SE HACE CAMINO….por José Muñoz Torres

Cuando comenzamos estos «poyetes», no podíamos pensar cual podía ser el camino más lógico; qué podríamos decir sentados en ese «poyete», en el que la abuela Josefa, aún consigue, al acordarnos de ella, que intentemos expresar ideas claras, aunque no siempre lo hayamos conseguido, ni que a pesar de lo que digamos lo vayamos a conseguir siempre. Queda el consuelo de pensar o tener la idea fija de que nunca hay que abandonar el camino.

Está claro, por otro lado, que habrá que irse acostumbrando a hablar, en nuestro caso, de Villarta de San Juan, así, completo, que hay muchos «villartas», y no es bueno, por abreviar, que demos pie a que alguien atribuya gestos u obras, a uno de ellos cuando en realidad corresponde a otro. Quizás sería bueno que esos «Villartas» que sin saber cómo ni por qué, tienen por suya, parte de la historia de uno de los otros, comenzase a compartir y a estudiar entre ellos su historia para dar a cada uno lo suyo; que no fué culpa de ninguno de ellos esos errores, sino quizás la poca importancia que a todos ellos les daban aquellos que han escrito la historia, la escribimos o la escribirán, sin seguir leyendo un documento que han encontrado en el que se habla de un pueblo sin mucha historia y de un tema de poca importancia en el que no merece la pena «quemarse las cejas», y que de cara a la historia grande, esa que se escribe en grandes libros, en esa historia importante, bastará con que se diga, exclusivamente, Villarta, que ya vendrán los que cuentan la historia de los pueblos poco importantes que descubrirán, muy orgullosos, cual es el verdadero Villarta del que habla la historia. ( Uno de los Villartas, en concreto Villaharta de Córdoba, tuvo la suerte, o la visión de futuro, de mantener su nombre antiguo y ahora muchos archiveros o documentalistas, cuando cae en sus manos un documento en el que se habla de Villaharta, no tienen duda: Villaharta de la provincia de Córdoba, puesto que en la actualidad, hoy por hoy, es el único que existe. Ya hemos dicho muchas veces que hay tres pueblos que, antiguamente, se denominaban como Villaharta. Como decía antes solo uno ha mantenido ese nombre el ya citado Villaharta de la provincia de Córdoba. Los otros dos Villahartas con el tiempo pasaron a denominarse, Villarta de los Montes, en la provincia de Badajoz, y Villarta de San Juan, nuestro pueblo, en la provincia de Ciudad Real, y antes en la provincia de Toledo, que ya en su momento escribimos un «poyete» en el que hablábamos de cuando nosotros los villarteros, los de San Juan, dejamos de llamarnos «bolos», como llaman muchos a los toledanos, sin saber que esa denominación tenían cierta enjundia ).

Conforme voy escribiendo este «poyete», parece como si volviese al principio de todos ellos dando una versión más clara de lo que pretendía al comenzar a escribir los «poyetes». Y es que alguien de fuera que no llegase a conocer a mi abuela Josefa, quizás ha llegado a imaginársela como un pozo de historia que me contaba continuamente en el «poyete». Y no es así. No conocía mucha historia, aunque había vivido y conocido una de las épocas más turbulentas de la historia de España: los últimos estertores de las guerras carlistas, la primera república, las guerras coloniales ( sobre todo la de Cuba), la dictadura de Primo de Rivera, la proclamación de la segunda república, la guerra civil y finalmente la dictadura de Franco. Pero nunca me contó nada de los sufrimientos de su novio (mi abuelo Felix) en la guerra de Cuba o los de su hermano, el Tio Diego ( aunque este tuvo más suerte que le pilló la guerra de Cuba siendo escribiente en ella)…. Pues a pesar de haber vivido tanta y tan trascendental historia, nunca me contó nada de su historia; me contaba la historia sencilla y quizás intrascendente que le había contado su abuela, -la «abuela diablo»-, como la llamaban los franceses cuando arruinaron nuestro pueblo en aquella guerra que ella nunca me dijo que fuese la guerra de la Independencia, sino la guerra «de cuando los franceses». Si, la abuela Josefa solo me contó parte de lo que a ella le contaron, no de lo que vivió que quizás le parecería una historia muy triste y desagradable para contársela a un niño. Pero… ¡que bien me contó lo que a ella le habían contado!.

Ella no sabía leer, ni tenía tiempo, ni necesidad, su tiempo era para ponerlo a disposición de su familia y su necesidad era la de que solo conociera esa historia que a ella le contaron y no la historia que a ella le tocó vivir. Quizás, insconscientemente, lo que si aprendí de ella fuese el intentar contar las cosas sin añadidos, sin tomar parte en lo que unos y otros, de los que hablan de nuestra reciente historia y que cuentan los «inquietos historiadores» de nuestros tiempos con títulos rimbombantes tales como esos que comienzan diciendo: «..lo que no se dijo de..», «..lo que no sabíamos de…» . Quizás esa sea la razón por la que todavia no ha aparecido ningún «poyete» que se titule «Villarta de San Juan. Años 1936 en adelante, a la vista de las actas de los plenos del Ayuntamiento» y que no cabe la menor duda que habrá que empezar a escribir con el convencimiento claro de que muchas de las cosas que en esas actas se acordaron quizás debieron de escribirse de otra forma. Aunque siempre que se pueda habría que añadir que la historia no puede escribirse «de tal contra cual» ni mucho menos escribir como si se supiera el interior de los demás.

Ahora en los tiempos que vivimos se escribe la historia de acuerdo con lo que nosotros pensamos que piensan los protagonistas. En libros muy sesudos o en periodicos de gran prestigio, se lee habitualmente: » según parece lo que en realidad está pensando «fulanico» es la forma de desgastar a su contrario..» y el periodista o escritor de turno se queda tan tranquilo como si él conociese mejor que nadie lo que piensa ese político de turno…. Continuaremos con nuestros «poyetes» pero dejando claro que cualquier cosa de lo que en ellos digamos es porque se ha dicho o porque se ha hecho sin mas explicaciones salvo las que se produzcan como consecuencia de lo que se ha dicho o escrito. Con este fin y teniendo por consejera a la abuela Josefa y a otras personas que por su cercanía, aunque ya no estén con nosotros pero de las que hemos conocido su honradez vital, continuaremos nuestros «poyetes». Gracias a todos.

José Muñoz Torres, Cronista Oficial


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