lo que llevó al rey a ordenar que Hamet fuese trasladado a la Corte. Sin embargo, la disputa por el rescate llevó a la malicia del pueblo a acuñar la expresión ‘quedarse con el oro y el moro’, aplicada a la aparente intención negociadora del rey. Con el tiempo, esta expresión se ha utilizado para referirse a cualquier promesa exagerada o imposible de cumplir. ALFRED LÓPEZ. Ya está aquí el listo que todo lo sabe. 25 de octubre de 2007.]
Al contrario de lo que ocurre con los electores, para los candidatos elegidos empieza lo más duro. Reuniones para constituir el ayuntamiento, preparar el discurso en el que se empiece a aclarar un poco lo que eran las promesas electorales, elegir quien será el alcalde , si los ganadores no han obtenido mayoría absoluta… En algunos lugares hay que empezar a matizar lo que se dijo en campaña; hay que empezar a buscar los “pensé que…”, los “crei..que” y sobre todo: “en realidad lo que yo quería decir en la campaña electoral, era que…” Pero bueno, el mal trago, si es para bien, se pasa pronto y lo que vayan a decir los electores ya no es un tema preocupante porque durante cuatro años hay tiempo suficiente para que la gente vuelva nuevamente a los quehaceres de su vida diaria, Solo queda un momento importante que merece la pena explicar, la constitución del nuevo ayuntamiento, y dentro de la citada ceremonia unas palabras sobre las que habría mucho que hablar: ¡La toma de posesión ¡. La ley vigente permite dos formas de tomar posesión: una prometiendo el cargo y la otra bajo juramento. «Juro (o prometo) por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de concejal con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado». ¿Prometer o Jurar? El diccionario de la RAE dice a propósito de prometer: “ Obligarse a hacer, decir o dar alguna cosa” y en el caso de Juramento dice: “ Afirmación o negación de una cosa, poniendo por testigo a Dios, o en si mismo o en sus criaturas”. Entre otras muchas cosas o explicaciones de las dos definiciones que nos da el diccionario queda claro que la primera, prometer, es el que promete el que acepta, por sí mismo, hacer cuanto ha dicho y por tanto tiene por testigo a todos cuantos le han oído hacer la promesa, pero fundamentalmente es el quien se compromete en cumplir lo que ha dicho. El juramento tiene una connotación religiosa ; al que jura le puede importar más o menos que haya gente oyendo el juramento ( Casi con toda seguridad sean otras las razones para jurar, pero tampoco es justo que se ponga en duda que el que jura piensa que Dios no va a permitir que falte al juramento realizado) aunque es bien cierto ( el que jura es en razón de unas creencias religiosas) el hecho de que con el juramento ha puesto a Dios por testigo de que va a cumplir todo cuanto ha dicho. Esta es una explicación de andar por casa, porque en realidad ¿como va a saber cuando jura que va a cumplir todo lo que lleva el implícito el acto de juramento?
España ha sido un país de juramentos famosos, incluso juramentos solicitados a alguien para que afirme o niegue, con el juramento por Dios, la veracidad o no de algo. Por ejemplo la Jura de Santa Gadea, leyenda medieval en la que se narra el juramento que el Cid Campeador le exigió, supuestamente, al rey Alfonso VI, a fin de que el rey demostrase que no había tomado parte en el asesinato de su hermano, el rey Sancho II de Castilla, que había sido asesinado durante el cerco de Zamora en el año 1072. Comenzaba así el romance:
En Santa Gadea de Burgos//do juran los hijosdalgo,//allí toma juramento//el Cid al rey castellano,//sobre un cerrojo de hierro//y una ballesta de palo.//Las juras eran tan recias//que al buen rey ponen espanto. //-Villanos te maten, rey,//villanos, que no hidalgos;//abarcas traigan calzadas,//que no zapatos con lazo;//traigan capas aguaderas,//no capuces ni tabardos;//con camisones de estopa,//no de holanda ni labrados;//cabalguen en sendas burras,//que no en mulas ni en caballos,//las riendas traigan de cuerda,//no de cueros fogueados;//mátente por las aradas,//no en camino ni en poblado;//con cuchillos cachicuernos,//no con puñales dorados; …

Jura de Santa Gadea [Fuente: Wikipedia. Cuadro de Marcos Hiráldez Acosta, 1864. Palacio del Senado. Madrid]
Sea cierta o no, esta jura es a posteriori de la muerte del rey Sancho de Castilla. Y la situación del rey Alfonso VI que sabe si participó o no en la muerte de su hermano Sancho, puede ser un caso de jurar en falso bien por razones de estado o por razones personales. La pregunta del Cid al rey Alfonso era directa y clara:
sáquente el corazón vivo,
por el derecho costado,
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.
Si el rey jura que fue consentidor de la muerte de su hermano, pierde su reino y el trono; Uno de los asesores del rey, que sabría a ciencia cierta si era cierto o no lo que preguntaba El Cid al Rey, le dice a este:
—Haced la jura, buen rey,
no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,
ni Papa descomulgado.
En la larga sucesión de formas de tomar posesión de cargos ha sido lo más habitual la forma de jurar el cargo, exceptuando los periodos de régimen republicano en el que por el simple hecho de respetar la libertad de creencias y expresión no se hizo ( Evidentemente no tenemos en cuenta el periodo de la guerra civil). Es por ello que solo nos vamos a referir a algunos casos concretos, como la de la jura que hizo el rey Fernando VII ( Juramento que de acuerdo a las normas de la religión católica era un perjurio pues el rey juro no por convencimiento sino obligado por las circunstancias. El monarca se dirigió a la Nación en el Manifiesto Fernandino o Manifiesto a la Nación de 1820, cuyo contenido incluye la célebre frase «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional». La lectura del documento es muy interesante para ver las reflexiones del rey y cómo justifica su cambio de actitud ante las ideas liberales, que se ve obligado a aceptar por las circunstancias del momento. Decía así el citado manifiesto:
Jura de la Constitución por el rey Fernando VII, el 9 de julio de 1820(Señalamos que se trataba de la Constitución promulgada en Cádiz el 19 de Marzo de 1812 más conocida como La Pepa)
«He oído vuestros votos, y cual tierno Padre he condescendido a lo que mis hijos reputan conducente a su felicidad. He jurado esa Constitución por la cual suspirabais y seré siempre su más firma apoyo. Ya he tomado las medidas oportunas para la propia convocatoria de las Cortes. En ellas, reunido con vuestros Representantes, me gozaré de concurrir a la grande obra de la prosperidad nacional.
Españoles: vuestra gloria es la única que mi corazón ambiciona. Mi alma no apetece sino veros en torno a mi trono unidos, pacíficos y dichosos. Confiad, pues, en vuestro rey, que os habla con la efusión sincera que le inspiran las circunstancias en os halláis y el sentimiento íntimo de los altos deberes que le impuso la Providencia […]. Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional; y mostrando a la Europa un modelo de sabiduría, orden y perfecta moderación en una crisis que en otras naciones ha sido acompañada de lágrimas y desgracias, hagamos admirar y reverenciar el nombre español, al mismo tiempo que labramos por siglos nuestra felicidad y nuestra gloria.».
Aún en el año 1976, el 16 de noviembre, con motivo de la toma de posesión de nuevos procuradores se les tomó juramento a los nuevos Procuradores Para ello el presidente de la Cámara dijo: “Se va a proceder al juramento de señores Procuradores que hoy se integran a esta cámara. Puestos en pie los señores Procuradores y leida por el Señor Presidente la siguiente fórmula : “¿Juráis servir a España con lealtad al Rey, fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino con exacto cumplimiento de las obligaciones del cargo de Procurador en Cortes?” Prestaron juramento los Procuradores “ Y el Señor Presidente les contesto: “Si así lo hiciéreis, Dios os premie, y, si no, os lo demande.”
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Sesión de Cortes Generales durante los primeros años del franquismo. En primer plano jerarquías de la Iglesia Católica.
¿Jurar o prometer? Cada persona que accede a un cargo tiene una responsabilidad en el desempeño de ese cargo y lo va a ratificar cumpliendo las funciones que se le asignen. Pero eso no lo va a conseguir poniendo la mano sobre una Bliblia o sobre el libro de la Constitución, ni tampoco va a conseguirlo por tener un crucifijo delante. Es en el día a día cuando se puede prometer o el que quiera jurar; en el día a día es cuando se puede estar atento a que estás cumpliendo todo aquello para lo que has sido elegido. En el Sermón de la Montaña dijo Jesús a la gente que le oía: “Habéis oído que se dijo a los antepasados: no perjuréis, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. Pues yo os digo que no juréis en modo alguno… sea vuestro lenguaje si, si; no, no”
Porque no se si nos damos cuenta de que los que han sido elegidos juran o prometen por su nombramiento, que es para cuatro años, el día que toman posesión del mismo; es decir juran o prometen por adelantado de que van a cumplir lo que venga, aunque eso, si los que repiten cargo, ¿no recuerdan que juraron o prometieron algo que al cabo de cuatro años aún no han cumplido? Yo, y muchos otros, recuerdan aquel apretón de manos que alguno de nuestros antepasados se daban en señal de que iban a cumplir y alguno lo decía diciendo a todos los que estaban presentes: ¡porque mi palabra va a misa! ¿Y ahora?. Por parte de mi iglesia, en la que nos iniciaron nuestros padres con su poco entender y en la que muchos seguimos se levantan voces de algunos de nuestros pastores que señalan con el dedo a algunos de nuestros hermanos por ser distintos a otros. Parece que a algunos de nuestros pastores se les olvidan los mandamientos y solo recuerdan y amenazan a algunos por el incumplimiento de alguno de ellos. La iglesia, nuestra iglesia, cuando nos enseñó los mandamientos nos decía: Y estos diez mandamientos se encierran en dos: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Me alegro de las palabras del Papa Francisco: La iglesia no tiene puertas. Y quizás nos sirva poco tener un crucifijo ante el que jurar un cargo, sino somos capaces de descolgar de miles de cruces que nos encontramos en nuestra vida a esos pobres hermanos por los que hemos jurado o prometido cumplir nuestras funciones. Otra cosa para terminar, cuando Dios terminó parte de su creación dice la escritura que descansó pero…. ¡Para que todos nosotros la terminásemos!
José Muñoz Torres, cronista municipal